Publicado en Edición Impresa:  Revista Domingo
 lunes | 28.01.2008  Actualizado: 08:52

El reino de lo trucho
De cada diez CD que se venden en el país, seis vienen del mercado ilegal. La música y las películas piratas ya forman parte de los hábitos de consumo cultural de un enorme porcentaje de la población. La oferta se hace a plena luz del día y en las veredas de los principales centros comerciales. ¿Una batalla perdida?



Un enorme paño se expande por la vereda céntrica de calle 12 entre 58 y 59. Sobre el improvisado mantel, que apenas deja espacio para que circulen los peatones, se exhiben cientos de cajas plásticas de discos compactos. La oferta es amplia y abarca todos los gustos: desde discos de cumbia a las bandas más vendedoras de la escena del rock; desde DVDs con los últimos lanzamientos de Hollywood a otros con temporadas enteras de series norteamericanas.

El improvisado comercio montado sobre la vereda tiene otros ingredientes, además de la variada oferta, para seducir a los clientes: un enorme stock, que permite que los títulos casi nunca se agoten, y precios bajos. Muy bajos.

Frente al paño se agolpan los clientes, que buscan pacientes y revuelven entre la enorme cantidad de CD hasta encontrar lo que buscan.

En un radio de apenas seis cuadras sobre calle 12, los puestos de esas características inundan las veredas. La escena se repite sobre la calle 8, en la puerta de la Facultad de Derecho, sobre diagonal 80, en la zona de la estación y sobre la avenida 7. A plena luz del día y en el corazón de los paseos comerciales más importantes de la Ciudad el comercio ilegal de música y películas suma nuevas transacciones y engorda sus volúmenes de venta, que, según las últimas cifras, alcanzan niveles fabulosos.

El miércoles pasado, la cámara que agrupan a productores musicales difundió los números de 2007 y expuso, así, una panorama que para la industria legal de la música es cada vez más oscuro. Sólo durante el año pasado, en Argentina el comercio ilegal movió más de 110 millones de pesos, contra apenas unos 390 del comercio legal.

Los datos, difundidos por la Cámara Argentina de Productores de la Industria Fonográfica (CAPIF) hablan de un incremento constante del negocio trucho en detrimento del comercio legal, que cada vez parece más arrinconado contra las cuerdas.

Por esas cifras, Argentina integra el lote de países en "observación prioritaria" por los organismos de comercio estadounidenses, junto a otros como Chile, Venezuela o Turquía, donde los volúmenes de negocios que mueve el mercado ilegal de música ya desborda cualquier política pública o trabajo de control.

¿Cómo ha crecido tanto la piratería en Argentina en los últimos años? Quienes analizan el fenómeno brindan explicaciones técnicas y económicas. Pero también, y en forma unánime, hablan de los elementos culturales y sociales que permiten que el comercio ilegal prolifere aquí sin que nadie pueda ponerle freno.

"Hoy, nadie teme comprar juntos a sus hijos un CD trucho en la calle y a nadie le importa el mensaje que está enviando a los chicos", resume un vendedor de discos de un comercio céntrico donde se comercializa música legal.

LOS NUMEROS DEL COMERCIO NEGRO

En nuestro país, el panorama de la piratería parece haberse agravado sin pausa en los últimos años. Aunque hay signos positivos para la industria musical, que todavía resiste contra las cuerdas, las cifras son elocuentes.

La compra de música en forma legal volvió, el año pasado, a dar otro paso atrás, empujada por el mercado negro. La venta ilegal, según los últimos datos difundidos esta semana, ya ocupa seis de cada diez transacciones de discos compactos y el 99 por ciento del comercio digital, un área en la que la piratería reina desde hace tiempo.

Los resultados de este impresionante crecimiento se hacen notar con fuerza en el corazón de la industria musical, donde la piratería ha generado el año pasado pérdidas estimadas en más de mil millones de pesos.

Según el último informe de CAPIF, el año pasado el país vivió un fenómeno algo extraño: la venta de música legal creció levemente, un 9,6 por ciento, básicamente impulsada por la compra a través de celulares o de internet. Las ventas de CD, DVD, casetes y singles subieron el 6,3%, a $ 376 millones por la venta de 18 millones de unidades.

Pero el dato no deja de ser una especie de oasis en medio del desierto. Hoy, en nuestro país, seis de cada diez CD que se venden provienen del mercado negro y 99 de cada cien descargas que se hacen en Internet son truchas.

"UN CANCER AVANZADO"

Hay, en Argentina, una ejemplo que sirve para espiar lo que podría suceder en los próximos años en todo el país. En Santiago del Estero, según explican desde CAPIF, ya no hay ni una sola casa de discos legales. "Es una provincia copada por la piratería. Y no creemos que nadie vaya a instalarse en el futuro ahí en el mercado legal, porque hoy por hoy sólo hay lugar para lo trucho".

Quien habla es Javier Delupí, director asociado de CAPIF y una de las caras visibles de la lucha contra la piratería en Argentina. Su pronóstico quizás sea apocalíptico. Pero no duda un segundo en afirmar que si estos valores se mantienen, el país podría convertirse en poco tiempo en un mercado como Bolivia, Paraguay o Perú, donde todo está copado por la piratería.

"Acá no estamos hablando de un simple dolor de cabeza, sino de un cáncer en estado avanzado", asegura, en diálogo con EL DIA.

Delupí reconoce que este panorama forma parte de una tendencia que derivará en un escenario donde el CD ya no será más el protagonista absoluto del mercado. "El mercado digital está creciendo mucho a nivel mundial y hacia allá está dirigida nuestra apuesta", detalla.

Pero, a la vez, sabe que en el plano de la música digital, el formato del futuro, la batalla es aún más difícil. Hoy, el 99 por ciento de la música que se mueve en ese ámbito proviene de la piratería, sobre todo a través de programas conocidos como P2P que posibilitan a los usuarios ponerse en contacto para compartir archivos.

Por eso dice que la apuesta, hoy, es generar nuevos modelos de negocios que se basen en la distribución legal de la música digital. "Pero para eso -afirma-, necesitamos que se afiancen acciones para combatir el tráfico no autorizado a través de Internet".

Delupí habla de "aliados estratégicos" en esa lucha y menciona a las compañías proveedoras de Internet, "que están interesados sólo en cobrar una tarifa pero no ayudan a controlar las descargas ilegales de música. Estas compañías se han lanzado en una carrera para dar mayor conectividad a sus clientes cuando lo que deben dar, también, es mejor contenido", detalla.

Y menciona el ejemplo de las medidas adoptadas por el presidente de Francia Nicolás Sarkozy, quien fomentó que se realicen cortes de servicio de Internet a los infractores reiterados.

CAMBIO CULTURAL

Pero cualquier medida que se adopte en términos de persecución a los vendedores o consumidores de música ilegal se revela como inútil, coinciden en señalar todos los protagonistas, si no se produce un cambio cultural en torno a la compra y venta de CDs y DVDs truchos.

"Es que esa cultura está muy instalada", se lamenta Delupí. "Primero, porque existen grandes redes de distribución que tienen una enorme aceptación y a partir de ahí un menor riesgo para operar. Obtienen muchísimas ganancias, tanta como se obtendrían de otro negocio ilegal, pero con relativamente poco peligro porque no tienen condena social", destaca.

"Esta red está satisfaciendo una demanda -agrega Delupí_. La gente compra discos truchos porque le resultan más baratos y porque lo compra en la esquina de su casa. Pero lo que hay que hacer entender es que de esa manera se está asfixiando una industria".

La mitad de los discos de nuestro país corresponde a artistas nacionales, es un gran cáncer que después asfixia a la industria de la música. Bolivia, Paraguay, Perú, lo que no hay allí son artistas propios produciendo, como ocurre acá con Calamaro, cuatro entre los diez más vendidos. Concientizar, y comunicar.

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