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domingo | 11.05.2008 Actualizado: 15:40
Cenizas, nubarrones y pronóstico de tormenta
Por ALEJANDRO CASTAÑEDA
Se fue el humo y apareció la ceniza. Al país cuesta reconocerlo detrás de este velo que lo esfuma. Visibilidad escasa y peligro de choques. Y los vientos no ayudan. Hasta ensució el Calafate, ese anfiteatro celestial que ya vio derretirse un Glaciar y cien funcionarios. Mal clima: una tempestad de suspicacias se arremolina por los despachos oficiales. Y una brisa malhumorada atraviesa el poder y llega a la calle. El parte meteorológico anuncia erupciones y no sólo en el Chaitén. El volcán empezó de a poco, echando un ministro, y ahora viene por más. El barbijo ha empezado a ser parte del vestuario casual y ya hay modelos que dejan orificios para mejorar fragancias. La cosmetología fabrica cremas reparadoras. Y en implantes y postizos se empieza a ofrecer material de reemplazo para los grandes anuncios de mayo. Las viejas locomotoras del Roca comienzan a tramitar su jubilación ante la promesa de un tren bala que no dejará andenes sin sacudir y que demostrará que siempre gana el más ligero.
Los especialistas auspician nubarrones crecientes y el dólar siguiendo los pasos del volcán, trepa en busca de cielos más seguros. El invierno se mantiene allí, como los precios fijos, sin llegar a las góndolas. Aunque el sol del 25 promete anuncios primaverales. Las encuestas al ritmo del otoño dejan caer unas cifras mustias y la popularidad como la temperatura acusa algunos grados menos, aunque todavía nadie teme el escalofrío. Y en cada tranquera la paisanada sublevada pega gritos de alerta y refuerza el despliegue caminero. Convocan a la protesta y piden buen tiempo. Le temen a los señores secretarios, a las señoras tormentas y a las señoras.
Las rutas se han vuelto peligrosas. Piquetes, humo, resbalones y aprietes acechan esas carreteras donde los camiones con doble comando no permiten saber para dónde está el guiño y para dónde la doblada. Las volanteadas nos empujan a la banquina o a la militancia. El año pasado la nieve anticipó doce meses de novedades naturales que empezaron con el gran recambio oficial. Los chaparrones dejaron goteras por todos lados. El Observatorio de medios que reporta desvíos a Casa Rosada, califica al eructo del Chaitén como parte de la atropellada conspirativa. La inmensa Cordillera no se resigna a ser figura de reparto en el elenco de primicias estelares. Y gracias al volcán compartimos con Chile algo más que Pampita y la Bolocco. La montaña tiene su propio relato y lo ejerce con desmesura, como siempre. Y si la humareda del Tigre llegó a copar la calesita de atracciones, los Andes, como quien se despereza, nos advirtió que tiene todo su elenco alistado para entrar en escena y agregarle zozobra en un territorio más acostumbrado al alerta que al sosiego.
La realidad sigue soplando hacia donde señala el clima y la silueta noticiosa. La presión atmosférica da pistas. La quema de pastizales avisó de otras fogatas edificios adentro. Y en los celulares y en los ministerios, en la asambleas y en los mercados, los temporales fueron amarrando a su antojo. El pronóstico es difícil. Para algunos, si no hay acuerdos, los volcanes seguirán con gritos de alerta hasta que se despeje el camino. El recalentamiento se nota en la Antártida, en los discursos y en las audiencias. La tierra alteró su ciclo: el que siembra soja, recoge tempestades. La sombra de Moreno galopa entre los trigales y las vaquitas no saben cómo hacer para engordar y poder llegar al gancho con precios oficialistas. El costo de vida y las preocupaciones se mezclan con un invasor viento patagónico que primero nos mandó una yunta presidencial, después la nieve y ahora polvito volcánico.
Donde hubo cenizas, ¿incendios quedan?
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