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| El Río está muy enfermo por la creciente contaminación |
Franca decadencia
de la costa de la Región. El recurso hídrico está cada vez más degradado
Bebedero y cloaca de millones de personas -incluida gran parte de los platenses-, en un virtual estado de "diagnóstico permanente" por parte de los organismos oficiales que no aciertan a poner freno a una creciente contaminación de todo tipo, el Río de la Plata sigue en franca decadencia. Los vuelcos de hidrocarburos detectados durante la semana que pasó en en el canal Oeste de Ensenada son ejemplos de lo que sucede a diario: más temprano que tarde agregarán una nueva cuota de polución al principal y más degradado recurso hídrico regional.
Desde las reparticiones vinculadas al control y cuidado del medio ambiente se admite que "hay que terminar con las posturas meramente enunciativas por el simple hecho de que logran repercusión". Según Jorge Etcharrán, secretario de Política Ambiental de la Provincia bonaerense, "debemos concentrarnos en trabajar no sólo contra el avance de la contaminación, sino por la recuperación de las zonas afectadas".
Actualmente, según se explicó en la cartera ambiental bonaerense, "las estrategias vinculadas a la recuperación del Río las estamos canalizando a través del FREPLATA". Bautizada como "Proyecto para la Protección Ambiental del Río de la Plata y su Frente Marítimo: Prevención y Control de la Contaminación y Restauración de Hábitats" -y financiada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial de las Naciones Unidas-, la iniciativa es gestionada en forma conjunta por Argentina y Uruguay, por intermedio de la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP) y la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo.
Por ahora, el plan suma objetivos ambiciosos, una completísima página
en Internet -www.freplata.org-
y una serie de actividades de diagnóstico. Mientras tanto, el Río
suma todo tipo de factores contaminantes. Según estudios recientes,
sus aguas están cada vez más lejos de ser recomendables, por ejemplo,
para el uso recreativo -oficialmente, se habla de "tomar recaudos",
pero no son pocos los médicos que recomiendan directamente "no bañarse"-.
No sorprende: la Organización Mundial de la Salud calificó al Plata
como "uno de los ríos más contaminados -con fuentes orgánicas y
químicas- del planeta".
En ocasiones, incluso, la cantidad de oxígeno presente en el agua resulta insuficiente para solventar los procesos de descomposición de la enorme cantidad de desechos que vuelcan emisores como la cloaca mayor de Berazategui -un conducto de 5 metros de diámetro que vierte a 2500 metros de la costa, permanentemente, los desperdicios orgánicos de cinco millones de personas- o el colector mayor de Berisso. Y los bajos valores de oxígeno generan situaciones críticas para los peces, que suelen terminar flotando sin vida, por miles, en las costas de la región.
Hace dos meses, expertos del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA) de la Universidad Nacional de La Plata, coordinados por la investigadora del CONICET Alicia Ronco, revelaron además que la cuenca del Río tiene una alta concentración de mercurio, que se manifiesta en las muestras de peces obtenidos en sus aguas.
Otro investigador del CONICET, Guido Galafassi, del Centro de Estudios e Investigaciones de la Universidad Nacional de Quilmes, señala que en nuestra región el río Santiago es "sin dudas, el curso de agua más contaminado". El profesional lo define como parte de "una cuenca con cursos de agua literalmente muertos, sin presencia de vida, salvo unos pocos hongos y bacterias anaeróbicas". Y precisa que "la calidad de las aguas de los arroyos de la cuenca Río Santiago está determinada por los efluentes de las industrias radicadas en los partidos de La Plata, Berisso y Ensenada, en particular por el polo Petroquímico".
La cuenca aludida, según Galafassi -autor de un trabajo reciente sobre el tema-, "contiene una serie de situaciones de máxima contaminación esparcidas por sus distintos cursos de agua: la desembocadura del arroyo Zanjón en donde confluye el arroyo El Gato; la canaleta de Propulsora Siderúrgica; Cuatro Bocas; el canal Oeste, donde vuelca sus efluentes líquidos el grueso de la industria del petróleo y petroquímica de la zona; y el canal de Acceso al Puerto La Plata. El canal Oeste, en particular, está permanentemente cubierto por una capa de hidrocarburos, y sus concentraciones de cobre, mercurio y plomo llegan a los valores máximos".
En este contexto, el Río de La Plata recibe contaminación de prácticamente todos sus afluentes -más los emisores cloacales-. De ese castigado curso de agua proviene la mitad de los 700 litros -cargados a 700 metros de la ribera- que ABSA despacha cada día por cada habitante platense.
LA CALIDAD DEL AGUA POTABLE
A pesar de todo, en Aguas Bonaerenses mantienen un optimismo a toda prueba -por ahora-. "Con los procesos de potabilización con que contamos, no hay motivos para una preocupación inmediata" aseguran los directivos de la firma. Y subrayan: "los análisis que se realizan al agua que sale de la planta potabilizadora de Punta Lara están muy por encima de los estándares de calidad en todos los componentes".
El proceso actual en la planta "Donato Gerardi" de Punta Lara incluye decantación, precloración, filtrado y otra cloración mediante gases. Si bien la cloración del agua puede producir compuestos tóxicos, entre ellos trihalometanos -surgen de la reacción entre materia orgánica, como la que abunda en el Río, con el cloro- en ABSA se afirma que "tanto las bacterias como la materia orgánica se eliminan antes y no llegan a tomar parte en el proceso de cloración".
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