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sábado | 10.05.2008 Actualizado: 05:48
Alarma el crecimiento de chicos mal medicados que van a clase
El peligro de diagnosticar el Síndrome por Déficit de Atención
Jano tiene once años y es el mayor de tres hermanos. El año pasado, sus padres fueron llamados por la directora del colegio para decirles que el chico tenía serios problemas de conducta. "En realidad nos dijo que era muy probable que tuviera el Trastorno por Déficit de Atención -cuenta Ana Laura, su madre-. Ahí decidimos hacer una consulta con un psicólogo para que nos orientara sobre lo que teníamos que hacer". Luego de seis meses de consulta, el profesional concluyó un diagnóstico que lejos estaba de coincidir con el de la docente: lo que el chico tenía, dijo, era un poco de tristeza y nada más. "Y nos aseguró que lo peor que se podía hacer era medicarlo como si tuviese un trastorno -explica Ana Laura-. Si lo hubiésemos hecho, lo único que habríamos logrado hubiese sido tapar la tristeza de Jano. Pero de ninguna manera solucionarla".
Aunque ahora Jano sigue en el mismo colegio -uno de la zona céntrica de la Ciudad-, sus padres toman con pinzas cada llamado que les hacen desde el gabinete de psicopedagogía de la escuela. Y tal vez razón no les falta: cada vez son más los especialistas que alertan sobre los riesgos de diagnosticar sin conocer a fondo los problemas del chico, algo que se viene dando en muchos colegios y que, hace apenas unos meses, obligó a que más de mil pediatras, psicólogos, psicopedagogos, neurólogos y psiquiatras firmaran un documento en el que expresaban su preocupación por la tendencia de estigmatizar y unificar a un montón de chicos distintos con un mismo diagnóstico: Trastorno por Déficit de Atención (ADD).
Según el documento, que fue presentado en los ministerios de Salud y Educación, en la actualidad se asiste "a una multiplicidad de diagnósticos psicopatológicos y de terapéuticas que simplifican las determinaciones de los trastornos infantiles y regresan a una concepción reduccionista de las problemáticas psicopatológicas y de su tratamiento".
Concretamente, este grupo de profesionales asegura que hay 200 mil alumnos medicados, es decir el 2,5% de los 8 millones que cursan actualmente el nivel primario y medio en el país. "A veces los docentes diagnostican con una liviandad que asusta", dispara Mariel Branco, psicóloga especializada en adolescencia y para quien actualmente se está "ante un problema demasiado grave".
La tendencia a diagnosticar proviene según muchos especialistas de las corrientes reduccionistas norteamericanas, a veces productivas para contrarrestar ciertas patologías pero, en ocasiones, demasiado simplistas y encubridoras del problema de fondo. El DSM IV, por caso, es un manual creado en los 90 por psiquiatras de EE.UU. que explica distintas patologías de modo que cualquiera las pueda entender. "El manual puede tener algunos conceptos interesantes -opina Branco-, pero también genera que cualquiera se anime a etiquetar a un individuo con términos tales como panic attack, TOC o bipolar. Muchos docentes hablan así, y Pedrito o María pasan a ser un TOC, una bipolar o un simple ADD".
Algo parecido es lo que opina la psicopedagoga platense María Cecilia Traversa: "La facilidad con que se recomienda medicación atenta contra el derecho de la persona de ser atendida en su verdadera necesidad. La medicación adormece la función cerebral pareciendo que cura el síntoma, pero no contribuye al desarrollo de la persona y puede ser muy perjudicial a futuro si se trata de niños"
Para la especialista, además, la existencia de muchos chicos medicados "debe ser advertida para que no afecte a los que deberían ser atendidos con otros recursos menos invasivos y seguramente mas eficaces. Es decir, que no sean víctima del consumismo farmacológico".
Actualmente hay varios cuestionarios que circulan por los colegios. Se pregunta sobre la conducta de los chicos, se suman los puntos de las respuestas y así surge el diagnóstico. Las preguntas son del tipo "¿El chico está como en la luna? Si la respuesta concluye en un ADD, en la mayoría de los casos el paso siguiente es la medicación. Y la medicación que se da en estos casos es tan peligrosa que requiere receta por triplicado, como la morfina.
La más común es la Ritalina, cuya droga base es el metilfenidato. "Hay una tendencia a homogeneizar en lugar de identificar -asegura Branco-. Detrás de un chico que se porta mal o no presta atención en clase, muchas veces, puede haber situaciones de duelo, violencia doméstica, mudanzas, divorcios. Y en lugar de profundizar en el problema y tratar de entenderlo, lo único que se hace es taparlo con pastillas".
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De los ocho millones de chicos que van a clase, se calcula que hay 200 mil que lo hacen medicados
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