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| Las "Locas de Amor" también conviven en nuestra ciudad |
Son pacientes que buscan reinsertarse. El programa que las contiene recibió un premio
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| Algunas de las pacientes que conviven
en nuestra ciudad. El programa fue recientemente reconocido
y premiado por una Fundación internacional que protege los derechos
humanos del enfermo mental. |
Como en la serie televisiva que popularizaron las actrices Leticia Brédicce, Julieta Díaz y Soledad Villamil -"Locas de Amor"- también en nuestra ciudad funcionan casas de convivencia que persiguen el objetivo de reinsertar a mujeres que han pasado la mayor parte de sus vidas en un centro de internación por problemas psiquiátricos. Y ese programa, dependiente de la Curaduría General de Alienados de la Provincia de Buenos Aires, fue recientemente reconocido y premiado por una Fundación internacional que protege los derechos humanos del enfermo mental. Se trata de las Casas de Medio Camino, el Centro de Día y las Casas de Convivencia.
En la zona de 19 y 48 pasa desapercibido uno de los establecimientos mencionados. La referencia es para la Casa de Medio Camino, que desde 1986 trabaja con personas que en su mayoría padecen "esquizofrenia" o "trastornos bipolares" y que, a pesar de gozar del alta médica y judicial, no tienen adónde ir.
La vida en los diferentes neuropsiquiátricos de los que provienen -llegan desde toda la provincia- dejan en todas ellas huellas que en un primer momento parecieran imborrables, pero que con el tiempo logran revertir, según lo señala la experiencia acumulada por las acompañantes psicoterapéuticas durante más de veinte años, y el propio premio otorgado por la Fundación Contener.
María Elena Canale, Rosana y Nancy Stancato y Mabel Buffa son las cuatro mujeres que llevan adelante el programa en nuestra ciudad. "Una vez que la Curaduría nos propone algún paciente, nosotros tenemos que evaluar si puede desenvolverse en la sociedad y salir del hospital en que esa persona está internada. Pero a partir de allí hay que esperar la decisión de los propios pacientes, porque algunos prefieren quedarse donde están y no tener que pensar en cómo se van a mantener afuera. Si aceptan nuestra propuesta, ingresan en la casa y allí permanecen durante un promedio de ocho meses. Aunque hay casos en que al cabo de tres meses pueden irse, y otros en que continúan hasta pasado el año y medio", cuenta Canale.
LA VIDA EN EL HOGAR
"Una vez en la casa -señala Rosana Stancato- el primer paso es que las pacientes que se suman se acostumbren a las que ya están y viceversa. Cada una de nosotras hace el seguimiento de una paciente en especial. En general elegimos a la persona con la que vamos teniendo mayor afinidad, y a partir de allí empezamos a trabajar con sus vecinos y su familia, aunque en general lo mejor es que no vuelvan a su núcleo original porque generalmente es fuente de problemas. Lo que sí es bueno es que sus familiares o allegados se hagan cargo en lo económico, y que los visiten".
Las cuatro acompañantes psicoterapéuticas de la Casa de Medio Camino coinciden en que luego de unos días de asentamiento se acerca la parte más dura del tratamiento: sacar a la luz los problemas de pacientes que, de no ser por esta oportunidad, se quedarían de por vida en un neuropsiquiátrico. Se trata de mujeres golpeadas, otras violadas sistemáticamente por familiares cercanos (padres, hermanos o tíos), algunas que sufrieron un momento determinante en sus vidas que las desequilibró, o quienes padecieron depresiones profundas. Esas son algunas de las situaciones que sufrieron quienes se alojan en este hogar con el objetivo de dar vuelta la historia, en una casa ubicada a no más de diez cuadras del centro platense.
"El mayor problema es la hospitalización, no la enfermedad -explica Nancy Stancato- porque ellas sienten la falta de contención y lo primero que debemos cambiar es el hábito que genera el encierro, por ejemplo estar sentadas diez horas sin hacer nada, y volver a relacionarse. Algunas de ellas tienen novio y otras, hijos".
"Algunas no saben ni siquiera qué es lo que quieren comer -agregó- no tienen deseo por nada, quieren un pantalón y cualquiera les da lo mismo. Por eso es importante que aprendan a trabajar en la personalidad y en los aspectos que las rodean".
La tarea llevada a cabo junto a los pacientes contiene una importante carga emotiva y así lo entienden las acompañantes. En ese sentido Mabel Buffa señaló que "nos encariñamos mucho con ellas en el tiempo que dura su estadía, aunque a veces nos tenemos que poner un freno para no perder la objetividad".
Las terapeutas platenses destacan que "a veces nos llaman a las dos o tres de la mañana porque alguna está descompensada y tenemos que venir, es parte de nuestra tarea. Una vez las chicas fueron a la panadería de la esquina, pidieron un cuchillo para cortar una torta y les dieron uno gigante. Un vecino vio pasar a una de ellas apurada con la supuesta 'arma', y nos llamó inmediatamente para decirnos que en la casa iba a ocurrir una desgracia. Pero cuando llegamos, las chicas estaban sentadas comiendo y no entendían el por qué de nuestra presencia. Es que al principio la gente de la zona estaba como alarmada en demasía, pero ahora están atentos a lo que pasa y nos ayudan en todo".
"En casi todos los casos -destacó Nancy Stancato- la paciente es emergente de una familia enferma, que fue víctima de malos tratos, y que vio o vivió situaciones que la dañaron. Por eso la idea es que comiencen a generar otros vínculos y que los afiancen; tienen tan instituido el encierro, que piden permiso para hacer algo, cuando en realidad son libres de irse y no volver. Se sorprenden cuando les permitimos salir, pero les pedimos que avisen si vuelven tarde porque las demás se preocupan...".
Las discusiones derivadas de la convivencia se dirimen respetando determinadas reglas. Mabel Buffa se encargó de resaltarlas: "No pueden dejar el tratamiento (están medicadas de por vida); deben participar de los talleres -costura, porcelana fría, bordado, huerta-; deben limpiar la casa, hacer los mandados y no disentir con sus compañeras".
EL PREMIO INTERNACIONAL
Eduardo Roveda, quien desde hace cinco meses es el responsable de la Curaduría bonaerense, destacó por su parte que "el premio consistió en una suma de tres mil dólares, otorgados por la Fundación Contener, que tiene sede en capital federal y que desde hace más de 20 años se dedica a los derechos humanos del enfermo mental, apuntando a que puedan vivir integrados a la sociedad, al igual que los objetivos de nuestros programas".
"En nuestro caso -agregó- el Centro de Día se utiliza para contener a los externados ambulatorios, mientras que en las Casas de Convivencia -en La Plata actualmente hay cuatro lugares con estas características- se sigue otro proyecto que no excluye a los anteriores".
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