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domingo | 11.05.2008 Actualizado: 01:20
El creciente impacto de la crisis del campo
Por RICARDO ROSALES
El conflicto con el campo ocupa todos los flancos de la política y la economía. No hay otro tema tan excluyente como el que transita hoy la Argentina. La contienda, empero, trasciende ya el reclamo económico por las retenciones o las demandas de los pequeños y medianos chacareros por las producciones regionales, la lechería o la ganadería. El gobierno de Cristina Kirchner decidió plantear las diferencias con el campo en términos de matar o morir, de ganar a cualquier costo una pulseada que se imagina apunta a cuestionar su poder y legitimidad institucional.
¿Es así? ¿Existía un complot del campo tras los reclamos? ¿O fue la intransigencia oficial que llevó a los productores a radicalizar la protesta?
La opinión pública -según algunas encuestas- cree mayoritariamente que los reclamos son legítimos y desaprueba la política oficial. La dificultad mayor, de todas maneras, no pasa por la existencia de una mayor o menor simpatía a las demandas agrarias, sino a la decisión que parece emanar de la Casa Rosada de politizar la protesta y de jugar a todo o nada el resultado de esta pulseada. Así las cosas, las tensiones e incertidumbres políticas y económicas han aflorado como no ocurría desde la debacle del 2001. En el ámbito político están apareciendo fracturas en el oficialismo por la manera de encarar la política con el campo que, a su vez, abren más interrogantes sobre como resolverá esta crisis la presidente Cristina Kirchner.
¿Seguirá en la línea dura? ¿Castigará a cada intendente y gobernador que reciba a la dirigencia agropecuaria?
En el terreno económico las dudas se multiplican. La incertidumbre y versiones de todo tipo colmaron los mercados. La mayoría -quizás- infundadas, pero alentadas por los temores sociales de que una crisis política coloque otra vez al país al borde de otra caída. ¿Tan débil está la economía? ¿Es posible otra crisis como en el pasado? No hay hoy fundamentos para que la economía argentina desemboque en una crisis, salvo el riesgo de decisiones políticas que profundicen los problemas ya conocidos: inflación, baja inversión, crisis energética y expectativas negativas. Basta mirar la situación internacional, la evolución de los países vecinos a la Argentina, o los precios de los productos que exporta el país, para concluir que si hay dificultades económicas sólo se explican por malas decisiones locales.
Entre tanto, el conflicto y la politización del paro agropecuario está provocando un rápido enfriamiento de las decisiones económicas. En el interior y en las zonas rurales, el freno se explica por la propia dinámica de la huelga agropecuaria. Pero en el resto de las actividades, la menor temperatura se debe a las dudas que está originando este conflicto y por como saldrá la administración kirchnerista de este embrollo. En los mercados financieros, en la última semana, se vieron los típicos comportamientos defensivos: compra de divisas, preferencia por la liquidez, caída de los títulos públicos, escasez de crédito. Los analistas, a su vez, están comenzando a calcular cual será el daño fiscal que producirá la paralización de las exportaciones agroindustriales, y de que manera afectará a los gobernadores e intendentes del interior. ¿El ahogo financiero de algunos distritos, no llevará a mayores conflictos del interior con el poder kirchnerista?
La inflación y las expectativas de suba de precios de la población también están aportando al clima de menor actividad. ¿Va la Argentina a otra recesión a causa de esta crisis política? Otra vez, la respuesta está en las decisiones políticas y no en la economía. Bastaría dejar actuar a la economía sin gran intervención (como hizo en el 2003 Lavagna) para evitar una recaída. Aunque habría que señalar que el ritmo de crecimiento sería menor, en torno al 5%, hasta tanto no se advierta un nuevo salto en la inversión.
Finalmente, la disputa con el campo también está tirando por la borda la idea oficial de relanzar el gobierno de Cristina Kirchner hacia el 25 de mayo, convocando a todos los sectores productivos a un acuerdo amplio. La industria comunicó en la última semana que si no hay arreglo con el campo no se podrían sumar al pacto que imagina lanzar la Presidenta en la Semana de Mayo.
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La protesta del campo está obligando a cambiar los planes a la administración kirchnerista
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