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| Dormir en el hospital para asegurarse un turno |
Cada vez más gente pasa la noche en el Policlínico haciendo cola
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| Johny Guevara duerme, Mario Benitez
espera con la bolsita del desayuno cerca. Los dos pasan la noche
en el hospital cada vez que necesitan un turno (fotos Gonzalo
Mainoldi). |
"Ya es una costumbre tan arraigada que hasta tiene sus códigos propios", dice Mario Benitez (64), desde un duro y angosto asiento de madera del primer piso del hospital San Martín. Son las 3 de la mañana y Benitez -que ya renunció a conciliar el sueño después de probar distintas posiciones, una más incómoda que la otra y ninguna compatible con la sonda que está obligado a llevar- se consuela con la ventaja de estar sentado. Abajo, en la cola, otro de los que esperan consintió en guardarle el lugar por un rato y ese es, precisamente, uno de los códigos que se respetan a rajatabla durante la larga espera. Más tarde a Mario le tocará bajar y quien le cuidó el puesto buscará el reposo en los pisos de arriba o en los escasos asientos de abajo o, quizás en el suelo, donde algunos extienden mantas y duermen esperando la hora en que empiecen a entregar los turnos.
Promedia la madrugada y los asientos de la planta baja están todos ocupados. Allí se balancea en un sueño efímero y para nada cómodo un grupo de personas. Fueron los primeros en llegar, entre las 21 y las 23 del día anterior. Jorge Villanueva es uno de ellos. Viene de Mercedes buscando un turno para traumatología. Hizo un largo viaje primero en tren y después en micro antes de llegar al hospital a las 23 del día anterior: "vengo temprano para asegurarme que me atiendan, porque entregan sólo 25 números", dice.
Como Villanueva, como Benitez, son cada vez más las personas que pasan la noche en el Policlínico esperando uno de los turnos que se entregan para los consultorios externos. Empiezan a llegar al Hospital desde las 21 del día anterior, algunos con lo puesto, otros cargando sus termos y sus mates, libros, mantas y hasta alguna cosa para comer.
Detrás del fenómeno, desde los sindicatos médicos y desde la propia dirección del hospital, se identifica la influencia de varios factores: el crecimiento de la demanda derivada de la pérdida de la cobertura social de amplios sectores de la población y de la reducción en las prestaciones de las mutuales más chicas; la reducción de los planteles médicos porque no se cubrieron en los últimos años los puestos de profesionales que renunciaron, fallecieron o se jubilaron y la aparatología rota, que interrumpe el normal funcionamiento de algunos servicios y que cuando se normaliza, enfrenta la demanda concentrada durante el tiempo en que ese servicio permaneció inactivo.
"En los últimos años la demanda de los hospitales provinciales -que hoy atienden 11.000.000 de consultas anuales más un fuerte subregistro- creció entre un 20 y un 25%. Paralelamente quedaron sin cubrirse muchos puestos médicos, cuando renunciaron, se jubilaron o fallecieron profesionales que no fueron reemplazados", dice Miguel Lascano, secretario general de la CICOP, gremio que nuclea a los profesionales médicos de la Provincia.
A estos factores se suma, dice Lascano, una mala articulación entre unidades sanitarias y hospitales que hace que busquen atención en los grandes centros asistenciales de la zona pacientes que se podrían atender en los centros de salud.
Desde la dirección del hospital, Ricardo Maffei coincide con algunos de estos factores -el crecimiento de la demanda, los profesionales que no fueron reemplazados- y agrega otros. Habla de una distorsión en las plantas profesionales "que actualmente se tratan de adecuar a las nuevas exigencias de la demanda" y de la falta de determinados especialistas en otros hospitales de la provincia que hace que confluyan en el San Martín pacientes de distintos partidos. Y asegura que para resolver el problema de las largas esperas se trabaja en la informatización del sistema de entrega de turnos junto a la facultad de Informática de la Universidad, soluciones que demandarían por lo menos cuatro meses para concretarse.
Mientras tanto, Mario Benitez, que está obligado a ver al urólogo una vez por mes se debate entre la resignación y el desaliento: "venir al médico así es un sacrificio enorme, sobre todo para una persona de edad sin obra social que no cuenta con ninguna otra posibilidad para hacerse atender".
Omar Giménez
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