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Cancelaciones, demoras, hacinamiento e incomodidad
son algunas de los problemas que viven a diario los platenses que
utilizan el servicio ferroviario que une a nuestra ciudad con la
capital. En 1994 en el ramal viajaban 800.000 pasajeros por mes.
Actualmente -y crisis mediante- son más de 1.500.000. Se quejan
sobre todo de las largas esperas y de la falta de seguridad e higiene
de trenes que tienen un promedio de 40 años de antigüedad y hacen
entre 13 y 17 viajes diarios. Describen también situaciones grotescas
como las que se viven cuando llueve y por la falta de vidrios los
asientos quedan inutilizables y se ven obligados a viajar amontonados
en los pasillos. El choque de dos formaciones sucedido en Sarandí,
que esta semana dejó un saldo de 1 muerto y más de 60 heridos, devuelve
al centro de la escena a las deficiencias de un servicio fuertemente
cuestionado por sus usuarios.
La noticia es la misma para todos, pero las reacciones son distintas.
Los altavoces de la estación Constitución acaban de anunciar que
el servicio a La Plata de las 16,20 ha sido cancelado y que los
pasajeros que tenían ese destino pueden tomar otro tren hasta Quilmes
y allí esperar otra formación y hacer trasbordo hasta La Plata.
El cincuentón de traje y portafolios tiene el gesto hosco, maldice
y después se pierde en la multitud. El hombre de la campera marrón,
que no escuchó bien, se acerca al mostrador de Informes con naturalidad.
Pregunta con sorna "¿Cuál cancelaron hoy?" y cuando le explican
la situación se ríe sarcástico: "y bueno", dice, "perderé más tiempo,
pero voy a ver un paisaje distinto y con suerte voy a conocer a
alguna azafata nueva que esté buena".
La escena transcurre en el hall central de Constitución. Es jueves
a la tarde y todavía está fresco en la memoria de los usuarios el
accidente ocurrido en Sarandí, que costó la vida a una persona y
heridas a otras 60. Un accidente del que actualmente se investigan
las causas (se presume que se debió a un error humano), pero que
devolvió al centro de la escena a un servicio fuertemente criticado
por sus usuarios que le cuestionan la falta de puntualidad, la inseguridad,
la incomodidad y la escasez de higiene. Sobre todo porque fue el
segundo accidente en pocos días: a principios de abril, una formación
descarrilada se llevó por delante una caseta de señales en la estación
La Plata resintiendo sensiblemente el servicio.
En el mostrador de informes explican a los que se van acercando
para averiguar por el servicio a La Plata que una persona se descompuso
en una formación que venía desde nuestra ciudad a Constitución,
que fue necesario llamar a una ambulancia, que la ambulancia demoró
42 minutos, que durante ese tiempo no hay más remedio que tener
el tren parado y que eso resintió el cronograma de servicios.
Una noticia que pese a su singularidad no sorprende a los usuarios,
que se dicen acostumbrados a demoras y cancelaciones, sea cual fuere
el motivo. Sobre todo después del accidente en la cabina de señales
de La Plata. A raíz de ese hecho se eliminaron los 10 rápidos diarios
que unían La Plata con capital. Y se hicieron más comunes cancelaciones
y retrasos.
Así lo indican voceros de la empresa TMR, concesionarios del servicio,
que sostienen que demandará alrededor de un mes y medio resolver
completamente el problema, pero que agregan que en el curso de esta
semana se repondrán todas las frecuencias eliminadas. Aunque los
rápidos ya no serán rápidos, sino servicios comunes.
El reclamo de los usuarios, en tanto, va mucho más allá de una cuestión
coyuntural. Se quejan de las esperas y de los trenes cancelados
que, dicen, son una constante del servicio. Pero también afirman
que viajan con miedo, que los trenes son inseguros e incómodos.
Y que los problemas de higiene en los vagones se observan a simple
vista.
Así lo afirmaron los pasajeros consultados por un equipo de este
diario que hizo esta semana el trayecto La Plata-Constitución para
conocer la opinión de los pasajeros sobre el servicio.
Y en el balance de esos pasajeros salen a relucir otros bemoles.
Por ejemplo el atraso en el viaje propiamente dicho, que se suma
a las demoras de la espera. Los voceros de la empresa afirman que
el trayecto Constitución-La Plata se completa en una hora con 20
minutos. Los pasajeros consultados dicen que eso nunca se cumple.
Y que el tiempo promedio de un viaje es de dos horas.
A pesar de las quejas, los usuarios reconocen a su vez que para
la mayoría de ellos el tren representa el único transporte posible
para ir a trabajar (su costo es sensiblemente inferior al de otros
recursos), mientras reclaman mejoras en un servicio brindado por
vagones y locomotoras de cuarenta años de antigüedad promedio que
hacen entre 13 y 17 viajes diarios, según los datos que maneja TMR.
"Viajar en tren en la Argentina es un suplicio. Pero hacerlo en
el ramal Buenos Aires-La Plata es lo peor", opina Sandra Lezcano,
una estudiante que utiliza el servicio entre Constitución y Hudson
todos los días y dice haber sufrido hasta 40 minutos de demora mientras
esperaba el tren.
SITUACIONES GROTESCAS
Los pasajeros describen a su vez situaciones grotescas a las que
viven con naturalidad, acostumbrados. Como la que relata Erica Gutiérrez,
una estudiante de Ezpeleta que viaja todos los días a La Plata,
a cursar en la Facultad de Arquitectura: "como faltan ventanas en
los vagones y otras están rotas, cuando llueve se mojan los asientos
y ya nadie puede sentarse. Entonces terminamos todos amontonados
en el pasillo. El asiento, que era para comodidad del pasajero,
termina siendo un estorbo que ocupa casi todo el espacio".
Nazareno Vázquez es metalúrgico y viaja apretado en una estrecha
franja, al final de un vagón, junto a otras personas y seis bicicletas.
Viaja así casi todos los días, dice, porque es muy frecuente que
los trenes a los que sube no tengan furgón, aún cuando la misma
empresa reconoce que el número de bicicletas creció un 60% a bordo
de las formaciones en los últimos años. Para Nazareno, como para
Erica, la costumbre terminó por quitarle lo llamativo a la situación.
"Uno de cada tres trenes tienen furgón y no podemos darnos el lujo
de andar eligiendo. Menos, cuando es muy común que se cancelen trenes
o que lleguen hasta con media hora de retraso", dice Nazareno.
A Robin Payne, un veterinario platense que consiguió trabajo en
Bernal y que se traslada diariamente en tren hasta esa localidad
del Gran Buenos Aires, también le preocupa la seguridad. "Alguna
vez bajé y desde el tren me tiraron piedrazos. En esos casos uno
no sabe cómo reaccionar, porque se siente desprotegido y viaja con
miedo", dice.
Payne tiene otra inquietud. Y es el estado de la estación de La
Plata donde todos los días espera el tren para ir a su trabajo:
"la sensación es que se cae a pedazos y a mi que soy platense y
alguna vez la vi en buen estado me da pena esa situación".
Para Nazareno Vázquez resultan especialmente preocupantes las demoras
y cancelaciones. "Yo soy metalúrgico, trabajo en una fábrica y no
me reconocen las llegadas tarde por el tren. Sobre todo porque la
empresa no se hace responsable de esa situación, no emite certificados
ni aún en el caso de trenes cancelados y sólo devuelve el importe
del boleto. Y yo con tres pesos no puedo justificar mi demora y
conservar mi trabajo".
"Cuando no es por un desperfecto de una máquina es porque hubo un
accidente en algún tramo de la vía. Pero las demoras son cosas de
todos los días. A mí, particularmente me afectan, porque ya he perdido
premios en mi trabajo por llegar tarde", dice por su parte Pablo
Santobuono, un empleado de Hudson que utiliza diariamente el servicio.
QUEJA POR QUEJA
Demoras y cancelaciones. Inseguridad. Higiene. Ese es el orden de
las quejas que recibe de parte de los usuarios la empresa prestataria
del servicio, según indica Juan Pablo Thiwissen, uno de sus voceros.
Y para cada una de ellas ensaya una respuesta.
Afirman, por caso, que el problema de las demoras y cancelaciones
se acentuó después del 7 de abril, día en que una formación que
descarriló en La Plata destruyó una cabina de señales. Eso dejó
fuera de servicio a algunos andenes de La Plata y motivó que se
interrumpiera el servicio de rápidos. El mismo problema generó que
muchas formaciones "duerman" en estaciones intermedias, con el consiguiente
impacto en los cronogramas.
Pero también los accidentes y los desperfectos motivan a veces retrasos,
admiten en la empresa, donde aseguran que el problema de la cabina
de señalizaciones se resolverá en alrededor de un mes y medio y
que a partir de esta semana se repondrán diez servicios que se habían
eliminado a raíz de la emergencia, aunque ya no serán los rápidos
que eran, sino servicios comunes.
Con relación al estado de coches y locomotoras, la empresa habla
de fuertes tareas de mantenimiento y limpieza que no alcanzan para
contrarrestar el efecto del vandalismo en los trenes. Ese que hace
que cada día deban repararse en los talleres de Remedios de Escalada
entre 20 y 30 vidrios y entre 40 y 50 tapizados.
También destacan que la concesión no obliga a la empresa a renovar
el material rodante, sino a mantenerlo hasta el 2014, al igual que
el tendido de las vías.
La seguridad es otro punto en el que se reconoce que el servicio
es deficitario, pero se afirma que esto sucede porque escapa a las
facultades del concesionario.
"La ley prevé que los trenes son jurisdicción de la Policía Federal
y el personal de control de la empresa sólo puede controlar pasajes
y que no haya gente sentada en los estribos o sacando los brazos
por las ventanillas", dice Thiwissen.
Sin embargo, el cupo de policías previsto por la normativa vigente
(dos por cada tren) no siempre se cumple, porque se maneja a través
de horas adicionales voluntarias del personal policial para las
que no siempre hay postulantes.
"Según los datos que maneja el Departamento de Fiscalización de
Seguridad de la empresa, los días de semana sólo se cumple con la
presencia policial establecida en entre el 65 y el 80% de las formaciones.
Ese porcentaje baja al 50% los días de semana", se afirma.
Mientras tanto, Alejandra, una pasajera que viaja de Buenos Aires
a La Plata y que prefirió mantener su nombre en reserva también
adquirió un hábito insoslayable para sus viajes en tren: se saca
cadenas, anillos y pulseras siempre antes de subir.
Es que para Alejandra, como para tantos otros, el tren es el único
medio accesible para hacer diariamente el viaje a Buenos Aires.
La ida y la vuelta le sale tres pesos -merced a dos subsidios del
estado, uno que permite el acceso a un precio diferencial del gasoil
y otro establecido en 2001 que permitió mantener el precio del boleto
sin aumentos después de la devaluación- y eso le permite ahorrar
algo de dinero en el viaje. Aunque ya haya aprendido que las horas
más conflictivas en materia de horarios son las de la mañana. Y
que, para ella, es preferible no viajar de noche.
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