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Sábado 8 de Octubre de 2005
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Confesó el ex novio: "Abrí la puerta y se cayó de cabeza"
Luego de la extensa declaración quedó detenido. Dijo que le disparó en el auto

Agustín Arrien fue detenido acusado de intentar matar a su ex novia, la médica Ana María Rossi.

"Me respondió mal y me explotó la cabeza", "abrí la puerta y se cayó de cabeza", "le grité: 'Ana, Ana'; la vi tan pálida que pensé que estaba muerta". Agustín Omar Arrien (46), el ex novio de la médica Ana María Rossi (35), se presentó ayer ante el fiscal y confesó que baleó a su ex pareja "en un acto de desborde emocional". Y luego de una extensa declaración, en la que lloró dos veces, fue esposado y detenido por el delito de "tentativa de homicidio simple".

El ahora procesado y detenido por el ataque a la doctora Rossi, quien sigue internada en gravísimo estado, ingresó a la fiscalía de 7 entre 56 y 57 a las 12,45, vestido con camisa leñadora, vaqueros y zapatos acordonados negros. Se lo veía muy prolijo. Poco después, con gesto adusto, escuchó la lectura de todas las pruebas mencionadas en su contra en el dictamen fiscal. Y de inmediato expresó: "quiero declarar".

Acompañado por sus abogados _Carlos Irisarri, Flavio Gliemmo, Juan Losinno y Brian Alvarez- el visitador médico comenzó su declaración con una frase: "me encuentro muy mal por todo esto. La quiero y quiero que esté bien".

Delante de Arrien estaba el fiscal Marcelo Martini. Y en ese momento, un empleado del juzgado de Garantías 1 interrumpió para entregarle en manos al magistrado la orden de detención ordenada por el doctor Guillermo Atencio. Se había decidido porque la defensa del acusado no había apelado el rechazo de la eximición de prisión que había resuelta el jueves.

* * *

Luego de ser notificado sobre la detención Agustín Arrien comenzó con el relato, a cuyo contenido este diario tuvo acceso en exclusiva. Dijo que en la noche del lunes último había acordado con la médica salir "con las mejores intenciones".

Arrien expresó que durante el viaje comenzaron a discutir por el tema de la relación que seguía manteniendo con su marido. "Supuestamente se iba a mudar en marzo pero seguía con él. Le por qué si estaban separados seguían viviendo juntos, si eso no era una hipocresía. Y ella me contestó 'dejame de hinchar las pelotas, yo voy a hacer lo que se me canta'".

"Había venido de un día muy agotador, quería que no fuera al restaurante del Centenario Primo Piatto para que pasáramos un rato juntos, pero me dijo: 'no se si voy a volver con vos o con quién voy a regresar'", destacó Arrien.

También sostuvo que "sabía que en esa cena iba a estar un profesional que se había acercado a ella y en un acto de locura tomé el arma y le disparé; fue un acto de desborde emocional".

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Agustín Arrien, en un relato que como se dijo fue interrumpido un par de veces porque estalló en llanto, fue contando poco a poco cómo era, según sus dichos, la relación con la médica. Y confesó sus celos, sus enojos y cómo iba sintiéndose despechado.

"La apoyé todo el año con sus hijos, con los conflictos que había tenido con el marido y me despreció. Esa noche me dio a entender que iba a volver con esa persona y no conmigo", señaló.

Agustín, además, comentó que "en el último tiempo apareció en la vida de ella un profesional, que nos causó mucho daño".

"Estoy arrepentido -agregó- del acto que cometí, soy un padre de familia, un laburante, reconozco que me he desbordado en esta situación. Es como que uno quiere hacer todo en favor de lo que quiere, pero no encuentra respuestas".

En varios tramos del relato, Agustín habló sobre cómo fue el desenlace del brutal ataque. En la comisaría "dije lo que dije" fue la frase que utilizó para explicar por qué inventó el asalto y posterior secuestro de la médica.

"En ese momento no pensé en nada. Iba a cien kilómetros por hora. Con una mano manejaba y con la otra disparé, me podría haber matado. Me desvié en un descampado, traté de ver cómo estaba, traté de reanimarla. La ví, para mí estaba muerta, la dejé ahí y me fui a buscar una comisaría".

Arrien confesó que "en el momento no pensé en el daño terrible que había hecho. Y cuando fui a la comisaría, entre el miedo y el shock, estaba avergonzado, amargado, y dije lo que dije en la dependencia policial".

Además, Arrien mencionó en varias oportunidades que Ana María es el amor de su vida. Que él dio todo por ella. Cabe aclarar que la familia de la mujer y casi todos los testigos que han declarado en la causa han dicho que el hombre la perseguía, que ella había "cortado" la relación hace tres meses, momento en el que empezó a sufrir un "acoso enfermizo".

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"Los que me conocen saben cómo la quería a Ana y la mimaba, sobre todo lo sabe la madrina, Aurora, de San Andrés de Giles. Ella es la que más sabía de nuestra relación y cómo me desvivía por ella. Pero me shockeó, me desbordó lo que me dijo, me hizo sentir nada al lado de ella. Me quemó la cabeza", precisó.

Además sostuvo que "esa noche esperaba que me contestara otra cosa y me respondió mal y como dicen los chicos ahora: 'me explotó la cabeza'. Si ven las cartas que me escribía van a poder ver que nos amábamos profundamente. Yo la apuntalaba a ella, viendo que era una buena profesional, una buena madre".

En otro tramo del relato, Arrien dijo que una semana antes "le dije 'yo te admiro', pero estaba dolido porque yo no podía arrancar con lo mío", en relación a su actualidad laboral. "La quiero y la admiro, para mí es una persona excelente. Siempre deseé lo mejor para ella, pero lamentablemente hice lo peor. Estoy muy triste por ella, por la familia, por los hijos, porque yo a ellos siempre los trataba sin que supieran que era el novio", aseguró Agustín ante el fiscal.

"Me sentía superman y me empecé a sentir mal y no me di cuenta que, tal vez, necesitaba hacer un tratamiento. Yo era omnipotente y no lo pude manejar; esta situación me desbordó con la persona que yo más quiero y más quise", señaló Arrien.

En un tramo de la indagatoria, Agustín Arrien entregó su teléfono celular y mostró mensajes de textos de los días anteriores al hecho. Allí se leen, entre otras frases, "hola amor mío, llamame" y "te extraño". Cabe aclarar que este tramo del relato es ahora investigado, debido a que el celular de la mujer fue sustraído hace tres meses y que una comisión policial fotografió al acusado cuando, en la noche del miércoles pasado, arrojaba este aparato en la esquina de 19 y 55. ¿El mismo se enviaba los mensajes?

Y habló sobre sus tres hijos. "Nunca se acomodaron después de mi separación y eso también me tenía mal".

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¿Cuándo la conoció? "Fue hace unos seis o siete años, cuando ella empezó a trabajar en Diagnosis (el instituto médico). En esa época yo estaba casado y sabía que ella también; pero teníamos un 'feelling' muy bueno. Pero no sabía nada más de su vida. En octubre de 2004 comenzó la relación íntima. Uno cree que avanza a la mujer, pero en realidad me avanzó ella a mí", declaró Arrien.

A partir de ese momento "salíamos todos los días. Desayunábamos en la confitería 'El Patio' o íbamos a otro bar a la tarde. A veces salíamos una hora, media hora, íbamos a comprar ropa. Ahí fue cuando me dijo que ella no le daba bola al marido desde hacía cuatro o cinco años; me confesó que había salido con otras personas en ese interín".

También recordó las vacaciones. "Ella no podía ir a ningún lado, los médicos en enero están con una crisis muy importante. Por eso yo le dije, te pago las vacaciones en San Bernardo diez días con tus hijos. Yo fui a otro hotel y nos veíamos en la playa".

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Sobre la relación, Arrien comentó que al principio se sentía "correspondido por la médica, pero en éste último tiempo había un poquito de distancia, pero la relación siempre fue excelente, aunque ella siempre eludía los temas: como el del marido que permanecía en la casa".

En buena parte del relato, Agustín mencionó supuestos conflictos con la médica y en especial con el marido de ella. "Ella decía que no existía, que no influía en las decisiones porque no tenía recursos económicos. En febrero, había habido una discusión en la casa, el esposo armó una situación con los hijos, como que la madre lo había echado y eso frenó todo".

Arrien recordó cómo fue su divorcio. "Me separé en octubre de 2003, porque era incompatible nuestra vida, le estábamos haciendo mal a los chicos. Tomé la decisión de irme a la casa de los abuelos (por sus padres, que viven en 2 y 37). Mi esposa en primer momento no lo aceptaba. Pero después comencé a salir con Ana María, supongo que a ella no le gustaría, pero había tomado una actitud más tranquila".

"Con Ana María íbamos a dormir a hoteles, no sólo a hoteles de alojamiento. Si bien no teníamos un departamento, estábamos por concretarlo el mes que viene", dijo.

Agustín Arrien intentó en tramos de su confesión dejar la sensación de que mantenía una buena relación con la familia de la médica. Y que había viajado varias veces a San Andrés de Giles, de donde ella es oriunda.

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"Yo fui al entierro del padrino, y la madre me llevó a tomar unos mates a la casa, en ese momento el padre de Ana no estaba. Yo iba algunos fines de semana, la llevaba y ella se volvía en micro".

Al ser consultado sobre su actividad laboral, Arrien comentó que "en mayo de 2004 dejé de trabajar de visitador médico cuando ingresé al HSBC, en seguros de retiro".

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Los celos de Arrien. "Una vez había quedado en pasar a buscarla por Diagnosis, y ella me llamó para decirme que no fuera, que se iba a quedar hablando con otro médico de una oferta laboral. Yo le dije, ¿cómo alguien que no te conoce te ofrece trabajo? Un tipo ve un par de tetas y te ofrece cualquier cosa. Ana es de una belleza muy importante, se viste provocativa, aunque eso no me molestaba porque yo la había conocido así".

De ahí en más, "el tipo empezó a llamarla insistentemente. Y una vez la invitó a ir un día entero a Rodizzio a una charla. A mí me empezó a molestar esa actitud. Ella lo dejó avanzar un poco, como que le gustaba, pero no porque me engañara. Con él después compartieron 40 horas mensuales para atender un consultorio en Quilmes, eso tampoco me gustaba".

Horas antes del hecho, "me había encontrado con ella en Buenos Aires, en Córdoba y 9 de Julio a las cinco y media de la tarde".

La noche del ataque, cuando iban por el Centenario, también estuvieron charlando del médico, según declaró Arrien. En cierto momento, "le pedí ir a tomar algo, y ella me contestó 'ni en pedo'. Ella no solía tratarme así, pero era muy demostrativa cuando me hablaba. Me dijo 'dejame de hinchar las pelotas' cuando le dije el tema del marido y pasó lo que pasó, tuve una reacción explosiva: metí la mano entre la valija y el asiento delantero derecho, donde tenía el arma, y le tiré tres o cuatro veces".

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Tras la discusión, Arrien dijo que estalló y sacó el arma de fuego, un revólver calibre 22 largo. Después arrojó el cuerpo y comenzó con la mentira en la comisaría.

"No me acuerdo bien por dónde iba, pero había pasado el lugar (la parrilla de City Bell), porque estaba en plena discusión. Me metí en un lugar en donde vi una huella, entré con el auto, no sé bien dónde era", declaró. Y agregó: "cuando llegué al descampado, abrí la puerta y ella cayó de cabeza. Yo la acomodé, le grité 'Ana, Ana'; la ví tan pálida que pensé que estaba muerta".

Antes de dispararle, según declaró, "le dije 'hija de punta' (textual). Fue una reacción que me salió desde adentro, algo que desconozco de mí, por cómo me había contestado". Minutos más tarde, tras abandonar el auto, "me embarré las botamangas y los zapatos. Me saqué el piloto y lo tiré a un costado".

Al ser consultado sobre el arma de fuego, Arrien dijo que se la había facilitado un amigo, a quien identificó con nombre y apellido y comentó que es empleado de Impresiones Oficiales. "Yo la tenía cargada como él me la había dado, quedó así desde ese momento".

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La defensa, que en las indagatorias también puede preguntar, optó por hacer recordar a Arrien un accidente que sufrió. Esto, cabe destacarlo, es un indicio de que la estrategia defensista se centrará en intentar demostrar que el acusado podría ser "inimputable".

Y Agustín, ante la mencionada pregunta, habló sobre un accidente. Ocurrió en 1975 cuando, en el Estadio de Gimnasia, jugaban Estudiantes y Central. "Se rompió la tribuna y yo me caí de cabeza desde ocho y diez metros y tuve conmoción cerebral. Me paré y salí caminando, me encontró una persona por la calle 60 caminando en dirección a 1, no me acordaba dónde vivía, veía luces y sentía sonidos como de ambulancias. Me acuerdo que alguien dijo: 'mirá papá, está sangrando de la cabeza".

Y casi al término de la declaración, poco antes de que la defensa pidiera que constara en la causa que Agustín Arrien se había "quebrado irrumpiendo en llanto, el acusado señaló: "estoy muy mal por cómo está Ana. Estoy arrepentido".

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