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Domingo 25 de Septiembre de 2005

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Crecen los temores y los interrogantes ante la rebelión del clima

Aunque en las últimas horas bajó su intensidad, el huracán Rita no terminó de desplegar todo su poderío y ya forzó el éxodo de cerca de tres millones de personas y causó innumerables destrozos en el sur de los Estados Unidos. La zona afectada apenas había comenzado a recuperarse de uno de los peores desastres naturales de su historia: pocas semanas atrás, el paso del Katrina por Nueva Orleans dejó un saldo de más de mil muertos y pérdidas materiales que se estiman millonarias.

Justo cuando esos fenómenos climáticos ganaron la tapa de todos los diarios del mundo, otros episodios, menos catastróficos pero igual de violentos, sacudieron Europa y Asia. En España, las costas catalanas fueron víctimas de violentas inundaciones a causa de un tornado que sacudió las localidades de Montcada i Reixac, La Llagosta, Santa Perpetua de Mogoda y Mollet del Vallés. Por esos mismos días, China y Japón sufrieron los embates de los tifones Talim y Nabi, que afectaron a millones de personas, causaron cuantiosos daños materiales y dejaron un saldo de al menos 145 muertos.

Las escenas de ráfagas de casi 200 kilómetros por hora sacudiendo costas indefensas se habían registrado, también, en las playas uruguayas meses atrás, cuando una tormenta pocas veces vista por esas latitudes dejó un saldo de ocho muertos y millones de dólares en pérdidas.

Dos huracanes tropicales como el Katrina y el Rita que tocan tierra en uno de sus puntos de máxima intensidad en zonas a pocos kilómetros de distancia y con semanas de diferencia. Tifones en el Pacífico cada vez más violentos. Inundaciones en áreas cercanas a zonas que sufren históricas sequías. Tormentas tropicales en el Cono Sur. ¿Puro azar, fenómenos estacionarios o consecuencia directa de los cambios que han venido ocurriendo en el clima debido al calentamiento global?

EL DIA ya ha analizado estos fenómenos en recientes informes especiales. Pero las últimas amenazas actualizan los interrogantes y plantean más incertidumbre sobre los alcances de esta "rebelión climática".

Cómo entender, clasificar y analizar esta serie de nuevos y cada vez más radicales fenómenos climáticos es una cuestión que divide a la comunidad científica. Por estos días, en todos los foros se debate acerca de la verdadera cuota de responsabilidad del hombre en estos eventos y la importancia relativa de la emisión de gases de parte de los países más industrializados.

CAUSAS Y EFECTOS

La reciente serie de tormentas, tifones, huracanes e inundaciones que puso en jaque a los servicios de emergencias de los puntos más remotos del planeta no plantea, para gran parte de la comunidad científica, ninguna duda: el cambio climático y el calentamiento global ya están haciendo sentir sus consecuencias.

La alteración de los gases emitidos a la atmósfera, la modificación del efecto invernadero y el recalentamiento consecuente de la superficie terrestre trae aparejado, sostienen, el mejoramiento de las condiciones de nacimiento de estos eventos climáticos que sacuden el globo. Y promueve, además, la aparición de fenómenos típicamente tropicales en latitudes que nunca habían tenido registro de ellos, un escenario que alarma a los expertos.

En las costas de Liguria, al norte de Italia, se registró recientemente la aparición de un alga tóxica típicamente tropical que ahora crece en un mar Mediterráneo cada vez más cálido. Y hay más ejemplos de los efectos nocivos del calentamiento terrestre. Veranos cada vez más calurosos en Europa; aparición de insectos portadores de raras enfermedades tropicales en zonas inhóspitas de Suecia y de la República Checa; sequías cada vez más prolongadas que derivan en incendios forestales en amplias regiones del sur de España y de Portugal.

Osvaldo Canziani, físico, doctor en Meteorología y presidente del panel Intergubernamental de Cambio Climático no tiene dudas sobre el origen de los males. "La modificación del contenido de los gases que generan el efecto invernadero produjo un recalentamiento terrestre, que es el culpable de la mayor evaporación de los océanos y, consecuentemente, de la mayor cantidad de energía con que se generan estos sistemas como ciclones y huracanes, que hoy son más intensos y frecuentes", afirma.

Canziani enumera otras razones. "Además de emitir gases sin control, hemos deforestado amplias zonas. Se sacan árboles que digieren monóxido de carbono. No hay que hablar simplemente que quemamos combustible, sino que deforestamos, generamos nuevos desiertos, malgastamos el agua".

Y emite un diagnóstico desolador. "Estamos en el filo de la navaja. Hay informes muy violentos que indican que las cosas están llegando a niveles muy serios, con pérdida de algunas especies, con problemas en la disponibilidad de agua, calentamiento global, desertificación".

"No es solamente en la zona del Caribe donde hay problemas. Los ha habido en el Océano Indico, en el mar de la China, con las inundaciones violentas de hace quince días en Europa, de la tormenta frente a las costas uruguayas. Todo esto muestra que el calentamiento terrestre es culpable", enfatiza.

Así lo estima también el presidente del Centro de Meteorólogos Argentinos, Juan Manuel Hörler, quien asegura que la constante emisión de gases a la atmósfera acentuó el efecto invernadero, elevando las temperaturas a un nivel apenas perceptible para los termómetros pero responsable de incrementar la temperatura de los océanos y aumentar la evaporación del agua, un efecto que aporta más energía a la atmósfera. "Se contribuye a potenciar esos fenómenos", subraya.

El calentamiento global es responsable, además, del progresivo descongelamiento de los polos, un efecto largamente denunciado por agrupaciones ecologistas de todo el mundo que lanzan anuncios apocalípticos sobre el aumento de la altura de los mares y la virtual desaparición bajo las aguas de muchas ciudades emplazadas en las costas.

En ese marco, muchos meteorólogos pronostican que dentro de cien años, las islas del Pacífico sudoccidental desaparecerán debajo del agua, algo similar a lo que ocurrirá con las planicies de Bangladesh y con parte del estado de Florida.

De aceptarse la postura sostenida por muchos científicos acerca de la responsabilidad directa del calentamiento global en la aparición y radicalización de estos eventos climáticos, la cuestión plantea un interrogante perturbador acerca de qué podría esperarse para los próximos años no sólo en las zonas habitualmente castigadas, como el Caribe o el Pacífico Sur, sino incluso en regiones como la del Atlántico Sur.

En las últimas semanas se conocieron serias advertencias sobre la posibilidad de que los ciclones que azotan las aguas tropicales al norte del Ecuador puedan producirse en el sur, concretamente en la zona de Argentina, Uruguay y Brasil, como efecto del recalentamiento del globo.

Con todo, las advertencias sobre el calentamiento global y la relación directa entre efecto invernadero y desastres climáticos no es compartida por toda la comunidad científica. Otro grupo importante de académicos sostiene que los fenómenos como la sucesión de huracanes tropicales, tifones orientales y tormentas europeas no son más que manifestaciones temporales, normales para esta época del año.

Según esta teoría, muchos miles de años antes de que el hombre comience con su actividad industrial, en la Tierra se produjeron cambios climáticos casi permanentes, muchas veces radicales y con consecuencias fatales para algunas especies. Por eso, sostienen, aseverar que la aparición de fenómenos como Rita o Katrina son resultados directos de la contaminación ambiental no cuenta con suficiente base científica.

Este grupo de científicos, que tienen en el el danés Björn Lomborg como uno de sus máximos referentes, afirma que los cambios en la temperatura terrestre son parte de un proceso natural, ya que el planeta osciló durante los últimos 800 mil años entre períodos glaciares en los que los hielos cubrían un tercio de la superficie, y períodos interglaciares, de temperaturas más moderadas, como en el que estamos desde hace diez mil años. Y, tal como ocurrió en el pasado, dentro de un tiempo pasará.

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