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Domingo 14 de Mayo de 2006

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Arroyos de La Plata, ¿futuros Riachuelos?

El arroyo El Gato, a la altura del cruce con las vías del ferrocarril. Es uno de los tramos más contaminados por el vuelco de basura, de desechos orgánicos y de residuos industriales. 

Aunque no hay cálculos oficiales, se estima que cerca de 75 mil personas habitan en la zona de influencia del arroyo El Gato, el mayor curso de agua de la Región, con 35 kilómetros de longitud. Son vecinos de Lisandro Olmos, Melchor Romero, Ringuelet, Tolosa y Punta Lara.

En mayor o menor medida, esa población está expuesta a los innumerables inconvenientes sanitarios que trae aparejado convivir con un arroyo en el que -según las últimas investigaciones científicas- ya no hay ningún atisbo de vida.

Próximo a convertirse en un émulo platense del Riachuelo, el arroyo El Gato es, quizás, el máximo ejemplo de abandono, descuido y falta de control sobre los factores contaminantes de los cursos de agua. Sin embargo, no es el único. La mayoría de los otros arroyos importantes de la Región se encamina inevitablemente a una situación similar si no se implementan medidas que modifiquen su situación actual.

El diagnóstico es compartido por biólogos, ingenieros, químicos y sanitaristas que dibujaron un escenario preocupante sobre la situación ambiental de los cursos de agua de La Plata.

Aunque el "aporte" de los vecinos que arrojan desechos domiciliarios o que utilizan -en algunos casos- los arroyos como desagote de sus precarias instalaciones sanitarias no es menor, los expertos no dudan en señalar que los dos mayores responsables del grado de contaminación que presentan los cursos de agua platense son las numerosas empresas que vuelcan clandestinamente sus residuos industriales y el Estado, que debería aceitar sus controles.

Los principales perjudicados son las decenas de miles de vecinos que viven en las zonas aledañas a alguno de los seis arroyos más importantes de la Ciudad: El Gato, el Maldonado, el Don Carlos, el Martín, el Carnaval y el Rodríguez. Es que, en niveles más o menos elevados, todos los cursos presentan algún nivel de contaminación.

Para ellos, las amenazas son varias. Es que las condiciones ambientales son propicias para la transmisión de parasitosis -especialmente entre los más chicos- y para la aparición de diarreas severas, tanto agudas como crónicas, según explica el jefe de Gastroenterología del Hospital de Niños, Eduardo Cueto Rúa.

ARROYO MUERTO

A la hora de realizar un diagnóstico general del estado de los arroyos de la Región, surge un dato que -de acuerdo a la opinión de los técnicos consultados- habla a las claras sobre la indiferencia que genera el problema. Ningún organismo de la Municipalidad de La Plata ni del gobierno de la provincia de Buenos Aires ha realizado un estudio comparado de los niveles de contaminación de los cursos de agua que van desde Villa Elisa hasta las localidades del sur de la Ciudad.

La única excepción es una investigación que realizaron los profesionales de la Unidad de Gestión Ambiental de la facultad de Ingeniería de la UNLP sobre la cuenca del arroyo El Gato a pedido de la Comuna "para ver qué medidas pueden adoptarse", según explicaron.

El estudio -que fue enviado además a la Secretaría de Política Ambiental de la Provincia- dibuja un panorama desalentador sobre el estado de ese curso. Tras identificar minuciosamente las fuentes de vuelcos de residuos, los puntos donde existen cloacas domiciliarias que van a parar al arroyo y los efluentes industriales, el trabajo concluye en que en las zonas más urbanizadas El Gato ya es un arroyo muerto.

Aunque asegura que la gran mayoría de los arroyos de la Región están "en mal estado", el ingeniero Marcos Cipponeri -responsable de esa investigación- dice que sólo puede remitirse "con datos específicos" a lo que sucede en ese curso estudiado.

"Uno de los valores que medimos es el oxígeno disuelto en el agua, que indica la posibilidad de vida. En la zona más urbanizada, entre los caminos Belgrano y Centenario, el nivel da cero. Es decir, que a esa altura está muerto, porque perdió la capacidad de brindar un servicio ambiental", explica.

Para Cipponeri, los problemas que afectan a ese curso son los conocidos. "En primer lugar, aparecen los vuelcos de las industrias. Pero el otro gran problema son los asentamientos urbanos en lugares en los que no deberían estar", apunta.

Otro estudio encarado por un centro de investigación de la UNLP también da cuenta de los elevados niveles de contaminación orgánica que presenta el arroyo El Gato. Es el que elaboró en 2002 el doctor en Química Lázaro Cafferata y que este año fue publicado en la revista de la Sociedad Argentina de Química.

"Las conclusiones -detalla Cafferata- son claras. En los tres tramos que tomamos para monitorear el curso hay presencia de los 12 elementos contaminantes que intentamos detectar. Aunque con una particularidad: a medida que el arroyo baja, es decir, a medida que se acerca a su desembocadura en el río, los niveles de contaminación son menores, como si el Gato se descontaminara solo".

De acuerdo al estudio, en las aguas de El Gato hay presencia elevada de hidrocarburos totales, de fosfatos (sobre todo en las regiones más cercanas a la zona de quintas, donde se usan fertilizantes y pesticidas), benceno (que podrían venir del desecho de materias orgánicas) y sulfuros totales, que son los que provocan el olor nauseabundo, entre otros elementos.

DE NORTE A SUR

Alejandro Mariñelarena, biólogo del instituto de Limnología de la UNLP e investigador del Conicet llegó -luego de un trabajo sobre los arroyos de la Región- a las mismas conclusiones que Cipponeri en cuanto al estado del Gato. "Tiene niveles cero de oxígeno, lo quiere decir que no tiene vida. Está en una condición terrible", asegura.

Aunque la situación que presenta el Gato es la más preocupante de todas, en los arroyos del norte de la Ciudad, dice, las condiciones tampoco son las mejores. "Estudiamos el canal Villa Elisa, que comprende el Carnaval, el Azul y el Martín, y el Rodríguez, en City Bell. Y lo que surgió es que todos presentan signos de contaminación, aunque más atenuados en los que se ubican al norte", explica.

"En algunos tramos del curso del Carnaval y el Martín, el arroyo está muy limpio y el agua no está contaminada. Esto se debe básicamente a la tarea de los vecinos y a que en ellos prácticamente no hay vuelcos industriales", asegura.

Pero en el arroyo Rodríguez, de City Bell, la situación comienza a empeorar. "Hay señales de que alguien está volcando cosas. Lo que surgió del estudio es que de acuerdo a los niveles de oxígeno disuelto el arroyo está recibiendo carga orgánica, es decir, desechos.

"Lo que observamos -explica Mariñelarena- es que si tomamos los arroyos de norte a sur, empezando por los de Villa Elisa, el problema de la contaminación va empeorando. Esto tiene que ver, también, con el tema de la urbanización y la cuenca de drenaje de los arroyos. El agua de lluvia fluye y, en el camino, lava el suelo hasta llegar a la cuenca del arroyo. Si lo que hay en el camino es basura, entonces va a llevar basura al arroyo".

Desde la dirección de Hidráulica de la Municipalidad, Luis Carusso plantea la misma ecuación: "Cuanto más influencia urbana, más contaminación tienen los arroyos", explica.

El arroyo Maldonado, en el extremo sur de la Ciudad, es otro de los que -reconoce Carusso- presenta niveles de deterioro. "Pero en este caso, la influencia se da mayormente por la falta de tratamiento de los efluentes cloacales de las muchas viviendas que están asentadas sobre la planicie inundación y no tanto por el vuelco de industrias".

PRIMERO, NO CONTAMINAR

En busca de respuestas y soluciones para revertir el lento pero progresivo proceso de deterioro de los arroyos de La Plata, todos los expertos técnicos y funcionarios consultados comparten la misma fórmula. Primero, dicen, hay que cortar cuanto antes las fuentes contaminantes.

Así lo afirma, por caso, Marcos Cipponeri, del departamento de Hidráulica de Ingeniería de la UNLP. "Con el tema de la contaminación de las aguas en Argentina tenemos siempre el mismo problema. Intentamos primero controlar el cuerpo receptor y no las fuentes de contaminación. El ejemplo claro es aquel famoso plan de limpieza del Riachuelo en mil días. Aunque se gasten millones de dólares para drenarlo y limpiarlo los problemas no van a desaparecer si no se controlan los vuelcos de desechos", explica.

Para cortar las fuentes emisoras de contaminación, opina, lo primero que hay que hacer es plantear modificaciones para que se traten los efluentes de las industrias, un proceso que se conoce como "producción saludable". "Es un paso complicado -admite-, pero que es absolutamente necesario para detener y revertir el proceso de contaminación".

"Si se cortan las fuentes de contaminación, las posibilidades de que los arroyos se purifiquen están intactas, porque todos los cursos de agua tienen una capacidad de depuración importante".

El biólogo Alejandro Mariñelarena opina exactamente lo mismo. "En el plano de las soluciones, lo primero que hay que hacer es dejar de contaminar. Si se cortan las fuentes de contaminación, el impacto se puede remediar. Cuando uno mira un arroyo y lo ve turbio, con un aspecto gris y con olor fétido, tiene que saber que éso se origina con elementos contaminantes orgánicos. Y todo arroyo es capaz de remediarse a sí mismo si se le da un tiempo".

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