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Su fallecimiento
Profundo dolor causó en diversos ámbitos de la comunidad platense
la muerte de Omar Alberto Balboa. Tenía 59 años y había hecho de la
amistad y su familia un culto, que practicó con una entrega total
hasta el último momento.
"Rata" Balboa, como lo conocían muchísimos platenses, nació en nuestra
ciudad el 13 de diciembre de 1945, en el barrio de Plaza España en
donde compartió con innumerables amigos jornadas de fútbol, siendo
hincha entusiasta de River. Estudió en el Nacional, egresando de 5º
3º en 1963 en donde forjó auténticas amistades que perduraron en el
tiempo.
Se recibió de abogado en la facultad de Derecho de la UNLP, de donde
egresó el 10 de junio de 1969. Ese mismo año ingresó al Poder Judicial
donde permaneció hasta 1974, retirándoe como fiscal en lo Civil, Comercial
y penal en el Departamento Judicial de Lomas de Zamora.
Trabajó en su estudio desde donde desarrolló sus actividades desde
la práctica y la intuición, con inquietud, apasionamiento y espíritu
emprendedor, alternando su actividad profesional con tareas ejecutivas
en la Dirección General de Escuelas de la Provincia, organismo en
el cual ocupó el cargo de subsecretario administrativo, y de asesoramiento
en el Poder Legislativo, tanto en la cámara de Diputados como en el
Senado.
En la cátedra llegó a ser profesor titular de filosofía del derecho
en la UCALP. Hizo el postgrado de Integración Latinoamericana, en
la UNLP, obteniendo el título de especialista.
"Rata" Balboa estaba casado con Lidia Noemí Moro y de la unión nacieron
sus hijos Gaston Mariano (quien falleció en agosto de 1983), Rodrigo
Alberto y María Soledad, que se prolongaron en su nieta Matilde Balboa.
Escribió diversos artículos para revistas jurídicas, presentó ponencias
en varios congresos sobre temas económicos y jurídicos y ejerció su
profesión como un verdadero apostolado.
Su vida estuvo construida sobre la base del afecto y las ganas de
vivir, extendida a todos los que acercaban a él, pese a todas las
dificultades que supo sobrellevar con envidiable entereza y que nunca
lo doblegaron.
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