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| Crecen los temores y los interrogantes ante la rebelión del clima |
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Aunque en las últimas horas bajó su intensidad, el huracán
Rita no terminó de desplegar todo su poderío y ya forzó el éxodo de cerca
de tres millones de personas y causó innumerables destrozos en el sur
de los Estados Unidos. La zona afectada apenas había comenzado a recuperarse
de uno de los peores desastres naturales de su historia: pocas semanas
atrás, el paso del Katrina por Nueva Orleans dejó un saldo de más de mil
muertos y pérdidas materiales que se estiman millonarias.
Justo cuando esos fenómenos climáticos ganaron la tapa de todos los diarios
del mundo, otros episodios, menos catastróficos pero igual de violentos,
sacudieron Europa y Asia. En España, las costas catalanas fueron víctimas
de violentas inundaciones a causa de un tornado que sacudió las localidades
de Montcada i Reixac, La Llagosta, Santa Perpetua de Mogoda y Mollet del
Vallés. Por esos mismos días, China y Japón sufrieron los embates de los
tifones Talim y Nabi, que afectaron a millones de personas, causaron cuantiosos
daños materiales y dejaron un saldo de al menos 145 muertos.
Las escenas de ráfagas de casi 200 kilómetros por hora sacudiendo costas
indefensas se habían registrado, también, en las playas uruguayas meses
atrás, cuando una tormenta pocas veces vista por esas latitudes dejó un
saldo de ocho muertos y millones de dólares en pérdidas.
Dos huracanes tropicales como el Katrina y el Rita que tocan tierra en
uno de sus puntos de máxima intensidad en zonas a pocos kilómetros de
distancia y con semanas de diferencia. Tifones en el Pacífico cada vez
más violentos. Inundaciones en áreas cercanas a zonas que sufren históricas
sequías. Tormentas tropicales en el Cono Sur. ¿Puro azar, fenómenos estacionarios
o consecuencia directa de los cambios que han venido ocurriendo en el
clima debido al calentamiento global?
EL DIA ya ha analizado estos fenómenos en recientes informes especiales.
Pero las últimas amenazas actualizan los interrogantes y plantean más
incertidumbre sobre los alcances de esta "rebelión climática".
Cómo entender, clasificar y analizar esta serie de nuevos y cada vez más
radicales fenómenos climáticos es una cuestión que divide a la comunidad
científica. Por estos días, en todos los foros se debate acerca de la
verdadera cuota de responsabilidad del hombre en estos eventos y la importancia
relativa de la emisión de gases de parte de los países más industrializados.
CAUSAS Y EFECTOS
La reciente serie de tormentas, tifones, huracanes e inundaciones que
puso en jaque a los servicios de emergencias de los puntos más remotos
del planeta no plantea, para gran parte de la comunidad científica, ninguna
duda: el cambio climático y el calentamiento global ya están haciendo
sentir sus consecuencias.
La alteración de los gases emitidos a la atmósfera, la modificación del
efecto invernadero y el recalentamiento consecuente de la superficie terrestre
trae aparejado, sostienen, el mejoramiento de las condiciones de nacimiento
de estos eventos climáticos que sacuden el globo. Y promueve, además,
la aparición de fenómenos típicamente tropicales en latitudes que nunca
habían tenido registro de ellos, un escenario que alarma a los expertos.
En las costas de Liguria, al norte de Italia, se registró recientemente
la aparición de un alga tóxica típicamente tropical que ahora crece en
un mar Mediterráneo cada vez más cálido. Y hay más ejemplos de los efectos
nocivos del calentamiento terrestre. Veranos cada vez más calurosos en
Europa; aparición de insectos portadores de raras enfermedades tropicales
en zonas inhóspitas de Suecia y de la República Checa; sequías cada vez
más prolongadas que derivan en incendios forestales en amplias regiones
del sur de España y de Portugal.
Osvaldo Canziani, físico, doctor en Meteorología y presidente del panel
Intergubernamental de Cambio Climático no tiene dudas sobre el origen
de los males. "La modificación del contenido de los gases que generan
el efecto invernadero produjo un recalentamiento terrestre, que es el
culpable de la mayor evaporación de los océanos y, consecuentemente, de
la mayor cantidad de energía con que se generan estos sistemas como ciclones
y huracanes, que hoy son más intensos y frecuentes", afirma.
Canziani enumera otras razones. "Además de emitir gases sin control, hemos
deforestado amplias zonas. Se sacan árboles que digieren monóxido de carbono.
No hay que hablar simplemente que quemamos combustible, sino que deforestamos,
generamos nuevos desiertos, malgastamos el agua".
Y emite un diagnóstico desolador. "Estamos en el filo de la navaja. Hay
informes muy violentos que indican que las cosas están llegando a niveles
muy serios, con pérdida de algunas especies, con problemas en la disponibilidad
de agua, calentamiento global, desertificación".
"No es solamente en la zona del Caribe donde hay problemas. Los ha habido
en el Océano Indico, en el mar de la China, con las inundaciones violentas
de hace quince días en Europa, de la tormenta frente a las costas uruguayas.
Todo esto muestra que el calentamiento terrestre es culpable", enfatiza.
Así lo estima también el presidente del Centro de Meteorólogos Argentinos,
Juan Manuel Hörler, quien asegura que la constante emisión de gases a
la atmósfera acentuó el efecto invernadero, elevando las temperaturas
a un nivel apenas perceptible para los termómetros pero responsable de
incrementar la temperatura de los océanos y aumentar la evaporación del
agua, un efecto que aporta más energía a la atmósfera. "Se contribuye
a potenciar esos fenómenos", subraya.
El calentamiento global es responsable, además, del progresivo descongelamiento
de los polos, un efecto largamente denunciado por agrupaciones ecologistas
de todo el mundo que lanzan anuncios apocalípticos sobre el aumento de
la altura de los mares y la virtual desaparición bajo las aguas de muchas
ciudades emplazadas en las costas.
En ese marco, muchos meteorólogos pronostican que dentro de cien años,
las islas del Pacífico sudoccidental desaparecerán debajo del agua, algo
similar a lo que ocurrirá con las planicies de Bangladesh y con parte
del estado de Florida.
De aceptarse la postura sostenida por muchos científicos acerca de la
responsabilidad directa del calentamiento global en la aparición y radicalización
de estos eventos climáticos, la cuestión plantea un interrogante perturbador
acerca de qué podría esperarse para los próximos años no sólo en las zonas
habitualmente castigadas, como el Caribe o el Pacífico Sur, sino incluso
en regiones como la del Atlántico Sur.
En las últimas semanas se conocieron serias advertencias sobre la posibilidad
de que los ciclones que azotan las aguas tropicales al norte del Ecuador
puedan producirse en el sur, concretamente en la zona de Argentina, Uruguay
y Brasil, como efecto del recalentamiento del globo.
Con todo, las advertencias sobre el calentamiento global y la relación
directa entre efecto invernadero y desastres climáticos no es compartida
por toda la comunidad científica. Otro grupo importante de académicos
sostiene que los fenómenos como la sucesión de huracanes tropicales, tifones
orientales y tormentas europeas no son más que manifestaciones temporales,
normales para esta época del año.
Según esta teoría, muchos miles de años antes de que el hombre comience
con su actividad industrial, en la Tierra se produjeron cambios climáticos
casi permanentes, muchas veces radicales y con consecuencias fatales para
algunas especies. Por eso, sostienen, aseverar que la aparición de fenómenos
como Rita o Katrina son resultados directos de la contaminación ambiental
no cuenta con suficiente base científica.
Este grupo de científicos, que tienen en el el danés Björn Lomborg como
uno de sus máximos referentes, afirma que los cambios en la temperatura
terrestre son parte de un proceso natural, ya que el planeta osciló durante
los últimos 800 mil años entre períodos glaciares en los que los hielos
cubrían un tercio de la superficie, y períodos interglaciares, de temperaturas
más moderadas, como en el que estamos desde hace diez mil años. Y, tal
como ocurrió en el pasado, dentro de un tiempo pasará.
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