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lunes | 23.04.2007 Actualizado: 03:43
¿Víctima y victimario?
Esta tremenda masacre que hoy nos horroriza, trasciende las frontera de EE UU. Lamentablemente es una manifestación más de violencia, una variable convertida en constante, dentro de la conducta humana. ¿Quién lo protagonizó, en qué contexto, cómo se originó, por qué sucedió?
Sabemos que cada pregunta lleva en sí misma, el germen de nuevos cuestionamientos. Pretender encontrar respuestas es el constante desafío del hombre.
Pasado el primer impacto paralizador, asistimos, asombrados quizás, al despliegue informativo de hechos y conjeturas: el protagonista es un joven que padecía un desequilibrio notorio para quienes lo rodeaban y que en esta oportunidad produce una respuesta del mismo tenor al que estamos acostumbrados a ver y escuchar a través de películas, noticieros y discursos políticos que inducen a esgrimir armas en defensa de supuestos ideales pacifistas ocultando, la mayoría de las veces, los verdaderos intereses subyacentes.
En esta oportunidad el escenario es un campus universitario de Virginia poblado en su mayoría por ciudadanos pertenecientes a una nación que siempre deseó convertirse en el paladín de la democracia y la libertad. Es evidente que su actuación en Hiroshima, Vietnam, Irak, etc.,etc., da cuenta del fracaso de sus loables propósitos. Podríamos decir que la tecnología de punta se clavó nuevamente en el corazón de los norteamericanos. Consideramos que deberían tener muy en cuenta este reiterado hecho acontecido como un indicador que a su vez, los muestra como una población en estado de riesgo.
¿Cuál fue la chispa que ofició de detonante? Es indudable que existen numerosos factores que posibilitaron este estallido de violencia. Podemos hablar de un emisor, hipersensibilizado portavoz de una juventud cargada de agresividad contenida y autoexcluida; de un "campus" que, como tantos otros propicia por sus costumbres, las conductas absolutistas y, finalmente, de un claro mensaje hacia las generaciones opresoras que dictaminan sobre los cuestionables valores de una decadente sociedad consumista.
Ahora nos preocupa la ruptura del equilibrio ecológico. Mientras algunos científicos estudian sus consecuencias para la humanidad, otros investigan sobre nuevos productos para lanzar al mercado sin medir las posibles secuelas. Pero la ruptura del equilibrio psicológico dentro del universo contenido en cada ser humano, sólo es observado por unos pocos capaces de matizar el primer mundo en tecnología con nuestro imprescindible primer mundo de las emociones compartidas.
De todo esto podemos concluir que, así como las grandes inundaciones se asemejan al desborde de la violencia y sus efectos son igualmente devastadores, las grandes sequías se equiparan con la dureza de mandatarios que sacrifican a sus jóvenes cercenando tanto sus vidas como sus ilusiones. A pesar de esto y por sobre todas las cosas, no olvidemos que todos formamos parte de esta sociedad en donde todo es descartable pero no siempre reciclable.
Psic. Laura Mariani
Coordinadora General del Centro Integral de Psicología
Aplicadacipsalaplata@yahoo.com.ar
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