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domingo | 17.06.2007 Actualizado: 08:33
ESTO QUE PASA
Los costos de la imprevisión
Por PEPE ELIASCHEV
Cuando la niebla que mantuvo sofocada en fantasmagórica penumbra a Buenos Aires y su zona de influencia empezó a diluirse, atacó el frío y las pesadillas de Néstor Kirchner recrudecieron. El jueves 14 hubo récord de consumo eléctrico y se empezó a hablar de cortes de luz. Es que la demanda eléctrica había registrado nuevo récord, 18.319 megavatios a las 19,50, en sintonía con la helada sensación térmica en la zona metropolitana y en otras ciudades del país. La cifra debe compararse con el anterior récord, el 28 de mayo último, 18.279 megavatios que produjeron colapso.
Al atardecer del viernes 15 las cosas se agravaron. Con recorte en el suministro de gas a las industrias, empeoró el panorama energético cuando la Casa Rosada ordenó interrumpir el suministro de gas natural comprimido (GNC) al consumo privado. La decisión obligó a las distribuidoras de gas natural a dejar de entregar fluido desde las 14 horas del día previo al fin de semana largo, en las estaciones de servicio de la capital federal y en la provincia de Buenos Aires.
El consumo eléctrico alcanzó el viernes un pico de 17.500 megavatios y por orden de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa), grandes consumidores de todo el país debieron reducir su consumo en 1,200 megavatios -se ahorró el siete por ciento de la demanda total- entre las 18 y las 22, horario en el que los hogares usan más corriente. Más de 4.800 grandes usuarios debieron aflojar su consumo eléctrico en promedio a la mitad, desde Repsol YPF, Techint y Cargill, o clubes como River y Boca, hasta los ministerios de Economía, Interior, Relaciones Exteriores y Justicia. Ya hubo racionamiento de energía eléctrica en el verano, pero se agudizó con los fríos de mayo, cuando se redujo la entrega en hasta 800 megavatios, un tercio menos que el viernes 15.
El Gobierno atribuye los recortes a la alta demanda residencial, 22 por ciento más que la de hace un año, cuando falta gas y gasoil -insumos de las centrales termoeléctricas-, escasea el agua en las hidroeléctricas Yacyretá, Salto Grande y las del Comahue y se producen crisis en la línea de transmisión de la nuclear Atucha y en la estación transformadora de Ezeiza. También las empresas de gas asocian falta de este combustible con la crecida demanda en capital federal y Buenos Aires, un 25 por ciento mayor que la de junio de 2006, y la incapacidad de afrontarla de la cuenca neuquina.
El nuevo colapso era previsible. Las compañías distribuidoras ya tuvieron que suspender la provisión de gas a industrias por el intenso frío y esto castigó a empresas afectadas nuevamente por la imprevisión oficial para diseñar y poner en vigencia un plan energético serio.
Las distribuidoras porteñas dejaron, así, nuevamente en falencia a las grandes industrias y al comercio, resultado directo del aumento de la demanda domiciliaria ante el frío invernal un poco prematuro. Al restringir las entregas a las empresas, el Gobierno se manejó procurando evitar que se padeciera frío en los hogares, una opción de patas cortas.
Gobierno, empresas y sociedad miran el termómetro para adivinar que va a pasar. Hace 15 días se atravesó una coyuntura idéntica, cuando registros similares se verificaron en casi toda la Argentina, dando impulso fenomenal al consumo de gas y energía eléctrica. Una vez más, la Argentina suspendió sus pactados envíos de gas a Chile. El creciente uso del aire acondicionado para generar calor, en expansión exponencial, motivó en parte el empacho del sistema.
Mientras se ajustaba el cinturón energético castigando a la actividad productiva, la secretaría de Energía obligó a las petroleras a garantizar abastecimiento de gas natural a los hogares hasta 2011, condicionando sus ventas al exterior a que satisfagan la demanda interna. El Gobierno anunció que no admitirá aumentos de tarifas hasta 2008 en el gas para usuarios residenciales y de GNC. Acepta que grandes usuarios y centrales térmicas negocien valores con las petroleras, pero a precios llamados "de referencia" fijados por el Estado. ¿Se imaginan los funcionarios políticos que es posible arrancarles esas decisiones a empresas cuya rentabilidad es amenazada o directamente cancelada por precios que las desfavorecen?
La Argentina vive desde 2004 una creciente escasez de gas natural y experimenta periódicamente dificultades para asegurar el suministro, sobre todo cuando, por frío o por calor, se producen picos de consumo.
Así, se verifica una absurda y prepotente manipulación burocrática, dentro de un entramado técnico-corporativo que se debería regir por la racionalidad. Llamadas telefónicas apremiantes a industrias y comercios desde el ministerio de Planificación de Julio de Vido se hacen cuando se llega al récord y hasta que declina. El tope histórico del jueves 14 aflojó a la noche cuando se estacionó en 17.827 megavatios.
Hay todavía mucha buena fortuna en los sofocones del Gobierno. El círculo se estrechó la noche del viernes, en vísperas del fin de semana largo donde se produce caída de la demanda, lo cual significa alivio. Además, hay mayor disponibilidad de las centrales térmicas, donde se almacenó combustible líquido en las últimas semanas, en reemplazo del gas.
La reacción del Gobierno fue típica: dio cinco días a las petroleras para que firmen un convenio de suministro. El invierno ha llegado, finalmente, sin que las autoridades consigan ese acuerdo con las principales petroleras que operan en la Argentina y entonces Kirchner ordenó publicar su propuesta para un convenio 2007-2011, a firmarse en el término de cinco días hábiles.
El precio del gas para domicilios particulares está congelado desde 2002, pero el pagado por las industrias y generadoras de electricidad se incrementó en los últimos tres años. Sin embargo, para el gas requerido más allá de lo efectivamente consumido en 2003, se admiten precios libres, pactados directamente entre industrias y petroleras.
La diferencia entre gas para domicilio y el destinado a industrias explica los problemas para firmar el acuerdo. Petroleras que no incrementaron demasiado su producción de gas, como Repsol YPF, deseaban que los cupos por tipo de usuarios se asignaran en función del nivel de extracción actual (a más gas, más entrega a domicilios), mientras que las que producen más, como Pan American Energy, la empresa de Bulgheroni asociada a British Petroleum, proponía que los cupos se asignen según el promedio de lo producido entre 2001 y 2004, criterio asumido por la secretaría de Energía en la propuesta de acuerdo. En GNC, Energía fijaría precios oficiales, aunque preservando políticamente el actual valor, hasta las elecciones presidenciales del 28 de octubre fin de año.
Para el ex secretario de Energía, Alberto Devoto, Kirchner "tiene la costumbre de acusarnos a los argentinos de tener poca memoria y posiblemente tenga razón". Reflexiona Devoto que "hacia fines de años '80, la Argentina atravesó una de las crisis energéticas más serias de las que se tenga memoria: cortes prolongados, racionamiento, producción insuficiente de petróleo y gas y cuantiosos déficit de las empresas públicas. Si hacía frío, faltaba el gas; si hacía calor, la electricidad", como ahora.
Recuerda que "al ex presidente Raúl Alfonsín le tocó vivir ese calvario, que, entre otras cosas, le acarreó una aplastante derrota electoral y le significó la salida anticipada del gobierno. No obstante, hay que reconocerle a Alfonsín que él asumió la existencia de la crisis y que, a pesar del costo político, prefirió limitar el consumo a los sectores residenciales, tratando de que no pararan los sectores productivos". Para Devoto "ya iniciados los años '90, las reformas sectoriales -aplaudidas y apoyadas por Néstor Kirchner y sus colaboradores- revirtieron rápidamente la situación y así se verificaron fuertes inversiones, que dieron lugar a la existencia de excedentes, tanto en electricidad como en gas, al punto de que el país pasó a ser exportador de esos bienes".
Hoy estamos donde estamos, haga frío o haga calor. El Gobierno devora capacidades instaladas, niega problemas de costos y persigue resultados estadísticos quiméricos, pero no incentiva seriamente decisiones energéticas muy costosas y de largo alcance, caracterizadas por su mucha demora en aplicarse a la vida cotidiana, además de que imponen amortizaciones prolongadas. Prevalece una actitud de crecer más allá de las posibilidades reales de sustentabilidad económica, sin pensar en mañana.
En una Argentina turbo propulsada por la recalentada preocupación electoral del oficialismo, el mayor obstáculo en la macroeconomía es la inflación y es muy difícil definir cuál es la tasa real porque el Gobierno mató la credibilidad de los indicadores. Tras el quinquenio de crecimiento "chino", no solo no hubo ninguna mejora en la distribución del ingreso, sino que la brecha aumentó y la pobreza aflige al 30 por ciento de la población. "En la Argentina, la mejora, en vez de ser orgánica, toma la dinámica de una lotería en donde un pobre tiene suerte y consigue una changa. Además es una lotería trucha, porque buena parte de los nuevos empleos no están registrados" puntualiza el ex presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay.
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