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Domingo 2 de Octubre de 2005
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Inundaciones, un mal que no pueden curar en la Ciudad
Hay zonas que están siempre amenazadas y se llenan de agua cada vez que llueve

Los barrios de la periferia son los que más sufren los problemas que generan las inundaciones.

Andrea Fichera es propietaria de una panadería -que abrió sus puertas hace un mes- en 13 y 45. Hace diez días, temió por su equipamiento y sus pisos: "de un momento a otro se me llenó todo el local de agua". Al mismo tiempo, en barrio Hipódromo -diagonal 80 y 39-, Rubén Olguín padecía en su comercio los mismos inconvenientes. En City Bell, -camino Centenario entre Güemes y Balcarce-, Elena Vizzia aseguraba que "hace 30 años que vivo acá y jamás se había inundado de esta manera". Y en 81 y 15, de Altos de San Lorenzo, la familia Michera se veía jaqueada por el desborde del arroyo Maldonado. A pesar de las obras en danza -algunas terminadas, otras concretadas a medias, otras sólo proyectadas- la Ciudad se sigue inundando.

Según los especialistas, cambios en el régimen de lluvias -son cada vez más explosivas, más seguido-; ausencia de nuevos conductos troncales para canalizar los excedentes pluviales; y cursos de agua -por ejemplo, el arroyo Maldonado- cuyo cauce natural resulta insuficiente para que cumplan con eficacia su papel como desagües, se combinan para que los platenses sigan "con los pelos de punta" cada vez que una nube negra se asoma en el horizonte.

Desde la Comuna se admite que "se hizo mucho, pero falta muchísimo". Luis Carusso, director de Hidráulica, explica que "una situación a la que se llegó en cien años no se va a arreglar en dos o tres; es financiera y técnicamente imposible, más allá de que hoy por hoy hayan al menos diez millones de pesos invertidos en obras en ejecución -o listas para empezar-".

El funcionario descartó que los recientes anegamientos tuvieran que ver con obstrucciones en los desagües principales: "en todo caso hay que hablar de sobrecarga de algunos de los cinco mil sumideros existentes, y por supuesto de la cada vez menor superficie permeable; en épocas fundacionales el 70 por ciento del agua de lluvia era absorbida en los lugares en donde caía; ahora, menos del 30 por ciento; el resto escurre por los conductos o por la superficie pavimentada, buscando el cauce de los antiguos arroyos".

Lo cierto es que aún en las zonas en donde se hicieron algunos trabajos hidráulicos se siguen registrando anegamientos. Por ejemplo en barrio Norte, una de las zonas más castigadas durante la histórica tormenta del 27 de enero de 2002: "hicieron una obra que duró unos cuantos meses y sin embargo seguimos inundándonos" se quejan los vecinos. Similares reclamos se escuchan cerca de plazas Paso -13 y 39-, Belgrano -13 y 44-, y Malvinas -19 y 54-.

"Más allá de un par de situaciones puntuales que tienen que ver con sumideros, la ampliación de los desagües que se hizo entre las esquinas de 14 y 40 y 17 y 45, hizo que el agua se acumulara menos y se fuera más rápido" sentencia Carusso: "lo mismo pasará para los vecinos de plaza Malvinas, por ejemplo, cuando se complete la etapa que llevará desde esa esquina a 20 y 58, una obra de 14 meses que cuesta 4 millones de pesos -financiados por la Nación- y ya empezó".

Otro anteproyecto en estudio prevé excavar un nuevo conducto, bajo calle 17, entre 36 y el arroyo El Gato. Concretamente, ese curso de agua -al que aportan los arroyos Pérez y Regimiento- es el que recibe el 70 por ciento de las aguas pluviales del área urbana de la Ciudad; el resto se reparte entre el arroyo Maldonado y sus afluentes, y el breve arroyo del Bosque o del Zoológico.

El Gato es la columna vertebral del sistema pluvial platense. Un reciente estudio realizado por profesionales de la Universidad Nacional de La Plata fija prioridades en las que se consideran "obras esenciales" para estabilizar la cuenca, que abarca tres cuartos del casco histórico más Los Hornos, Lisandro Olmos, San Carlos, Melchor Romero, Tolosa, Ringuelet y Hernández -y la lista sigue-. Esto significa toda el agua que cae en esos barrios y localidades y no es absorbida por los paños verdes va a parar, tarde o temprano, al Gato, tras avanzar a una velocidad que se calcula en un metro por segundo.

"Es clave ensanchar el cauce de El Gato entre 1 y 7, agregándole un revestimiento lateral de hormigón y taludes; allí está hoy el cuello de botella que demora el drenaje de la mayor parte del casco urbano", precisa el ingeniero Pablo Romanazzi, coordinador del "Estudio hidrológico, hidráulico y ambiental de la cuenca del arroyo El Gato" que realizó la facultad de Ingeniería de la UNLP a pedido de la Comuna platense.

A partir del informe se detectó que desde 1991, la extensión del sistema de desagüe pluvial -en las 9.800 hectáreas de cuenca y a lo largo de los 25 kilómetros de El Gato- se incrementó en un 22 por ciento. "Se tendieron nuevos ramales y aliviadores o 'by-pass', pero todos llegan a los mismos conductos principales, recargándolos y acotando su capacidad de responder a las grandes lluvias" precisa Romanazzi: "hace falta una inversión en nuevas tuberías troncales, salidas por 17 o 25, que atajen el agua que viene de la periferia y la vuelquen en El Gato antes de que llegue al centro".

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