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Domingo 24 de Abril de 2005


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Expreso penuria

Cancelaciones, demoras, hacinamiento e incomodidad son algunas de los problemas que viven a diario los platenses que utilizan el servicio ferroviario que une a nuestra ciudad con la capital. En 1994 en el ramal viajaban 800.000 pasajeros por mes. Actualmente -y crisis mediante- son más de 1.500.000. Se quejan sobre todo de las largas esperas y de la falta de seguridad e higiene de trenes que tienen un promedio de 40 años de antigüedad y hacen entre 13 y 17 viajes diarios. Describen también situaciones grotescas como las que se viven cuando llueve y por la falta de vidrios los asientos quedan inutilizables y se ven obligados a viajar amontonados en los pasillos. El choque de dos formaciones sucedido en Sarandí, que esta semana dejó un saldo de 1 muerto y más de 60 heridos, devuelve al centro de la escena a las deficiencias de un servicio fuertemente cuestionado por sus usuarios.

La noticia es la misma para todos, pero las reacciones son distintas. Los altavoces de la estación Constitución acaban de anunciar que el servicio a La Plata de las 16,20 ha sido cancelado y que los pasajeros que tenían ese destino pueden tomar otro tren hasta Quilmes y allí esperar otra formación y hacer trasbordo hasta La Plata. El cincuentón de traje y portafolios tiene el gesto hosco, maldice y después se pierde en la multitud. El hombre de la campera marrón, que no escuchó bien, se acerca al mostrador de Informes con naturalidad. Pregunta con sorna "¿Cuál cancelaron hoy?" y cuando le explican la situación se ríe sarcástico: "y bueno", dice, "perderé más tiempo, pero voy a ver un paisaje distinto y con suerte voy a conocer a alguna azafata nueva que esté buena".

La escena transcurre en el hall central de Constitución. Es jueves a la tarde y todavía está fresco en la memoria de los usuarios el accidente ocurrido en Sarandí, que costó la vida a una persona y heridas a otras 60. Un accidente del que actualmente se investigan las causas (se presume que se debió a un error humano), pero que devolvió al centro de la escena a un servicio fuertemente criticado por sus usuarios que le cuestionan la falta de puntualidad, la inseguridad, la incomodidad y la escasez de higiene. Sobre todo porque fue el segundo accidente en pocos días: a principios de abril, una formación descarrilada se llevó por delante una caseta de señales en la estación La Plata resintiendo sensiblemente el servicio.

En el mostrador de informes explican a los que se van acercando para averiguar por el servicio a La Plata que una persona se descompuso en una formación que venía desde nuestra ciudad a Constitución, que fue necesario llamar a una ambulancia, que la ambulancia demoró 42 minutos, que durante ese tiempo no hay más remedio que tener el tren parado y que eso resintió el cronograma de servicios.

Una noticia que pese a su singularidad no sorprende a los usuarios, que se dicen acostumbrados a demoras y cancelaciones, sea cual fuere el motivo. Sobre todo después del accidente en la cabina de señales de La Plata. A raíz de ese hecho se eliminaron los 10 rápidos diarios que unían La Plata con capital. Y se hicieron más comunes cancelaciones y retrasos.

Así lo indican voceros de la empresa TMR, concesionarios del servicio, que sostienen que demandará alrededor de un mes y medio resolver completamente el problema, pero que agregan que en el curso de esta semana se repondrán todas las frecuencias eliminadas. Aunque los rápidos ya no serán rápidos, sino servicios comunes.

El reclamo de los usuarios, en tanto, va mucho más allá de una cuestión coyuntural. Se quejan de las esperas y de los trenes cancelados que, dicen, son una constante del servicio. Pero también afirman que viajan con miedo, que los trenes son inseguros e incómodos. Y que los problemas de higiene en los vagones se observan a simple vista.

Así lo afirmaron los pasajeros consultados por un equipo de este diario que hizo esta semana el trayecto La Plata-Constitución para conocer la opinión de los pasajeros sobre el servicio.

Y en el balance de esos pasajeros salen a relucir otros bemoles. Por ejemplo el atraso en el viaje propiamente dicho, que se suma a las demoras de la espera. Los voceros de la empresa afirman que el trayecto Constitución-La Plata se completa en una hora con 20 minutos. Los pasajeros consultados dicen que eso nunca se cumple. Y que el tiempo promedio de un viaje es de dos horas.

A pesar de las quejas, los usuarios reconocen a su vez que para la mayoría de ellos el tren representa el único transporte posible para ir a trabajar (su costo es sensiblemente inferior al de otros recursos), mientras reclaman mejoras en un servicio brindado por vagones y locomotoras de cuarenta años de antigüedad promedio que hacen entre 13 y 17 viajes diarios, según los datos que maneja TMR.

"Viajar en tren en la Argentina es un suplicio. Pero hacerlo en el ramal Buenos Aires-La Plata es lo peor", opina Sandra Lezcano, una estudiante que utiliza el servicio entre Constitución y Hudson todos los días y dice haber sufrido hasta 40 minutos de demora mientras esperaba el tren.

SITUACIONES GROTESCAS

Los pasajeros describen a su vez situaciones grotescas a las que viven con naturalidad, acostumbrados. Como la que relata Erica Gutiérrez, una estudiante de Ezpeleta que viaja todos los días a La Plata, a cursar en la Facultad de Arquitectura: "como faltan ventanas en los vagones y otras están rotas, cuando llueve se mojan los asientos y ya nadie puede sentarse. Entonces terminamos todos amontonados en el pasillo. El asiento, que era para comodidad del pasajero, termina siendo un estorbo que ocupa casi todo el espacio".

Nazareno Vázquez es metalúrgico y viaja apretado en una estrecha franja, al final de un vagón, junto a otras personas y seis bicicletas. Viaja así casi todos los días, dice, porque es muy frecuente que los trenes a los que sube no tengan furgón, aún cuando la misma empresa reconoce que el número de bicicletas creció un 60% a bordo de las formaciones en los últimos años. Para Nazareno, como para Erica, la costumbre terminó por quitarle lo llamativo a la situación. "Uno de cada tres trenes tienen furgón y no podemos darnos el lujo de andar eligiendo. Menos, cuando es muy común que se cancelen trenes o que lleguen hasta con media hora de retraso", dice Nazareno.

A Robin Payne, un veterinario platense que consiguió trabajo en Bernal y que se traslada diariamente en tren hasta esa localidad del Gran Buenos Aires, también le preocupa la seguridad. "Alguna vez bajé y desde el tren me tiraron piedrazos. En esos casos uno no sabe cómo reaccionar, porque se siente desprotegido y viaja con miedo", dice.

Payne tiene otra inquietud. Y es el estado de la estación de La Plata donde todos los días espera el tren para ir a su trabajo: "la sensación es que se cae a pedazos y a mi que soy platense y alguna vez la vi en buen estado me da pena esa situación".

Para Nazareno Vázquez resultan especialmente preocupantes las demoras y cancelaciones. "Yo soy metalúrgico, trabajo en una fábrica y no me reconocen las llegadas tarde por el tren. Sobre todo porque la empresa no se hace responsable de esa situación, no emite certificados ni aún en el caso de trenes cancelados y sólo devuelve el importe del boleto. Y yo con tres pesos no puedo justificar mi demora y conservar mi trabajo".

"Cuando no es por un desperfecto de una máquina es porque hubo un accidente en algún tramo de la vía. Pero las demoras son cosas de todos los días. A mí, particularmente me afectan, porque ya he perdido premios en mi trabajo por llegar tarde", dice por su parte Pablo Santobuono, un empleado de Hudson que utiliza diariamente el servicio.

QUEJA POR QUEJA

Demoras y cancelaciones. Inseguridad. Higiene. Ese es el orden de las quejas que recibe de parte de los usuarios la empresa prestataria del servicio, según indica Juan Pablo Thiwissen, uno de sus voceros. Y para cada una de ellas ensaya una respuesta.

Afirman, por caso, que el problema de las demoras y cancelaciones se acentuó después del 7 de abril, día en que una formación que descarriló en La Plata destruyó una cabina de señales. Eso dejó fuera de servicio a algunos andenes de La Plata y motivó que se interrumpiera el servicio de rápidos. El mismo problema generó que muchas formaciones "duerman" en estaciones intermedias, con el consiguiente impacto en los cronogramas.

Pero también los accidentes y los desperfectos motivan a veces retrasos, admiten en la empresa, donde aseguran que el problema de la cabina de señalizaciones se resolverá en alrededor de un mes y medio y que a partir de esta semana se repondrán diez servicios que se habían eliminado a raíz de la emergencia, aunque ya no serán los rápidos que eran, sino servicios comunes.

Con relación al estado de coches y locomotoras, la empresa habla de fuertes tareas de mantenimiento y limpieza que no alcanzan para contrarrestar el efecto del vandalismo en los trenes. Ese que hace que cada día deban repararse en los talleres de Remedios de Escalada entre 20 y 30 vidrios y entre 40 y 50 tapizados.

También destacan que la concesión no obliga a la empresa a renovar el material rodante, sino a mantenerlo hasta el 2014, al igual que el tendido de las vías.

La seguridad es otro punto en el que se reconoce que el servicio es deficitario, pero se afirma que esto sucede porque escapa a las facultades del concesionario.

"La ley prevé que los trenes son jurisdicción de la Policía Federal y el personal de control de la empresa sólo puede controlar pasajes y que no haya gente sentada en los estribos o sacando los brazos por las ventanillas", dice Thiwissen.

Sin embargo, el cupo de policías previsto por la normativa vigente (dos por cada tren) no siempre se cumple, porque se maneja a través de horas adicionales voluntarias del personal policial para las que no siempre hay postulantes.

"Según los datos que maneja el Departamento de Fiscalización de Seguridad de la empresa, los días de semana sólo se cumple con la presencia policial establecida en entre el 65 y el 80% de las formaciones. Ese porcentaje baja al 50% los días de semana", se afirma.

Mientras tanto, Alejandra, una pasajera que viaja de Buenos Aires a La Plata y que prefirió mantener su nombre en reserva también adquirió un hábito insoslayable para sus viajes en tren: se saca cadenas, anillos y pulseras siempre antes de subir.

Es que para Alejandra, como para tantos otros, el tren es el único medio accesible para hacer diariamente el viaje a Buenos Aires. La ida y la vuelta le sale tres pesos -merced a dos subsidios del estado, uno que permite el acceso a un precio diferencial del gasoil y otro establecido en 2001 que permitió mantener el precio del boleto sin aumentos después de la devaluación- y eso le permite ahorrar algo de dinero en el viaje. Aunque ya haya aprendido que las horas más conflictivas en materia de horarios son las de la mañana. Y que, para ella, es preferible no viajar de noche.

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