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 jueves | 03.01.2008  Actualizado: 01:26

Los chicos que sólo aceptan un tipo de comida: ¿malcriados o enfermos?


Hace algún tiempo, cuando un chico se negaba a comer lo que no era de su antojo se decía que estaba malcriado; hoy esa conducta es considerada una patología que se estudia en congresos internacionales a la par de la anorexia y la bulimia. Se la conoce como "Síndrome de Especialización en Comida" y para muchos médicos constituye el trastorno alimentario más precoz.

Es el caso de Matías, un chico platense que tiene poco más de dos años y que desde hace diez meses sólo se alimenta de pizza y galletitas. "Intentamos de todo para que coma otras cosas, pero las escupe y se empecina al punto de que terminamos cediendo por temor a que se enferme", cuenta Alicia Marín, una mamá que tras recurrir al pediatra empezó a considerar la posibilidad de que su hijo, lejos de ser caprichoso, padezca algún trastorno.

La semejanza entre este tipo de casos ha llevado a algunos médicos a concluir que se trata efectivamente de una patología. "El Síndrome de Especialización en Comida se da en chicos de entre 1 y 3 años con una baja adaptabilidad y vínculos muy acotados", coinciden distintos informes médicos al trazar el perfil del trastorno.

"Es evidente que existe una patología. Las mamás y los pediatras la reconocen desde hace tiempo pero recién en los últimos años ha empezado a distinguirse en los congresos médicos con características propias dentro de los trastornos alimentarios", señala la psiquiatra Mabel Bello, titular de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA).

Bello -quien se topó por primera vez con el tema en Londres a mediados de los noventa y hoy se ocupa de tratarlo- asegura que suele darse en estos chicos "una doble selectividad de alimentos y de personas con las que se relacionan".

"Si bien su desarrollo intelectual es normal, les cuesta mucho relacionarse. Uno los advierte con facilidad porque rehuyen la mirada; no les interesa abrirse socialmente; en el mejor de los casos se vinculan apenas con uno o dos miembros de su grupo familiar, que pueden ser la mamá y la abuela", señala la psiquiatra.

"A su vez -agrega- llevan esa conducta al plano de la comida. Comen siempre lo mismo, lo que les da seguridad, y rechazan todo lo demás. He visto chicos que sólo se alimentan de chocolate y leche, o de ñoquis y yogurt; las elecciones son antojadizas y no responden necesariamente a alimentos que no engordan".

Aunque la incidencia de este trastorno es en apariencia bajo, hay quienes creen, como Bello, que estaría subdiagnosticado. "En ALUBA durante 2007 atendimos sólo diez casos, pero es muy probable que su prevalencia sea mayor, sólo que el tema está poco difundido y no se diagnostica", opina.

Tratar con un chico que se niega a comer -contra lo que imaginan a menudo quienes desconocen la experiencia- no es cosa fácil. "Si bien suelen verse padres que no saben imponer normas, los chicos pueden ser muy tenaces: vomitan, escupen, son capaces de quedarse seis horas frente a un plato de comida sin tocarlo. No es sencillo: hay que tener ingenio para no violentarlos porque resulta peor", observa Bello.

Tal vez algunos pediatras dirán 'cuando tenga hambre va a comer', pero "en la proyección -explica- lo que se ve es que estos chicos, que tienen una tendencia a la huida frente a lo nuevo, presentan a la larga otras dificultades de adaptación. Por eso lo que se intenta en los tratamientos es enseñarles a ampliar su campo de experiencias".

En cualquier caso, lo que parece estar claro para quienes entienden del tema, es que el viejo método de mandarlos a la cama sin postre no siempre es la solución.

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