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Domingo 22 de Octubre de 2006
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Muñecas Bravas
Hasta no hace mucho la música popular reservaba a la mujer el rol casi exclusivo de cantante. Hoy proliferan en La PLata las bandas integradas solamente por chicas que se abren camino en un medio que se debate entre el prejuicio, la sorpresa y la devoción. La tendencia se expande en distintos géneros, desde el folclore hasta la cumbia, la murga y el rock. Las protagonistas del fenómeno aseguran que se las evalúa más que a los varones, se preocupan menos por el virtuosismo instrumental que por hacer una música "que transmita", dan una relevancia especial al aspecto visual de los shows, reconocen que los grupos femeninos terminan convirtiéndose en "espacios de terapia" para sus integrantes y se sienten a la vez pioneras y mimadas

Por OMAR GIMENEZ

"¿Che, cuándo van a hacer camarines para mujeres, con espejos y un baño cerca?", pregunta Mercedes, la pianista de Les Minon, en el entreacto de uno de los shows de la banda, casi resignada a que la infraestructura de los boliches corra con desventaja frente a un fenómeno que tomó a muchos por sorpresa: la irrupción creciente, en el ámbito de la música popular y en La Plata, de bandas integradas total o parcialmente por mujeres. Parece lógico: en esos mismos espacios, hasta hace pocos años, la mayoría de los que ultimaba detalles para los shows eran varones, menos interesados en elementos como los espejos. Ahora es creciente el número de chicas que los transitan. Y ya no son sólo cantantes. Hay con igual frecuencia guitarristas, bateristas, saxofonistas, percusionistas... Toda una troupe de mujeres que, haciendo caso omiso a los dictados y tradiciones de un medio en el que durante años predominaron los hombres, salieron a pelear un espacio en el marco de una aventura en la que se sienten pioneras.

Pasa en distintos géneros de la música popular. En el rock, sí, pero también en el folclore, la cumbia y hasta la murga. Y no extraña a los críticos, que entienden que así como la mujer avanzó sobre otros territorios que antes le estaban vedados, tenía que comenzar a hacerlo alguna vez en el de la música popular. Aunque para eso tuviera que luchar contra tradiciones tan arraigadas como infundadas, como la que durante décadas vinculó a la nocturnidad con prejuicios morales o la que instaló en el imaginario colectivo la idea de que el acceso a determinados instrumentos -como la batería, la percusión o los vientos- estaba restringido a las mujeres por una cuestión de aptitud física.

Muchos de esos preconceptos mantienen, en mayor o menor grado, su vigencia, según dicen las chicas protagonistas del fenómeno, que puestas a analizarlo, destacan cómo se las recibe en el medio. Dicen , por ejemplo, que se sienten más evaluadas que los hombres, tanto por el público como por los otros músicos. Que hay quienes las subestiman cuando encaran cuestiones extramusicales inherentes al funcionamiento de una banda, como conseguir fechas o tratar con sonidistas y bolicheros. Y, aunque admiten ser menos organizadas que los hombres, aseguran que en el seno de sus bandas hay menos competencia y más contención que en las que integran sólo varones o las mixtas. Reconocen a su vez que se interesan menos por el virtuosismo instrumental que los varones y que les importa más "transmitir". Al mismo tiempo ponen de relieve un interés mayor por el aspecto visual de las presentaciones. Alcanza con un dato: algunas de las bandas, no tienen sonido propio, pero sí maquilladora.

El fenómeno de las bandas de mujeres tiene otro costado llamativo y es el poder de convocatoria. Allá donde tocan, llenan de un público donde los varones suelen ser mayoría. "Las chicas van porque se sienten identificadas", dice Rhonda, la bajista de Dirty Diamonds, una banda de Neo Swing que reúne a una decena de mujeres. Lo de "ellos" es ambiguo, sostiene Laura desde Sucias Nenas, un grupo de punk-rock conformado íntegramente por chicas: "nos critican, dicen que lo que hacemos es basura, que somos unas gordas que usamos ropa de leopardo y que sólo tocamos porque somos novias de rockeros. Pero a la vez flashean y al próximo recital vuelven. Y al otro. Y al otro. Siempre que tocamos llenamos".

Los estudiosos del fenómeno aportan otro dato. Y es el plus de erotismo que supone para el varón, ver a una mujer ocupando roles inusuales sobre un escenario. Pero hay otras lecturas. Para Fernanda López Camelo, cantante de Dirty Diamonds, el éxito de convocatoria no es más que otra expresión de machismo: "vendemos porque somos minas. No importa cómo suenes. Eso sí es machista. El ser sólo mujeres ya es un show".

La irrupción femenina comenzó a notarse hace unos cincos años y nunca fue tan visible como en estos días en La Plata, dicen las chicas. Grupos como Les Minon (cumbia y música festiva); Dirty Diamonds (Neo Swing); Sucias Nenas y Utopía (punk-rock); Fulanas Trío (folclore) y la murga La Gran Puta -integrados todos sólo por mujeres- conviven en los escenarios platenses con otros que sumaron en los últimos tiempos chicas instrumentistas, como el Taboo de Flavio Casanova (rock) o el grupo Del Revés (latino).

Quedan, no obstante, espacios a conquistar y las chicas lo saben. El más duro, el del jazz, donde tanto las audiencias, como los músicos, son mayoritariamente masculinas. El lugar de la mujer, como en los viejos tiempos, como en la tradición más dura de la música popular, es el de la cantante. O como dice Constanza, guitarrista de Dirty Diamonds, imitando el tono peyorativo que se acostumbró a escuchar a su paso por bandas mixtas: "el de la minita que canta". La misma Constanza reconoce que aunque se siente capacitada técnicamente para participar de una jam (sesión de improvisación jazzística) con hombres, no se animaría a hacerlo. "Me da pavor, porque si normalmente nos sentimos expuestas, al tener que improvisar esa sensación sería mayor".

LA COSECHA DE MUJERES NUNCA SE ACABA

"¡¡¡Estamos On Fire!!!!!! La frase es un caballito de batalla para Maisa Bohé, una de las voces y show-woman de Les Minon. La repite durante un show en el que no para nunca: arremete con una cumbia o un tema de Rafaella Carrá, toca instrumentos percusivos, acota imitando el tono adocenado de las conductoras de programas televisivos para la mujer o se zambulle en la audiencia, que saluda a la banda de chicas con un gesto que une los pulgares y los índices formando un rombo. Abajo del escenario, un día de semana y a pleno sol, la imagen de Maisa tiene más que ver con su otra faceta, la de profesora de canto, a la que también se dedica.

"Y sí, hay una lucha por los espacios de las mujeres, por tener protagonismo, que es secuela de situaciones políticas y sociales anteriores en que carecían de esos espacios. Hay también más chicas haciendo cosas, dispuestas a comprometerse, con una mayor necesidad de decir. Pero también hay montones de personas que están tratando de generar nuevas formas de vida superadoras de ese tipo de dicotomías: hombre-mujer, música académica, música popular", dice Maisa.

Junto a Julia Casale Loiácono, la percusionista de la banda, cuentan que Les Minon nació de la iniciativa de un grupo de amigas vinculadas a la murga "Tocando Fondo". ¿El objetivo? Divertirse y reivindicar -a pesar de que muchas vienen del rock y otras reconocen una formación académica- la música "fiestera". Sobre todo la cumbia, un género al que consideran injustamente denostado.

La banda está formada por ocho mujeres -Bohé, Casale Loiácono, Daniela Rodriguez (saxo, flautas, coros y güiro); Julia Durán (guitarra); Mercedes Lezcano (piano); Leticia Carelli (bajo); Eva Basterra (voz y percusión) y Ana Bastello (timbaletas y bongó)- y fue recientemente invitada a participar en Chile de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Casale Loiácono dice que desde chica notó el peso de las tradiciones y los prejuicios que alejaron durante años a las chicas de algunos instrumentos: "Mi mamá me mandaba a estudiar flauta traversa harta de que hiciera ïcosas de varonesï".

Pero Julia, siempre que podía, se escapaba a la casa de una amiga que tenía un hermano baterista y "se colgaba" en ese mundo de palillos, parches y platos. A los 17 ya tocaba el bombo, el zurdo y el redoblante en la murga y después de hacerse cargo de la percusión en varias bandas de rock y hasta en un tributo a Sabina, se sumó a Les Minon.

Hoy, en Les Minon, el principal interés de las integrantes es que lo que hacen sea divertido para ellas y para la gente. No hay en lo que hacen un mensaje abiertamente feminista. Dice Bohé: "creo que los ïmúsicosï nos envidian, porque nos divertimos tocando. Pero igual siempre en el ambiente nos alentaron".

Romina y Melina Sarmiento son guitarrista y bajista, respectivamente, de Taboo, la banda de Flavio Casanova y aunque reconocen que nunca sintieron una abierta hostilidad del medio, si notan la existencia de prejuicios.

"La sensación es la de sentirse constantemente evaluada", dice Melina, "como si existiera la creencia de que tocar determinados instrumentos es algo natural del hombre".

Y si eso se nota en el escenario, los prejuicios son mayores cuando se trata de abordar cuestiones extramusicales inherentes a una banda, como arreglar recitales, agrega Melina.

"En mi caso tengo una banda propia que se llama Noches Florentinas donde me encargo de lo extramusical, algo todavía más inusual en una mujer que tocar ciertos instrumentos. Y es muy difícil. En algunas cuestiones el medio te obliga a tomar una actitud muy firme para tratar con la gente, quizás hasta masculina. Plantear una cosa de una manera y no ceder. Hay mucha gente que se encarga de distintas cuestiones vinculadas a la música (managers, técnicos de sonido, bolicheros) que te subestima. Y eso sí le pasa más a la mujer que al hombre".

SEIS MESES PARA COMPLETAR EL GRUPO

Cuando decidieron armar Dirty Diamonds, las primeras tres integrantes de esta agrupación femenina platense de Neo Swing ni siquiera sabían qué música iban a tocar. La única certeza era que la banda sería exclusivamente de mujeres. Sin embargo, la intención encontró un obstáculo precoz: la falta de instrumentistas.

"Pasamos seis meses buscando integrantes hasta que completamos la formación", dice Rhonda, la bajista del grupo. Con todo, tuvieron que resignarse a no contar con dos instrumentos que hubieran querido: un trombón y un saxo tenor. "Es que en La Plata no hay ejecutantes femeninos de estos dos instrumentos", comprobaron.

Finalmente, el grupo quedó conformado por Lopez Camelo en voz, Rhonda en bajo, Señorita Li en batería, Pilu en saxo alto, Carolina en teclados, Betiana en flauta traversa, Susana en trompeta, Gisela en saxo alto, Romina en saxo barítono y Constanza en guitarra.

Cuando se les pregunta si en ese lapso se sintieron tentadas de integrar a un varón para completar el proyecto, la negativa es rotunda: "Ellos se mueren por venir a tocar con nosotras. Se pondrían una peluca para hacerlo", dice López Camelo.

Las Dirty Diamonds creen que gran parte de la responsabilidad por el auge de las bandas femeninas la tiene el "efecto imitación": cuantas más chicas suben a los escenarios, más se entusiasman, se animan y las siguen.

A los prejuicios, no obstante, los sienten. Cuentan, por ejemplo, que al cabo de su segunda presentación alguien las felicitó con este comentario, dudosamente halagador: "que bueno está esto, suena como una banda de hombres!".

López Camelo -que admite, eso sí, que el género elegido había sido ejecutado históricamente por varones- cree que recibir ese tipo de comentarios es el precio de transitar un territorio virgen. Ella no cree que la mujer invada un espacio masculino en estos casos, sino que crea una experiencia nueva. Una experiencia en la que, admiten, se sienten más expuestas, pero a la vez mimadas, tanto por los músicos como por el público.

100% ACTITUD PUNK

"¿Si nos sentimos evaluadas? ¡Nosotras sabíamos a lo que nos enfrentábamos! Sabíamos que los pibes iban a decir que todo lo que hacemos es una basura. Entonces decidimos hacer canciones que nos gustan dándole bocha de bola al show", dicen Laura Mercapide y Belén Burgos, estudiantes de cine y odontología e integrantes de Sucias Nenas, una banda punk-rock cuyo mensaje resumen en dos conceptos: "punk y chicas bardeando".

En rigor, las chicas reconocen que la primera intención fue hacer una banda "stone". Lo que las terminó de inclinar hacia el punk fueron sus propias "limitaciones musicales", pero eso no es algo que les importe demasiado. Hoy se definen como "las hijas perfectas de New York Dolls y Los Ramones".

"La banda nació del nombre, que se le ocurrió a un amigo en un cumpleaños. Ahí nos empezamos a juntar hasta armar un repertorio con temas nuestros y mucho interés en la imagen: animal print, brillo, tacos, boas fucsias, leopardo, polleras cortas y medias bucaneras", dicen.

En ese repertorio no faltan las alusiones a la condición femenina y cierta actitud defensiva frente a un auditorio mayormente masculino. Una de esas letras dice: "Si tocamos mal no nos molesta/ te guste o no te guste, tiranos piedras/ somos basura, pero somos perfectas/solo somos niñas ricas con problemas".

Para las chicas, que pasaron antes por bandas de varones, la principal diferencia entre unas y otras no es musical, sino de organización y en eso coinciden con las integrantes de otras bandas.

"Las bandas de chicos tienen equilibrio, nosotras somos 100% estrógeno, siempre hay bardos, peleas, chicas que no se hablan unas con otras. Somos un despelote", dice Laura.

Melina Sarmiento, desde Taboo, aporta su visión: dice que, en todo caso, las bandas de mujeres se comportan como los grupos de amigas. "Se hablan de cosas personales, cotidianas. En las bandas de varones, el eje más común de las conversaciones son las cuestiones del grupo".



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