Revista Domingo
Ayuda
Contacto
Mapa del Sitio
Publicado en Edición Impresa:
Revista Domingo
domingo | 11.05.2008 Actualizado: 15:40
La Iglesia de hoy
Por MONSEÑOR DR. JOSÉ LUIS KAUFMANN
Pentecostés
Jesús había prometido el Espíritu Santo a sus discípulos, para que los asistiera y fortaleciera en la fe. El texto del libro de los Hechos de los Apóstoles nos explica cómo vino el Espíritu Santo cuando, "el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar" (2, 1). El resplandor de la venida del Espíritu de Jesús se presentó acompañado de un fuerte viento y con la aparición de "unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos" (2, 3).
Desde entonces Jesús habla a sus discípulos desde dentro, por mediación de su Espíritu. Así nos lo corrobora san Pablo, con aquella frase tan expresiva: "El Amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado" (Rom 5, 5). Gracias al Espíritu, el Amor - que es Dios mismo - está en nosotros. La profecía de Ezequiel se ha cumplido: "Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo" (36, 26). La Voluntad de Dios ya no se nos presenta sólo desde fuera. La Voluntad del Padre, como lo fue para Jesús, también es nuestro "alimento" (cf. Jn 4, 32).
No seríamos discípulos de Jesús si no creyésemos que el Espíritu Santo actúa en la Iglesia y en el mundo, porque "nadie puede decir `Jesús es el Señor', si no está impulsado por el Espíritu Santo" (1 Cor 12, 3b). Es el mismo Espíritu que se nos da en el Bautismo, que pone los pastores en la Iglesia, que distribuye sus dones a cada uno para el bien de todos.
Creer en el Espíritu Santo quiere decir creer que El comunicó, comunica y comunicará a los cristianos el coraje y la fortaleza para ser testigos del Amor de Dios. Creer en el Espíritu Santo significa ser conscientes de que allí donde se anuncia la Palabra de Dios y se la escucha con fe, allí actúa el Espíritu Santo. En Pentecostés, la promesa se ha convertido en realidad: el Reino de Dios ha quedado inaugurado. La presencia y la acción del Espíritu Santo son su signo y su inicio.
La Iglesia de Dios es un pueblo de testigos. Jesús, antes de la Ascensión, ordenó a los Apóstoles que no se alejasen de Jerusalén y les dijo: "recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra" (Hechos 1, 8).
El Espíritu Santo, que asistió a Pedro, a Pablo, a los demás Apóstoles, también asiste hoy a los evangelizadores que se dejan conducir por El.
Si los cristianos "producimos" el fruto del Espíritu entonces somos testigos del Reino, y el Evangelio es anunciado no sólo con palabras sino con obras: "amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia" (Gál 5, 22-23). Así se transforman las personas y las relaciones sociales por el camino de la experiencia vivida, de la vida cristiana de cada día.
La Virgen María, Madre de Jesús, estuvo al lado de los Apóstoles el día de Pentecostés. Ella fue la primera redimida, Ella fue la primera en creer, y Ella concibió al Hijo de Dios en su seno virginal por obra del Espíritu Santo. Ella nos acompaña y nos ayuda a entender lo que el Espíritu de Dios dice a la Iglesia y al mundo por medio de los sagrados Pastores que el mismo Espíritu elige para los oficios de enseñar, conducir y santificar.
Padre Dios, en el Nombre de Jesús, danos tu Espíritu para que podamos vivir como María y ser miembros vivos y activos de tu única Iglesia. Amén. Aleluya.
Ir al inicio de la nota
TAMAÑO DEL TEXTO
|
© Copyright 1998-2007 El Día S.A.
Contáctenos
|
Página de Inicio
|
Mapa del Sitio
|
Versión Palm
Miembro del IAB. Internet Advertising Bureau
Sitio auditado por Certifica Metric