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Viernes 19 de Noviembre de 2004


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En contrucción
Siete puntos sobre nueve en juego, pero lejos de tener un rendimiento confiable. Así está la Selección Nacional en lo que va del ciclo Pekerman

Siete puntos sobre nueve y la punta de la tabla de las eliminatorias sudamericanas constituyen un botín nada despreciable del embrionario ciclo de José Pekerman al frente de la Selección Argentina de fútbol, pero más allá de los resultados, el entrenador aún no pudo plasmar ese equipo con idiosincrasia nacional y confiable que lo llevó a diferenciarse claramente de Marcelo Bielsa.

Al asumir, Pekerman avisó que no se iba a aferrar a un esquema como lo hacía su antecesor y en los primeros partidos cumplió, pero también prometió tomar su legado y el equipo cambió en sus vértebras de "pe a pa".

Argentina le ganó de arranque por 4 a 2 a Uruguay y, más allá de algunas falencias en el fondo, parecía que la cosmética Pekerman había dado rápidos dividendos. Sin embargo, el empate contra Chile -con el mismo dibujo utilizado frente a Uruguay- y el triunfo con dudas obtenido ante Venezuela, abrieron interrogantes.

SE DEBILITO ATRAS

En las primeras dos fechas, el entrenador modificó la estructura de mitad hacia adelante, al sumar un volante de buen pie y archivar la preferencia por tres puntas, pero frente a Venezuela también quedó de lado el sistema defensivo. A eso le sumó otra rítmica, marcada por Juan Román Riquelme, que le aportó pausa, jerarquía y elegancia al ataque, acompañado en primera instancia por Luis González -en los dos primeros partidos- y este miércoles por Santiago Solari. Y si bien Sorín y Zanetti tienen las mismas libertades para ir y venir, la ubicación de sólo dos centrales parece haber debilitado una defensa que ya hacía agua en el ciclo anterior.

No obstante, y éste tal vez sea un déficit más que un mérito, el equipo ya no presiona en bloque como antes, porque abandonó una virtud de la era Bielsa: la asfixia ofensiva. El resultado se vio claramente contra Venezuela que, afirmado en jugadores voluntariosos, abrió grietas en la última línea, donde, además, hubo rendimientos inferiores a los esperados.

No se puede desconocer el desarrollo de Venezuela, prendida por primera vez en la lucha por una plaza mundialista, pero hay debilidades propias que quedaron en evidencia. La dupla de volantes centrales, que testearon Cambiasso y Mascherano, al menos contra Venezuela no funcionó, y las responsabilidades de marca recortadas para los más habilidosos contribuyeron a resquebrajar un esquema.

AUSENCIAS DE PESO

A esa falencia exhibida ya en los primeros partidos se le sumó en este último la fragilidad del fondo, donde la pareja de zagueros, compuesta por Gonzalo Rodríguez y Gabriel Milito, hizo añorar a otros centrales que no estaban disponibles. Hay que ver si Roberto Ayala -aún no debutó con Pekerman- Walter Samuel, Gabriel Heinze e incluso a Fabricio Coloccini, quien perdió continuidad con su paso al Milan, pueden asimilar mejor esta premisa de volver a defender con cuatro hombres.

El que dio un paso atrás en su intención de afirmarse en el arco de la selección es Roberto Abbondanzieri, quien tuvo una actuación para el olvido y volvió a sembrar dudas sobre su elección, tal como lo había hecho durante la Copa América.

El Pato, de grandes rendimientos en el Boca multicampeón de los últimos años, aún no pudo afirmarse en la valla albiceleste, aunque le queda crédito de cara a Alemania 2006.

Lo cierto es que pasó el fulgor del inicio y, si bien quedaron los resultados y el orgullo de mirar a Brasil desde arriba, Pekerman tiene ahora hasta marzo para levantar el cartelito que indica que el equipo está en construcción.

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