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| Cada vez son más las mujeres que llegan a la cima del poder |
Se trata solamente de una ficción, aunque muchos ven cada vez más cerca la posibilidad de que en poco tiempo pueda hacerse realidad. "Commander in Chief" (Comandante en Jefe, en castellano) es una de las series de televisión norteamericana más vistas en el último tiempo. Narra la historia de Mackenzie Allen, una mujer casada y con hijos que se convierte en la primera presidente de los Estados Unidos.
Aunque al programa no le falten críticos, sus defensores aseguran que "Comandante en Jefe" _que ocupa los primeros puestos en los cómputos de audiencia- ayudó a instalar el debate sobre el grado de preparación de la sociedad norteamericana para tener un presidente del sexo femenino.
Es que la posibilidad de que el cargo político más importante del mundo sea ocupado por una mujer está hoy más firme que nunca. La ex primera dama Hillary Clinton (una fuente de inspiración para los guionistas de la serie) parece convertirse día a día en una de las candidatas con mayores chances para representar al Partido Demócrata en las próximas elecciones. Y la actual secretaria de Estado de la administración de Bush, Condoleezza Rice, podría ser la postulante presidencial de los republicanos. Se plantearía así un inédito duelo entre mujeres por la presidencia de los Estados Unidos. Hasta hace poco, tal posibilidad sólo parecía reservada a una serie de ficción como la que cosecha ráting en estos días.
Pero el avance de las mujeres en el escenario político no es, ni mucho menos, un fenómeno exclusivo de los Estados Unidos. En todo el mundo, pero sobre todo en Europa y América Latina, se rompen día a día las "barreras de cristal" que marcaban un límite a su participación en esferas importantes de decisión.
Las encuestas de opinión pública en Chile señalan que la candidata socialista Michelle Bachelet podría convertirse en la primera mujer electa presidenta de ese país en las elecciones de la semana próxima. Algo que ya logró la demócrata cristiana Angela Merkel, que fue elegida canciller de Alemania en las últimas elecciones.
Y son sólo dos ejemplos. Hay, en el mundo, otras cuatro mujeres primeras ministras (en Nueva Zelanda, Bangladesh, Sao Tomé y Mozambique) y cinco mujeres presidentas (en Filipinas, Finlandia, Irlanda, Letonia y Liberia).
EL FENOMENO EN ARGENTINA
En nuestro país, esos límites invisibles volvieron a ser rotos esta semana, con las designaciones de Felisa Miceli y Nilda Garré al frente de los ministerios de Economía y de Defensa, dos espacios que hasta ahora habían sido ocupados exclusivamente por hombres y cuya identificación con el género masculino era muy estrecha.
Sus sorpresivas designaciones, además, cooperaron para desterrar la idea de que el espacio en la política para la mujer podía estar exclusivamente ligado a las tareas sociales o educativas, casi como una extensión del desempeño doméstico.
Aunque las puertas del escenario político se abrieron hace ya más de cinco décadas en Argentina, con el nacimiento del voto femenino, estos años marcan un período inédito en el país. En los últimos comicios, el distrito más importante estuvo disputado por dos mujeres: Cristina Fernández de Kirchner e Hilda "Chiche" Duhalde. En las elecciones del 2003, una de las principales candidatas fue una mujer, Elisa Carrió.
El panorama se completa con la presencia de dos ministras en la Corte Suprema de Justicia, Elena Highton de Nolasco y Carmen Argibay Molina. Se trata de dos juristas con un currículum notable que, con todo, debieron sortear severas resistencias para acceder al máximo tribunal.
Por supuesto que la gravitación femenina en la política argentina no es un dato reciente. En la historia descolló Eva Perón pero también hubo otras figuras muy destacadas como, por ejemplo, la de Alicia Moreau de Justo. Entre los antecedentes de las últimas décadas habría que recordar que el país fue gobernado por una mujer, Isabel Martínez, entre el 74 y el 76. Y, ya en una etapa reciente, el fenómeno político de la Alianza fue protagonizado -en buena medida- por Graciela Fernández Meijide, quien ganó la elección legislativa del 97 -también un duelo entre mujeres-, aunque luego (en el 99) fue derrotada como candidata a gobernadora bonaerense. Pero fue en los últimos años que esta tendencia se acentuó y el protagonismo femenino se extendió a todos los niveles de la política, al mismo tiempo que se reflejaba en posiciones de poder de los ámbitos empresario, profesional y de organizaciones comunitarias.
Los especialistas coinciden en que este fenómeno está directamente vinculado a los profundos cambios culturales que han transformado el rol social de la mujer. Y lo ven como una tendencia natural a partir del espacio que ha conquistado en todos los órdenes laborales. Una clave -señalan- reside en el acceso masivo de la mujer a la universidad, que la proyecta en igualdad de condiciones para competir por espacios de conducción y liderazgo.
"NO TIENE TECHO"
"El ascenso de las mujeres a espacios importantes de poder es un fenómeno que llegó para quedarse y que no tiene techo". Para el sociólogo platense Carlos Núñez Padilla, la "ineludible tendencia" está relacionada con la necesidad social de rescatar valores perdidos durante el mandato masculino.
"Ante la degradación y el desgaste del género masculino en la política, las mujeres han aparecido como portadoras de la posibilidad de contar con una reserva moral. Y esto es muy importante, tanto social como culturalmente", afirma. El mejor ejemplo de esto, explica, fue la disputa entre la primera dama y su antecesora por una banca en el Senado en representación de la provincia de Buenos Aires.
CUPO FEMENINO
Para Núñez Padilla, como para muchos analistas, el cambio radical en la dinámica de la participación de las mujeres en la política argentina se produjo en 1991, con la sanción de la ley de cupo femenino, que obligaba a los partidos políticos a reservar espacios para ellas en las listas de candidatos.
La norma estableció que las nóminas propuestas por los partidos políticos debían tener mujeres en un mínimo del 30 por ciento de los candidatos a los cargos a elegir y en proporciones con posibilidades de resultar electas.
Con todo, dirigentes como la líder del ARI, Elisa Carrió, aseguran que a pesar de la vigencia de la norma, los partidos políticos no han modificado sustancialmente sus métodos de elección de candidatos, donde en muchos casos, denuncia, se sigue viendo al cupo como un "bien ganancial" por parte de dirigentes que eligen a esposas, hijas o hermanas.
Más allá de las críticas, para muchos analistas, como el sociólogo Núñez Padilla, el avance del sexo femenino a la cima del poder ha hecho perder casi por completo el sentido de mantener una ley que asegure una presencia que las mujeres parecen haber ganado por mérito propio.
QUE PUEDE CAMBIAR
Los especialistas también destacan que la creciente incorporación de la mujer a cargos políticos de primera línea genera cambios entre los que destacan la inclusión de nuevos temas en la agenda pública; la capacidad de establecer redes que rompen con las visiones corporativas más ligadas a las formas tradicionales (y masculinas) de hacer política y una mirada distinta sobre los temas comunes, asociada a la historia cultural de la mujer.
Estela Díaz es secretaria de Igualdad de Género de la CTA y desde ese puesto estudió el efecto de la incorporación de la mujer a la política distinguiendo, por ejemplo, que fue a partir del acceso de numerosas mujeres a distintas legislaturas que nuevos temas comenzaron a formar parte de la agenda pública.
Menciona los casos de la violencia contra la mujer y los derechos reproductivos como los típicos, pero destaca que además de los tópicos característicamente femeninos, las agendas se enriquecieron con otros aportes entre los que destacan los temas sociales.
Para la dirigente, la llegada de mujeres a áreas del quehacer político consideradas hasta estos días eminentemente masculinas (como Economía o Defensa) son el resultado de "un largo acumulado de participación política, social y académica que se remonta a la década del '60".
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