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7 de Marzo de 2005


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En el "3340" habita un universo de glamour.

Por EDUARDO GIORELLO

"3340" (con humos de cabaret). Coordinación artística y ambientación: Juan Parodi. Luces: Mariano Rugiero. Intérpretes: Mónica Cabrera, Noralih Gago, Laura Silva, Gustavo Monje, Pablo Palavecino, Natalia Villanueva y Silvit Yori. Los miércoles a las 21, en "Anfitrión" (Venezuela 3340. Almagro).

Irresistiblemente glamoroso, el espacio que propone el Teatro Anfitrión a sus espectadores de los miércoles es sensiblemente distinto al de otras ocasiones. Hay que golpear una pequeña puerta lateral ornamentada con tules rojos hasta ser atendido por un grupo de anfitrionas (naturalmente hijas de Anfitrión) que introducen al que llega a un universo de cabaret. Los rojos continúan en las lámparas y en los otros tules diseminados por el local mientras a modo de cortinas divisorias penden tiras de fotogramas de películas. Un gran espejo como mayor elemento decorativo y una pequeña tarima completan el cuadrado irregular donde van a transcurrir las dos horas siguientes. Lo que sigue, más allá de la atmósfera enrarecida de los cabarets que se percibe desde la entrada al ámbito, está estructurado en dos partes y una serie de "sets" a cargo de un elenco tan efectivo como original. Juan Parodi (que en el mismo teatro había dirigido una brillante reflexión sobre la mujer que se llamó "Solita para todo") dispone como en una caja china las distintas secuencias que están enhebradas por una actriz que según sus propias declaraciones viene de extensas giras por el mundo y se reencuentra con el público argentino ("De acá no me voy más" exclama en un momento). Su refinamiento a veces bastante forzado, su elegancia algo "retro" y su lenguaje Kitsch enlaza los varios números que no tienen conexión entre sí pero que hacen a la estética del cabaret (del '50?). Excelente performance de Noralih Gago que maneja el difícil arte de entretener con casi nada a los espectadores expectantes. Sucesivas presencias de esta "Diva" autóctona (declara en algún momento haber filmado un trabajo junto a Libertad Leblanc) en el estrado sirven tanto para llamar a los demás celebrantes como para cerrar la cabalgata, que no tiene puntos muertos y sí una dinámica con mucho swing, responsabilidad seguramente de Parodi en la conformación del tiempo del espectáculo.

Mónica Cabrera, con su peculiar estilo para los monólogos realiza dos entradas regocijantes en su cáustico humor, donde desliza tanto ciertas críticas a nuestra historia gaucha como a la profesión de una suerte de señora Warren, una prostituta con estilo y familia que amar y mantener. Silvit Yori juega con la gordura y la fealdad en un diálogo atrevido con los espectadores, Natalia Villanueva baila con una muñeca atada a sus zapatos, Pablo Palavecino entra dos veces con su imagen digna del psicoanálisis y Laura Silva junto a Gustavo Monje airean el espacio con sus canciones y evocaciones de musicales de Hollywood, ambos con excelentes condiciones vocales e histriónicas, completando el staff de "3340" (con humos de cabaret).
Teresa Murias, Make Casares y Desiré Salgueiro aportan su simpatía y buena disposición para las tareas de acompañar y servir sumándose al humor efervescente de todo el show, que Noralih Gago clausura casi arrodillada frente a los espectadores con un "Vuelvan, los espero, los amo". Si no lo dice textualmente, lo insinúa.
Si va una vez, seguramente seguirá el consejo de quien sabe más por diva que por otra cosa.

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