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Martes 30 de Mayo de 2006
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Devastador ataque a la Escuela 14 de Ensenada

Las escuelas de la Región siguen siendo castigadas por los robos y el vandalismo. Ayer le tocó el turno a la EPB Nº14 "José Hernández", de El Dique, que sufrió la pérdida de equipamiento de cocina y computación, material didáctico y mobiliario. El saqueo fue perpetrado por un grupo de personas que ingresó al edificio de 126 entre 38 y 39 en las primeras horas de la madrugada.

Apenas habían pasado las tres de ayer cuando el llamado telefónico de un vecino alertó a la policía acerca de la presencia de sospechosos escapando por los techos y los muros perimetrales de la escuela. Cuando los efectivos policiales llegaron al lugar, acompañados por la directora Gilda Farías, el panorama con que se toparon fue desolador: vidrios rotos, aulas y dependencias desordenadas, carpetas y planillas por el piso.

El teléfono fue arrancado de su terminal, y la cocina despojada de cuatro enormes ollas y numerosos utensilios con los que se preparan los menúes diarios. De la dirección fueron sustraídas una computadora personal completa con impresora, un centro musical y cajas de útiles.

Los ladrones, al parecer, forzaron la puerta de uno de los pasillos troncales con una barreta y luego rompieron cerraduras y vidrios para acceder a la dirección y la cocina. También revisaron los muebles y anaqueles de las aulas.

A la escuela "José Hernández" concurren 90 chicos procedentes de enclaves extremadamente humildes en los barrios ensenadenses Villa Catella y San José. "Estamos trabajando para crecer en matrícula, convocando cada vez más chicos del barrio, y estas cosas son un golpe muy duro. Pero no vamos a dejar que nos tiren abajo" señaló Gilda Farías.

La mujer, que encabeza desde hace poco menos de dos meses un plantel docente integrado por cinco maestras -además hay otros tantos auxiliares-, subrayó que "nos dejaron sin casi nada, pero de alguna manera vamos a alimentar a los chicos, aunque sea con un sandwich".

"Tratamos de no suspender las clases" explicó la titular del establecimiento educativo -que funciona en un solo turno, a la tarde-: "porque que no haya clases no significa solamente que los alumnos no aprendan, sino además que muchos se pierdan sus únicas comidas del día: el almuerzo y la merienda completa que reciben en el colegio; hoy" -por ayer- "les tocaba risotto, por ejemplo".

El cocinero de la escuela, Ramón Martínez, fue uno de los primeros vecinos en radicarse en la zona; hace dos décadas, en 40 y 125. "Veinte años atrás, acá había sólo campo" recuerda: "durante la segunda mitad de los '90 se pobló todo, en cinco años y de forma explosiva; algunas manzanas, de un día para el otro". Hoy viven centenares de familias en la extrema pobreza y sin servicios esenciales.

Con extensa experiencia en el establecimiento educativo, Martínez y sus compañeras de trabajo recuerdan varios antecedentes de ataques y robos; uno de ellos ocurrió en febrero pasado; otro hace dos años, cuando hubo un incendio en un consultorio odontológico que funcionaba en el lugar.



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