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| Asaltan quinta en la ruta 2 y golpean a dos bolivianos |
Las víctimas tienen 19 años y tuvieron que ser hospitalizadas. Le robaron una camioneta
Dos quinteros bolivianos, de 19 años, sufrieron ayer las consecuencias de la inseguridad, que también se siente -y mucho- en una amplia zona del Gran La Plata.
En horas de la madrugada, cuando presuntamente se encontraban descansando, fueron sorprendidos por dos violentos delincuentes, quienes no dudaron en golpearlos para asegurar el éxito del golpe.
Las víctimas, identificadas como Carmelo Sánchez y Juan Richard Ortega Mamani, tuvieron que ser derivadas a un centro asistencial, a raíz de distintas heridas y politraumatismos.
Todo comenzó alrededor de la una y media de la madrugada en una quinta ubicada sobre la ruta 2, a la altura del kilómetro 44,500.
En ese lugar, en circunstancias que investigan agentes de la comisaría séptima de nuestra ciudad, los jóvenes cayeron en poder de los asaltantes, quienes, previo quitarles un celular y las llaves de una camioneta, los sometieron a una golpiza.
Los voceros consultados explicaron que, una vez que comprobaron que Sánchez y Ortega Mamani ya no iban a interponerse en su camino, los ladrones decidieron abandonarlos y huyeron en el rodado que encontraron en la finca, marca Ford F-100, doble cabina.
Los jóvenes, poco después, tuvieron que ser conducidos en una ambulancia al hospital de Melchor Romero, donde les brindaron las primeras curaciones y les dieron el alta médica.
El hecho, caratulado "robo calificado y lesiones", es investigado por el titular de la UFI Nº 9 de Autores Ignorados, Alejandro Villordo, con conocimiento del juez de garantías, Guillermo Federico Atencio.
Como se sabe, los ataques a quinteros bolivianos o comunidades agrícolas no son nuevos en La Plata. Tan es así que siempre se ha sospechado que las bandas armadas que pululan por toda la periferia, cuyos integrantes generalmente se cubren los rostros con capuchas, poseen armas largas y se manejan con una sincronización digna de profesionales, aprovechan que las víctimas, por lo general, viven en fincas alejadas de los centros urbanos y es muy difícil que alguien se percate de su presencia.
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