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Domingo 14 de Mayo de 2006
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Chicos medicados: usar psicofármacos, una llamativa cosa de niños
A tono con una tendencia mundial, en nuestro medio cada vez son más los padres que medican a sus hijos con drogas psiquiátricas. Ya sea para intentar aliviar el estrés infantil o combatir el llamado déficit de atención, la costumbre de tener remedios "para la conducta del nene" se torna repetida y enciende el debate entre los especialistas

Tenía apenas 10 años cuando Santiago dejó de jugar a la pelota en el club del barrio y empezó con repetidos problemas de conducta en la escuela. "Le pegaba a sus compañeritos y no quería hablar con nadie", cuenta ahora su mamá, quien, al igual que el padre, prefiere no ser identificada. Luego de algunas consultas psiquiátricas, los padres decidieron aceptar la decisión de un profesional y comenzaron a darle a su hijo un psicofármaco para que, según cuentan, pudiese salir de ese profundo estado depresivo con el cual había sido diagnosticado. "Hace ya ocho meses que Santi no lo toma pero en su momento le hizo muy bien. Al principio con el papá dudamos bastante, pero creímos que era lo mejor para él y ahora estamos seguros de que no nos equivocamos".

Si bien la historia de Santiago podría leerse con un final tranquilo y relativamente bueno, lo cierto es que no son pocos los que aseguran que el uso de drogas psiquiátricas en menores sólo sirve para tapar problemas de fondo, ya que los trastornos de conducta del chico, al fin y al cabo, no son más que una señal de algo que le ocurre y lo expresa del modo que puede. Con todo, en nuestro país los casos de chicos con problemas como depresión, estrés, déficit de atención o hiperactividad tienden cada vez más a recibir tratamientos con psicofármacos, una modalidad que surgió en Estados Unidos y que, día a día, suma aquí varios adeptos.

"El riesgo de la medicación sin considerar las circunstancias particulares de cada niño -apunta la psicopedagoga Cecilia Traversa-, los expone al riesgo de maquillar su verdadera problemática, los margina de su desarrollo pleno y los transforma en sujetos dependientes de insumos químicos que por acostumbramiento su cerebro ya no podrá compensar".

Pese a que en la Argentina no existen aún registros centralizados ni sistematizados del consumo de ese tipo de medicamentos por edades, los especialistas consultados por este medio reconocen un alza llamativa en la tendencia a medicar con drogas psiquiátricas a chicos de apenas ocho, nueve o diez años.

"Para medicar a un chico con drogas psiquiátricas tiene que haber un trabajo previo muy serio y responsable", asegura la doctora Ana Girardelli, jefe del servicio de Toxicología del Hospital de Niños, y agrega que "los niños medicados con psicofármacos están en riesgo cuando el diagnóstico es eventual, cuando el tratamiento no es controlado en forma periódica y, por supuesto, cuando la prescripción no es profesional".

De acuerdo a una estimación de la Organización Panamericana de la Salud, en América latina al menos el 5 por ciento de la población infantil con trastornos mentales requiere del consumo de psicofármacos. Pero algunos especialistas notan que el fenómeno tiene otras aristas aún más preocupantes: "También hay muchos casos de chicos que se automedican", reconoce Gloria Portillo, jefa del servicio de guardia del Hospital de Niños, y agrega: "el alcoholismo y el abuso de psicofármacos en menores son fenómenos que lamentablemente crecen cada día con más fuerza".

Fenómeno relativamente nuevo, recién en los últimos años se empezó a estudiar a fondo los efectos de los psicofármacos en los chicos. Antes, se asegura, sólo extrapolaban los datos que se tenían sobre los grandes a los chicos y, a partir de ahí, se hacían proyecciones que no siempre lograban dar en el clavo del problema. Ahora, dicen, las cosas son distintas: se sabe que los chicos metabolizan los medicamentos de un modo más rápido y que, por lo tanto, necesitan de más dosis. Eso, inevitablemente, obliga a que cada medicamento y cada caso tenga un seguimiento específico.

Según Traversa, sin embargo, antes de la facilidad de la medicación "es conveniente realizar un diagnóstico familiar, escolar, social y psicopedagógico que ponga en valor las circunstancias que pueden estar afectando su normal proceso de adaptación a la complejidad de la vida moderna, para adoptar así las medidas terapéuticas más convenientes preservando los derechos del niño".

De acuerdo a lo que apuntan muchos profesionales, hace veinte años atrás medicar a un niño era considerado como una falta ética reprochable desde todo punto de vista. Hoy, sin embargo, se conoce más la biología del cerebro y es posible recurrir a tratamientos con medicaciones que, según algunos, son cada día menos tóxicas.

"Antes de cualquier medicación es primordial la realización de un psicodiagnóstico que permita definir estructura de personalidad, limitaciones psicofísicas y posibilidades para definir el abordaje terapéutico", apunta la psicóloga Laura Mariani, especialista en adolescencia y familia y para quien recién desde ese diagnóstico presuntivo "el psicólogo indicará, de ser necesario, la interconsulta con el psiquiatra o neurólogo para corroborar y atender los aspectos relacionados con elementos orgánicos o funcionales detectados".

Claro que no son pocos los profesionales que destacan que no todos los casos de chicos con problemas en su conducta deben ser medicados. Desde la dirección de Investigación y Docencia de la Fundación TDAH, por ejemplo, se asegura que sólo el 50 por ciento de los casos de déficit de atención necesitan de un fármaco y que, incluso, el tratamiento no debe consistir únicamente en el medicamento: según se explica, los padres deben recibir un entrenamiento especial en determinados casos y los docentes pueden incentivar al chico a participar más en clase sin que se deba caer necesariamente en la medicación.

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