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| Las parasitosis golpean la periferia |
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| Las más de 100 familias que viven en una
humilde zona de El Dique (foto) manifestaron su preocupación por los
problemas de los chicos por los parásitos y también en la piel. Según
especialistas, en los asentamientos el 90% de los chicos está multiparasitado. |
El casco urbano de La Plata es considerado "modelo" -con
los índices más bajos del país- cuando se habla de prevención de las parasitosis
infantiles. Sin embargo, a menos de veinte cuadras de distancia, la situación
cambia dramáticamente. En la periferia de los centros urbanos de la región,
a medida que baja el porcentaje de viviendas dotadas con servicios esenciales
como los de agua potable y cloacas, sube el de chicos parasitados o con
infecciones gastrointestinales causadas por otros agentes. Una realidad
que se revela con particular crudeza en los asentamientos -donde el 90
por ciento de la población infantil sufre alguna afección-, y hace menos
de un mes se cobró la vida de una nena de 7 años.
Las más de 100 familias que viven en la humilde zona de El Dique comprendida
entre 39, 41, 126 y 128 están preocupadas; y se entiende por qué. El único
suministro de agua con el que cuentan es obtenido -"en forma clandestina,
porque no hay otra", explican-, a través de caños plásticos y mangueras
que se empalman hasta cubrir los 150 metros que separan el asentamiento
de la red "oficial" de agua potable.
"En este barrio, los problemas de los chicos en la piel y el intestino
por los parásitos son muy comunes" explica Yolanda Ramallo, de 41 y 127.
La de Ramallo es -como muchas en ese punto del distrito de Ensenada- una
familia numerosa: quince chicos. "Mis cinco hijos menores de diez años
tuvieron o tienen problemas" recuerda la mujer: "al de tres le encontraron
tres tipos de parásitos y bacterias; al de cinco hubo que operarlo. Y
los médicos me dijeron que el origen de todo es el agua. Nosotros le ponemos
cloro, pero eso les termina provocando alergias. Ya no sabemos qué hacer".
Los vecinos de la zona afirman que "desde que se empezó a formar el barrio,
hace quince años, nos prometen obras -que van a poner los caños y mejorar
las zanjas-; pero no pasa nada". Por ahora, tienen su propia e improvisada
red, hecha de mangueras y caños plásticos o de goma de diferentes diámetros,
empalmada con alambres y trapos, semienterrada debajo de las calles sin
pavimento o sumergida en el agua sucia de las zanjas.
Los ensenadenses no viven demasiado lejos del Mercado Regional de Tolosa,
zona de la que era oriunda Lorena, la alumna de la EGB Nº16 que a fines
de mayo murió tras sufrir una peritonitis aguda -originada en una severa
parasitosis que minó sus defensas hasta dejarla a merced del mal-.
Los especialistas no dudan en afirmar que con mejores condiciones de vida,
esos riesgos no existirían. Hablan del agua contaminada y de los basurales
como las claves del problema. Y reconocen que en la actualidad lo llamativo
es que un niño de los sectores más vulnerables no tenga parásitos: se
calcula que entre el 70 y el 90 por ciento de los chicos está parasitado;
la mayoría, por más de una clase de organismo.
"La parasitosis está ligada a la pobreza extrema; surge de las condiciones
de vida, del hacinamiento, la carencia de cloacas y agua, los entornos
llenos de basura, la cantidad de perros sueltos" explica Eduardo Cueto
Rúa, jefe del servicio de Gastroenterología del Hospital de Niños. El
profesional destaca que "en los últimos tiempos, estamos observando un
aumento en la presencia del parásito 'hymenolepis nana', que habitualmente
acompaña a las ratas. Eso habla de más cantidad de basura en la vía pública,
fuera del sistema de disposición final".
Prácticas habituales en los bolsones de pobreza de la región, como la
recolección de agua en baldes, el uso de canillas públicas, la recolección
de hierbas para uso comestible, favorecen el contacto de los chicos con
los parásitos. Las mismas condiciones de vida hacen que, según señalan
los especialistas, "lo que en cualquier chico de clase media se soluciona
con un día de cama, en un asentamiento se puede transformar en una patología
grave". Por eso, aconsejan adquirir el hábito de "agregar dos gotas de
lavandina por litro de agua de consumo humano, tal como se hizo en su
momento para prevenir el cólera".
SIN RED
Casi el 20 por ciento de los vecinos de La Plata, Berisso y Ensenada vive
sin red cloacal. La cifra representa a más de cien mil personas. Para
Eduardo Cueto Rúa, "vivir sin cloacas significa convivir con la contaminación
fecal del medio, lo cual puede provocar diversas enfermedades -diarreas,
parasitosis, hepatitis-. Al no haber registros ni controles de los denominados
'poceros', se corre el riesgo de que la materia fecal tome contacto con
la napa de la cual se nutre miles de familias que no están conectadas
a la red de agua corriente".
Cueto Rúa insiste en que "desde el Estado y los medios de comunicación
masivos y comunitarios deberían realizarse campañas constantes y perseverantes
para el uso de la cámara séptica. Aunque no hay cloacas, debe haber una
cámara séptica -que bien realizada se transforma en una cámara en donde
se destruyen gérmenes y parásitos- entre el baño y el pozo ciego".
Entre las parasitosis infantiles, las más comunes -un 20 al 30 por ciento
de los casos, según estima Eduardo Cueto Rúa- son las producidas por las
"giardias" intestinales. Las giardiasis pueden manifestarse con diarreas
agudas o de larga duración; la "giardia lamblia" es el agente más común
causante de brotes transmitidos a través de agua contaminada, especialmente
en menores de 10 años, y se cree que también infecta a los perros.
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