Información General
Ayuda
Contacto
Mapa del Sitio
Publicado en Edición Impresa:
Información General
domingo | 17.06.2007 Actualizado: 08:33
MARIHUANA
Voces a favor, voces en contra
Los últimos fallos de la Justicia evitando sancionar el consumo personal no hacen más que reavivar la polémica entre quienes bregan por la despenalización de la droga y quienes se oponen. Entre una y otra postura, están también los que piden al menos que se la estudie científicamente para uso terapéutico. ¿Un camino hacia la despenalización? ¿Un debate irreconciliable? Opiniones y datos de un tema que divide las aguas
-¿Y esa...? -pregunta el pibe- ¿Esa cuál es?
El otro trata de escuchar la canción y piensa un rato:
-Private a beach party -responde en un inglés dificultoso, y completa como si rematara una sentencia-: Gregory Isaacs.
Es la madrugada del jueves y en la calle tiritan hasta las estrellas. En la puerta del bar, los dos amigos se prestan el porro cada dos o tres pitadas y tratan de escuchar la música que llega de adentro. El patovica que vigila la entrada ya los conoce de otras noches y los mira con una rara mueca de cansancio y simpatía:
-Y, muchachos...¿vuelven a entrar o no?
Los amigos apuran las pitadas y asienten con aire zumbón:
-Ahora sí -dice uno-. Una vela y entrás a otro boliche.
El gigante rapado devuelve la ocurrencia con otra sonrisa que no dice nada y se encoge de hombros:
-Mirá la humareda que me dejaron -se queja-. Después pasa la gente y piensa que el drogón soy yo...
Los pibes se ríen fuerte y uno larga:
-Qué va a ser porro: es la niebla que no afloja....
Se ríen los tres y los amigos entran a hacer lo que estaban haciendo hasta hace diez minutos: escuchar música reggae como todos los jueves. Saben que allí casi todos fuman marihuana, pero saben también que puertas adentro no se puede. Entonces la rutina: cerveza en la mesa, porro en la calle. Nada cambia. Pero las formas se mantienen.
La escena es una postal chiquita de la noche platense. Pero ojo: que sea la puerta de un bar el lugar elegido para fumar "una vela", como le dice el chico, no es indicio de ninguna clasificación llana y simplista. Tampoco lo es el hecho casual de que se trate de un espacio reggae. Hace tiempo que la marihuana trascendió esa suerte de frontera artístico musical que tenía a sus hojas como un símbolo de pertenencia casi exclusiva de los ritmos jamaiquinos, si es que en realidad alguna vez existió esa frontera. Y hace tiempo también que el lugar elegido para fumar un porro puede ser cualquiera: una plaza, la esquina, la tribuna de una cancha, la puerta de un colegio.
Lejos de la estigmatización y el lugar común clasificador, hoy la marihuana se cultiva, se vende, se compra y se fuma con la misma naturalidad con que se prohíbe. Y mientras se repiten los fallos que contradicen la jurisprudencia vigente y los jueces encuentran flacos los motivos para penar a los fumadores, cada vez son más las voces que, discrepantes en algunas cuestiones y coincidentes en otras, piden a gritos un debate en torno a la despenalización del cannabis.
Entre quienes bregan por ese cruce de opiniones, es bueno aclarar, están los que por el momento sólo alientan el uso terapéutico de la marihuana para algunos casos y los que, directamente, piden por su despenalización definitiva. Entre quienes se oponen, en cambio, nadie se sale de la misma idea: la marihuana es una droga peligrosa y debe ser combatida. Irreconciliables o no, las posturas parecen tener mucho tiempo por delante antes de vislumbrar al menos un atisbo de acuerdo. Pero lo que no se demora, está claro, es un debate que se reaviva ante cada sentencia que tiene al consumo personal como arista principal de la polémica.
TENENCIA Y PENALIZACION
"Es preciso abandonar el modelo criminalizador -dice Ricardo Paveto, miembro de la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina-. Tenemos que volver a una mirada sanitaria y social. No estigmatizar, y hacerlo mediante una política de drogas más justa y eficaz. Es un acto criminal involucrar a un simple tenedor con la ley que penaliza al delito federal de narcotráfico".
La ley 23.737, conocida como Ley de Estupefacientes, fue sancionada por el Congreso en noviembre de 1989. La norma establece duras penas para el narcotráfico pero también castiga la tenencia de drogas. El artículo más controvertido es el 14, que establece: "Será reprimido con prisión de uno a seis años el que tuviere en su poder estupefacientes". Y en párrafo seguido aclara que "la pena será de un mes a dos años de prisión cuando, por su escasa cantidad y demás circunstancias, surgiere inequívocamente que la tenencia es para uso personal". En este último caso, la pena puede reemplazarse por la obligatoriedad de realizar un tratamiento contra las adicciones.
De ahí en más, vale aclarar, han sido los jueces los que han debido determinar qué cantidad de droga -y en qué circunstancias de posesión- constituye una tenencia para "uso personal". El consumo personal estuvo penado por una ley sancionada en 1974 y que se aplicó durante toda la dictadura y en los primeros años de la recuperación de la democracia. Recién en 1986, la Corte Suprema dictó el fallo Bazterrica, que declaró inconstitucional la represión al consumo, sobre la base del artículo 19 de la Constitución, que resguarda las libertades individuales.
Claro que fue apenas el comienzo de una larga cadena de hechos: el mes pasado, por tomar el ejemplo más cercano, la Cámara Federal porteña sobreseyó a una mujer que tenía plantas de marihuana en su casa y la consumía para aliviar dolores. El fallo no hizo más que volver a enfrentar a quienes piden la despenalización de la droga y quienes se oponen. En este último grupo se encuentra la Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA), cuyas autoridades, además de calificar al fallo de "lamentable", aseguran que no existe "ninguna investigación científica que diga que la marihuana cure algo. A partir de ahí, que una Cámara Federal permita que una persona tome algo ilegal en lugar de comprar un producto en la farmacia, no tiene consistencia. No se puede permitir el consumo de una droga que provoca esquizofrenia y paranoia".
Los reclamos pidiendo la despenalización de la marihuana, se sabe, no son nuevos. Hace apenas semanas, integrantes de distintas ONG's bregaron por la despenalización del consumo frente al Planetario de Palermo en capital federal, en respuesta a una convocatoria realizada simultáneamente en alrededor de 40 países. Fue parte de la ya célebre "Million Marijuana March", que se realiza en unas 180 ciudades del mundo y exige la despenalización del consumo de la hierba cannabis, tanto para uso terapéutico como recreativo.
En esa oportunidad, los manifestantes demandaron también que se terminen los arrestos por consumo personal, impulsar una investigación científica sobre los usos terapéuticos del cannabis y la despenalización del autocultivo. "El encuentro se hace por el fracaso de la política de penalizar la tenencia de drogas por consumo personal, que detuvo y encarceló a más de 300 mil jóvenes en los últimos 15 años y no fue un elemento eficaz para detener el consumo", apuntó Paveto.
LA JURISPRUDENCIA
Polémica al margen, y entendiendo que muchas decisiones jurídicas en torno al tema a veces no hacen más que contradecir la jurisprudencia vigente -según la cual cuando alguien es sorprendido con droga para consumo en el ámbito publico estaría afectando "la salud pública"- las estadísticas revelan que tanto la nueva legislación como el criterio a veces cambiante de los jueces han derivado en que la gran mayoría de los procesados por la Ley de Estupefacientes fueran consumidores, y que los narcotraficantes ocupen un mínimo porcentaje de quienes son llevados a proceso y condenados.
Los replanteos jurídicos de los últimos años en nuestro país, donde la sustancia de inicio en el mapa de las adicciones sigue siendo la marihuana con casi el 50 por ciento de los casos, tal vez entren en sintonía con cierta nueva mirada mundial que se tiene sobre el tema. El Gobierno británico, de hecho, tomó hace poco las recomendaciones de sus expertos a favor de una reclasificación del cannabis -hasta ahora considerado Clase B, en el grupo de las anfetaminas- y opinó que dicho rótulo, a la luz de las nuevas investigaciones, es "desproporcionado" en relación con su inocuidad relativa.
Esta postura, hay que decir, cuestiona ahora no sólo la actitud hostil de la medicina tradicional en los últimos cuarenta años hacia el cannabis, sino también la urgencia de abrir un serio debate político en torno a la despenalización o legalización de su consumo. El momento elegido para la publicación de las recomendaciones en relación con el cannabis coincidió, curiosamente, con la agenda de debates del Parlamento Británico en este particular, y con ciertas declaraciones hechas desde el Sistema Nacional de Salud (NHS) que auguran para un futuro relativamente cercano el uso de derivados del cannabis -tetrahidrocannabinol (THC)- como analgésicos de posible elección en pacientes oncológicos o con esclerosis múltiple.
Otros, sin embargo, son más escépticos y persisten en creer que los riesgos de su consumo -dependencia, déficit en la atención y memoria, o acaso neoplasias pulmonares a desarrollar a más largo plazo- no permiten devolver al cannabis su histórico papel curativo. El debate sigue vigente. El tiempo tendrá la última palabra.
NOTAS RELACIONADAS
Una planta, varios usos
Un caso testigo y polémico
El dilema del uso terapéutico
Ir al inicio de la nota
TAMAÑO DEL TEXTO
|
© Copyright 1998-2007 El Día S.A.
Contáctenos
|
Página de Inicio
|
Mapa del Sitio
|
Versión Palm
Miembro del IAB. Internet Advertising Bureau
Sitio auditado por Certifica Metric