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Por EDUARDO
GIORELLO
"3340"
(con humos de cabaret). Coordinación artística y ambientación: Juan
Parodi. Luces: Mariano Rugiero. Intérpretes: Mónica Cabrera, Noralih
Gago, Laura Silva, Gustavo Monje, Pablo Palavecino, Natalia Villanueva
y Silvit Yori. Los miércoles a las 21, en "Anfitrión" (Venezuela
3340. Almagro).
Irresistiblemente
glamoroso, el espacio que propone el Teatro Anfitrión a sus espectadores
de los miércoles es sensiblemente distinto al de otras ocasiones.
Hay que golpear una pequeña puerta lateral ornamentada con tules
rojos hasta ser atendido por un grupo de anfitrionas (naturalmente
hijas de Anfitrión) que introducen al que llega a un universo de
cabaret. Los rojos continúan en las lámparas y en los otros tules
diseminados por el local mientras a modo de cortinas divisorias
penden tiras de fotogramas de películas. Un gran espejo como mayor
elemento decorativo y una pequeña tarima completan el cuadrado irregular
donde van a transcurrir las dos horas siguientes. Lo que sigue,
más allá de la atmósfera enrarecida de los cabarets que se percibe
desde la entrada al ámbito, está estructurado en dos partes y una
serie de "sets" a cargo de un elenco tan efectivo como original.
Juan Parodi (que en el mismo teatro había dirigido una brillante
reflexión sobre la mujer que se llamó "Solita para todo") dispone
como en una caja china las distintas secuencias que están enhebradas
por una actriz que según sus propias declaraciones viene de extensas
giras por el mundo y se reencuentra con el público argentino ("De
acá no me voy más" exclama en un momento). Su refinamiento a veces
bastante forzado, su elegancia algo "retro" y su lenguaje Kitsch
enlaza los varios números que no tienen conexión entre sí pero que
hacen a la estética del cabaret (del '50?). Excelente performance
de Noralih Gago que maneja el difícil arte de entretener con casi
nada a los espectadores expectantes. Sucesivas presencias de esta
"Diva" autóctona (declara en algún momento haber filmado un trabajo
junto a Libertad Leblanc) en el estrado sirven tanto para llamar
a los demás celebrantes como para cerrar la cabalgata, que no tiene
puntos muertos y sí una dinámica con mucho swing, responsabilidad
seguramente de Parodi en la conformación del tiempo del espectáculo.
Mónica Cabrera, con su peculiar estilo para los
monólogos realiza dos entradas regocijantes en su cáustico humor,
donde desliza tanto ciertas críticas a nuestra historia gaucha como
a la profesión de una suerte de señora Warren, una prostituta con
estilo y familia que amar y mantener. Silvit Yori juega con la gordura
y la fealdad en un diálogo atrevido con los espectadores, Natalia
Villanueva baila con una muñeca atada a sus zapatos, Pablo Palavecino
entra dos veces con su imagen digna del psicoanálisis y Laura Silva
junto a Gustavo Monje airean el espacio con sus canciones y evocaciones
de musicales de Hollywood, ambos con excelentes condiciones vocales
e histriónicas, completando el staff de "3340" (con humos de cabaret).
Teresa Murias, Make Casares y Desiré Salgueiro aportan su simpatía
y buena disposición para las tareas de acompañar y servir sumándose
al humor efervescente de todo el show, que Noralih Gago clausura
casi arrodillada frente a los espectadores con un "Vuelvan, los
espero, los amo". Si no lo dice textualmente, lo insinúa.
Si va una vez, seguramente seguirá el consejo de quien sabe más
por diva que por otra cosa.
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