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| El matrimonio en baja: Se casan cada vez menos jóvenes |
Las cifras muestran, en La Plata, una curva descendente. No es un fenómeno nuevo pero se acentúa año a año. Las historias de los que eligen otro modelo de familia. Un fenómeno que cambia los vínculos sociales
Con diez años de convivencia sin haber pasado por el Registro Civil, Franco y Micaela Fontana defienden su idea de que formalizar la relación que los une no cambia en nada lo que sienten el uno por el otro. Es más, aseguran que la posibilidad de casarse nunca pasó por sus cabezas.
El de estos dos jóvenes platenses es un caso que cada vez se ve con mayor frecuencia en nuestra región. En efecto, el número de parejas que decide contraer matrimonio observó, en los últimos años, un marcado descenso, fenómeno que este año podría marcar un nuevo piso: sólo 364 parejas contrajeron enlace en La Plata en los primeros cinco meses del año, contra las 2.343 que lo hicieron a lo largo de 2004.
A pesar de que la mayoría de los casamientos se producen hacia fin de año, las estimaciones que realizan desde el Registro provincial de las Personas indican que, de mantenerse esta tendencia, en 2005 volverá a caer el número de parejas que formalizan su unión.
Sin embargo, la baja en la cantidad de casamientos no implica, subrayan los especialistas, que ya no se formen parejas ni familias. "Los jóvenes de ahora conviven, crean grupos familiares y hogares, pero dejando de lado al matrimonio, que pierde cada vez más terreno con las uniones de hecho", explicó Patricia Palladino, directora provincial del área Estado Civil del Registro Provincial de las Personas.
Menos presión social, más necesidad de respetar el deseo propio, una baja en la valoración de la institución matrimonial y en los lazos que implica, son algunos de los factores que, coinciden las fuentes consultadas, explican que el matrimonio sea una opción cada vez menos elegida entre los jóvenes de todo el país.
Se trata de un fenómeno que parece no distinguir estructuras de origen: se da en la misma proporción en centros urbanos de la Provincia, en capital federal y en los pueblos y ciudades del interior, donde se supone que las costumbres y tradiciones siguen teniendo un peso importante.
En La Plata, las estadísticas del Registro de las Personas dan cuenta de un descenso mantenido: en 2003, se casaron 2.538 parejas; en 2004, lo hicieron 2.343, y en los primeros cinco meses de 2005, sólo 364 parejas contrajeron matrimonio. Y aunque se trata de un fenómeno claramente estacionario que no admite proyecciones lineales (en los últimos meses del año aumenta el número de bodas), Palladino no duda en afirmar que el casamiento se da cada vez menos.
Incluso, desde el lugar privilegiado de observadora que ocupa, Palladino, esboza una explicación. "Es algo claramente generacional. Para los que hoy están entre sus 20 o 30 años ya no es impensado irse a vivir solos o con sus parejas. Pero para las generaciones pasadas, para los que hoy están en sus 40 o 50 años, esto era imposible. Había mucha más presión social, estaba muy mal visto y los padres solían oponer resistencia. Hoy no, porque esos lazos familiares no se dan así y porque los jóvenes son más fieles a sí mismos y a sus deseos".
A esos factores de índole social, Palladino suma otros, no menos atendibles. "El aspecto económico influye también y en gran medida -asegura-. Y esto se ve claramente en las estadísticas. En 2002, cuando los efectos del estallido de la crisis se notaban en todos los ámbitos, hubo 40 mil casamientos en la provincia de Buenos Aires. En 2003, cuando la crisis comenzó a morigerarse, se pegó el salto a los 45 mil por año. Es que las parejas no podían afrontar los costos mínimos que implica una boda y reprogramaban sus casamientos. A partir de ese año, con la situación económica más estabilizada, empezó a darse esta tendencia a la baja, que se mantiene".
ESTADO CIVIL: EN PAREJA
Desde su edición de 1991, el Censo de población comenzó a atender las nuevas situaciones conyugales de los argentinos. Al antiguo árbol de opciones que sólo admitía las categorías de soltero, casado, viudo y divorciado/separado, comenzaron a agregarse otras variables, como las uniones de hecho, para obtener datos que reflejen con mayor fidelidad la real situación conyugal en el país.
Las cifras que manejan en el INDEC obtenidas de los censos de 1991 y 2001 marcan a las claras que las "uniones consensuales" -tal como se denomina a la convivencia sin papeles en la jerga técnica- crecieron a lo largo y a lo ancho del país.
En 1991, por caso, el 82 por ciento de los mayores de 14 años residentes en la provincia de Buenos Aires que convivían en parejas estaban casados. El 18 por ciento restante eran uniones de hecho. Apenas una década después, el relevamiento fue una fotografía clara del terreno perdido por el matrimonio: el 73 por ciento de las parejas estaban casadas y el 27 formaban uniones de hecho.
Del Censo 2001, además, surge que la gran mayoría de los argentinos que vuelve a vivir en parejas luego de una separación lo hace en uniones consensuales. En números, el 70 por ciento de los "reincidentes" descartó el matrimonio y sólo un 30 por ciento formó uniones civiles.
Pese a la contundencia de los datos que marcan su devaluación, desde todas las disciplinas que abordan la cuestión los expertos coinciden en señalar un aspecto: incluso en estos tiempos, el matrimonio cumple funciones sociales que casi ningún otra institución puede reemplazar.
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