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| Un acto de intolerancia que atenta contra la convivencia civilizada |
Un rabino fue insultado en la facultad de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos por algunos estudiantes, uno de los cuales lo agredió a los gritos mientras otros hacían el saludo nazi, durante un debate sobre salud reproductiva en Paraná. El hecho -conocido en las últimas horas- resulta especialmente grave por sus propias características y por el ámbito en el que ocurrió.
Un acto de intolerancia y discriminación merece siempre el más enérgico repudio. Pero cuando ocurre en un ámbito universitario resulta más chocante todavía. Se supone que una universidad debe ser, antes que nada, un ámbito en el que el pluralismo y la tolerancia resulten valores inalterables. Hechos tan incalificables como el que aquí se menciona contradicen los valores más elementales de la vida académica.
De acuerdo con la denuncia de una legisladora, el episodio se produjo cuando el rabino participó de una charla sobre ligadura de trompas y vasectomía. Aparentemente, el debate ya había terminado y el público hacía consultas a los panelistas cuando un joven estudiante se levantó de la silla y le gritó al rabino: "Si sos judío tenés que irte del país, porque esta es una nación católica".
La actitud habría sido apoyada por otros jóvenes con aplausos y con el tradicional saludo nazi.
El hecho merece la más enérgica reacción de las autoridades universitarias y de la comunidad en general. No hay nada más grave para una casa de altos estudios que el extremismo ideológico y la más burda y peligrosa intolerancia, en este caso teñida de antisemitismo.
Como se dijo, el hecho de que un episodio así haya ocurrido en una universidad pública es algo que debe preocupar muy especialmente y que merece una cuidadosa atención.
Debe puntualizarse, además, que los autores de este atropello deberían ser denunciados ante la Justicia porque la agresión encierra presuntos delitos.
En materia de salud reproductiva -como en tantas otras- existen, por supuesto, distintas posturas, incluso dentro de cada comunidad religiosa. La universidad debería ser un ámbito de debate civilizado, en el que todas las posiciones puedan ser expuestas.
Con un episodio como el ocurrido en Entre Ríos se lesiona al conjunto de la sociedad y se atenta contra valores esenciales para la convivencia civilizada y democrática.
Cabe esperar que la propia universidad reaccione frente a un exceso evidentemente peligroso y contribuya a neutralizar cualquier germen de intolerancia y racismo dentro de su propio seno.
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