
|
| Jugó como un campeón, perdió con el mejor y se recibió de grande |
Mariano Puerta cayó con todos los honores ante el fenómeno Nadal
 |
| Nadal y Puerta, en el momento de
la premiación, posan con sus trofeos tras derimir Roland
Garros en una gran final. |
PARIS, Francia (Enviado especial).- Una derrota nunca es motivo de alegría, pero perder como ayer lo hizo Mariano Puerta llenó de emoción, no sólo a un país que seguía el partido a miles de kilómetros de distancia, sino a todo un estadio que lo tuvo como su favorito debido a la entrega y al coraje con los que jugó. Pero ni esa entrega fue suficiente para frenar al español Rafael Nadal, un jugador que parece dispuesto a ganar todo lo que tenga en la mira, que tiene una velocidad increíble en las piernas, que devuelve con golpes ganadores las pelotas más difíciles, y que se coronó campeón del Abierto de Francia, al vencer al argentino por 6-7 (6-8), 6-3, 6-1 y 7-5.
Puerta demostró que no se conformaba con llegar a la instancia decisiva de este Grand Slam, y a quedarse con los brazos cruzados. Jugó cada punto poniendo el alma en cada golpe, metiendo el corazón para apuntalar a su físico malogrado, soportando un desgarro en su pierna izquierda que arrastraba desde días anteriores y una lesión (posiblemente otro desgarro) ni bien comenzó el encuentro.
El jugador nacido en San Francisco se recibió de Grande en el polvo de ladrillo de Roland Garros. Atacó a Nadal sin darle descanso, poniéndolo a defender durante todo el partido, exigiéndolo y haciéndolo correr sin pausa.
Contra este verdadero fenómeno debió enfrentarse Puerta, que comenzó el partido con el servicio quebrado. Para colmo, en el 1-3 y 15-40 con su servicio, requirió los servicios del trainer, quien le vendó la pierna derecha por el dolor antes comentado. Pero, en vez de quejarse, de hacerse el rengo, de decaer anímicamente, apretó los dientes y siguió peleando, recuperó el quiebre y se llevó el set en el tie break, que lo ganó arrojándose al piso para devolver un intento de passing.
A partir de allí, Nadal se guardó para mejor ocasión su ya clásico y chocante "show del festejo", con saltitos y puños apretados, sacando la lengua, haciendo un trotecito y gritando el punto en la cara, con mucho de histrionismo. Esta vez prefirió guardar todo eso, por la dudas.
El segundo y tercer parcial fueron del español, mientras que su rival ya no tenía más piernas. Pero fue más fuerte el amor propio del argentino, para volver con todo en el cuarto set manteniendo el encuentro parejo. Y casi se lo queda cuando estuvo 5-4 y 40-15, pero el español se recuperó y ya no volvió a perder, para quedarse con el triunfo.
Mariano luchó, pegó a las líneas y jugó un encuentro sensacional, buscando siempre ganar el punto. Chocó contra un rival que hizo un culto de la defensa, cerrando cualquier espacio que quede abierto gracias a la velocidad supersónicas de sus piernas. Y hasta recibió una "ola" por parte del público para alentarlo, como el año pasado lo hizo con Gaudio. Conmovió a todos por su entrega. Jugando como ayer, tendrá muchas más alegrías que tristezas, y el top ten está ahí nomás.
|
|