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| Una sit com con aires criollos |
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Palabra antipática pero la más usual en la Argentina cuando se habla del empleador de personal doméstico, "patrón" ha sido reemplazada por la más suave "jefe" en el título de la comedia de situaciones "¿Quién es el jefe?", que con Gianella Neyra y Nicolás Vázquez en los estelares estrenó el lunes Telefé para mantenerla de lunes a viernes en el horario de las ocho menos 10.
Así como la concluida "La niñera" y la actualmente en pantalla "Casados con hijos", "¿Quién es el jefe?" resulta otra transcripción de exitosas "sit com" (comedias de situaciones) de la TV estadounidense a ambientes argentinos e idioma castellano, una política que parece entusiasmar cada vez más al canal de las pelotitas.
En este caso, "¿Quién es el jefe?" se anuncia como la versión criolla -escrita por Sebastián Rotstein y Alberto Rojas Apel- de "Who's the Boss?" ("boss" puede traducirse en inglés como "patrón" o "jefe" ), creación de Blake Hunter y Martin Cohan que con Tony Danza, Judith Light, Katherine Hellmond, Alyssa Milano y Danny Pintauro permaneció en el aire entre las temporadas 1984 y 1992.
LA TRAMA
Con leves diferencias, el punto de partida sigue siendo básicamente el mismo: un hombre joven, viudo, desocupado y con una hijita (Vázquez) logra que lo emplee para la tarea doméstica en su casona de suburbios una joven ejecutiva, divorciada y con un hijito (Neyra), aunque en verdad ella buscaba a una mujer para tal cargo.
El tema principal a lo largo de la estancia de "Who's the Boss?"
en pantalla era, se comenta, la relación entre patrona y mucamo,
que de ciertas tempranas rispideces evolucionaba hasta un amor mutuo
y no confesado por ambos durante largo tiempo, lo que lo convirtió
en uno de los enamoramientos más largos -nueve años- en la historia
de la "sit com".
Aunque el título del ciclo hace hincapié en el vínculo laboral, cabe suponer -por lo visto ayer en el capítulo inaugural- que, como en otros productos por el estilo, y seguramente como en el original, las situaciones argumentales se deslizarán por la vertiente del humor, el equívoco y el afecto y no incursionarán en los conflictos, a veces gravísimos, que estallan inevitablemente en toda relación de ese tipo.
Por supuesto, esa deliberada pasteurización -camuflada con los colores de la simpatía y la ternura- de un acuerdo por dinero a cambio de trabajo y con jerarquías bien precisas como es el del servicio doméstico, tiñe de una dulce irrealidad el asunto, lo enfila hacia los dominios de un absurdo módico.
Aunque algunas referencias proclaman lo "argentino" de los personajes (como la camiseta de River Plate que viste Vázquez), suenan -hasta ahora- como mera traducción del libreto original la mayor parte de los chistes, disparados, por otro lado, a esa velocidad de uno cada 10 segundos que sería la premisa de los guionistas estadounidenses.
Mientras Carmen Barbieri -la madre de Neyra en la ficción- acude para su personaje a tonos de "comedia brillante" teatral, Vázquez, en su gesticulación, luce como más comprensivo de los mecanismos de la "sit com" que la peruana Neyra, insufrible en su actuación de grititos y rostros desencajados, lindante con la histeria.
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