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Lunes 21 de Noviembre de 2005
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La remontada de River tuvo punto final en La Paternal
No pudo sostener la racha ni la ilusión ante un Bicho ganador

Un intento de Marcelo Gallardo que no prosperará. River venía con todo, pero Argentinos lo frenó y sacó de la pelea por el título.

El milagro de River pegó en el palo. Este equipo de Mostaza Merlo que hace un par de meses estaba a 10 puntos de un Boca arrollador, ayer pudo consumar la hazaña de conversar con los habitantes de la punta, pero se le quedó al costado del camino la ilusión. Esta vez volvió a parecerse al equipo de los días grises y por eso no pudo seguir con su racha valiente de cuatro triunfos. Le paró el carro de la victoria un Argentinos metedor, con actitud y orden táctico, esas mismas armas que el Millo había usado para llegar a esta estación esperanza en la que ya no hubo lugar para sus sueños de campeonato.

Una bomba de Pisculichi, los palos amigos entrañables de Pontiroli y cierto desorden de juego les taparon los ojos a River y le enceguecieron las virtudes que arrastraba de las victorias arrogantes y goleadoras de los buenos y cercanos tiempos. Argentinos, en cambio, planteó un partido de presión, de cancha ancha, de marca certera y, sobre todo, de actitud ganadora. Ese paso al frente, obligó a River al paso atrás y a nunca poder enarbolar la bandera de candidato para la recta final del torneo.

Ya todo arrancó extraño, mal barajado para River. Sin Zapata de nuevo, sin Falcao lesionado y con dos cambios de último suspiro como el de Alvarez por una molestia y el de Mareque por razones de Mostaza, no arrancó bien el asunto. Porque Gerlo y Patiño -los reemplazantes- sufrieron los días sin jugar y Argentinos fue a buscar por ese lado del campo, para agrietarle más la herida al equipo de Mostaza. Córdoba y Pisculichi en el primer cuarto de hora masticaron la zona débil y River sufrió.

DE IZQUIERDA A DERECHA

ENÞ La movían por la izquierda y la sacaban a la derecha donde Machin, casi como un añejo puntero derecho, apareció primero para darle recto al arco y luego para el centro atrás. En la primera Lux no dio chances, en la segunda fue Kaviedes quien esta vez la tiró afuera. Estaba mejor armado Argentinos y River -que llegaba poco- encima sufría el paso adelante de los centrales que les dejaron fuera de juego las primeras llegadas a Farías y Montenegro.

Otro zarpazo de Córdoba desde lejos asustó a Lux y ahí se paró el Bicho y creció un poco River, ya faltaba poco para el final de la etapa inicial. Fue cuando Patiño en su única intervención para elogiar, reventó el palo de Pontiroli que ya pensaba en sacarla de adentro. Luego un tiro de Montenegro cercano al peligro, otro de Santana y uno más de Gallardo. Nada del otro mundo, pero al menos River salía de zona defensiva y se iba al vestuario más entonado que como había iniciado las acciones.

Pero el segundo tiempo fue una copia exacta del nacimiento del primero. Argentinos lo fue a buscar con la llama ardiente del triunfo y River, otra vez, mojado y apichonado. Pérez Castro le dio desde afuera y Lux en dos tiempos le bajó el perfil al tiro. Pisculichi en dos acciones individuales que terminó mal por egoísta siguió dándole méritos al Bicho. La respuesta de River asomó con dos definiciones muy malas de Montenegro desde zona roja, donde no se puede ni se debe fallar.

EL UNICO GRITO DE GOL

A falta de segundos para el cuarto de hora, Machín fue al frente, robó y buscó el área, lo bajaron y de ahí nació el gol. Lo hizo Pisculichi con un cañonazo desde 25 metros que estalló en el ángulo derecho de Lux. Los dos mejores jugadores del partido le daban registro de propiedad a la victoria parcial y al final definitivo de Argentinos. River, que había jugado de a ratos y que nunca le sacó del buche el dominio del partido, iría con más gente que ideas a cambiarle el final antipático a la tarde.

Mostaza no tardo de arrear al equipo para adelante con el ingreso de dos delanteros. Así pasó de atacar con uno -Farías-, a ir con cinco en busca del gol. Demasiado cambio de libreto para ser asimilado en tan poco tiempo. Igual, de tanto amontonar casi saca sus frutos; pero otra vez el palo no lo dejó ser feliz. Primero a un tiro libre de Gallardo, con comba, encantador por la parábola y por la mirada nerviosa del arquero, que dio en el punto exacto donde se unen el travesaño y el palo. Ni el pique le quedó a River.

Ya estaba fuera de vidriera la victoria para River, que ni con esa jugada de Oberman que también dio en el palo podía, al menos, sumar para no perder la hidalguía de la pelea. El final fue de puro aguante para el Bicho que hizo de su defensa una pared de acero y de sus ganas una virtud que le daría razones fuertes para festejar el triunfo al que nunca le sacó la vista de encima.

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