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jueves | 12.06.2008 Actualizado: 04:19
ENFOQUE
La Universidad explora Marte
Por ANGEL PLASTINO
No se trata aquí de la nuestra sino de la Universidad del Estado de Arizona. Ha tenido gran repercusión en los diarios del mundo el feliz descenso, hace pocos días (domingo 25 de mayo), de la sonda espacial robótica Fénix cerca del Polo norte del planeta rojo. Los científicos involucrados en la misión han de usar los instrumentos de a bordo para buscar medio ambientes apropiados para la vida microbial en Marte e investigar la historia del agua allí. Se trata de un proyecto que encara una multiplicidad de Instituciones de diferente carácter. Deseo enfatizar fuertemente que éstas están lideradas y coordinadas por la Universidad de Arizona, a través de su Laboratorio Lunar y Planetario.
Hay un ‘secreto’ de las naciones líderes que no ha trascendido demasiado por acá: no existen países importantes sin universidades importantes
El proyecto tiene dos objetivos. En primer lugar, estudiar la historia geológica del agua, porque es la clave para entender los cambios climáticos acaecidos en Marte. Todo progreso en nuestro conocimiento sobre modificaciones geológicas y del clima marciano ayuda a entender y predecir los que puedan llegar a darse en la Tierra. El segundo objetivo es confirmar la posible existencia de una zona habitable, que podría existir en la frontera hielo-suelo cerca del Polo, en la que tal vez haya habido en el pasado algún tipo de vida. Ahora bien, encontrar indicios de vida fuera de nuestro planeta sería uno de los eventos más importantes de la historia humana, y podrá constituir un avance espectacular en nuestro entendimiento y dominio de los procesos biológicos. La del Fénix es pues de una aventura espacial fascinante, de alcances imprevisibles para nuestro futuro.
Repasemos brevemente la historia de este Programa. En agosto de 2003 la NASA seleccionó, entre varias, una propuesta de la Universidad de Arizona (UA) a fin de iniciar una nueva línea de misiones de relativamente bajo costo, destinadas a la exploración 'in situ' de Marte. Tal decisión culminaba dos años de intensa competencia entre diferentes proyectos de diversas Instituciones. Como resultado se asignaron a la UA 325 millones de dólares, el subsidio más grande en la historia de esa Casa de Estudios. Para el emprendimiento Fénix la Universidad de Arizona constituyó una Asociación realmente compleja de múltiples Agencias, que incluye a centros de la NASA, varias Universidades, y la industria aero-espacial, quedándose la UA tanto con la responsabilidad del manejo del instrumental científico de la sonda como con la operación robótica.
La gerencia administrativa y el control de la misión corren por cuenta del famoso Jet Propulsión Laboratory de Pasadena, que es parte de otro famosísimo centro universitario: el Instituto Tecnológico de California. La empresa Martin Lockheed Space Systems de Denver, Colorado construyó la nave espacial. La Agencia espacial canadiense proveyó la estación meteorológica, que cuenta con un novedoso sensor atmosférico basado en láseres. Participan en diversos aspectos de las concomitantes investigaciones otros protagonistas como el Instituto Max Planck de Investigaciones sobre el sistema solar (Alemania), La Universidad La Salle de Filipinas, La Universidad de Copenhagen (Dinamarca), la del Estado de Washington, la de Michigan, la de Neuchatel (Suiza), la de Texas en Dallas, la canadiense de York, etc. El poderoso equipo de microscopios de a bordo es operado por el Imperial Collage de Londres. Estamos pues ante una gran empresa que se aborda vía la cooperación internacional de gobiernos, universidades e industrias.
EJEMPLOS DEL PRIMER MUNDO
Insisto en recalcar que la planificación de este magnífico proyecto estuvo a cargo de una importante Universidad, a quien se le otorgó la pertinente financiación. No se pensó en un ministerio ni en una secretaría de Estado sino en una Universidad. No es por cierto la primera ocasión en que algo de este tipo sucede en el primer mundo. Hace unos 20 años, cuando el Congreso de los EE UU decidió que debía promover un multimillonario programa de generación de supercomputadoras, se lo asignó a otra universidad estatal, esta vez la de California. Cuando, en plena segunda guerra mundial, el presidente Roosevelt se enteró de que Hitler planeaba construir armas nucleares, decidió que EE UU corría gran peligro y debía hacer lo mismo. Le confió los pertinentes estudios iniciales a la Universidad de Chicago, encargándole a su Presidente la formación de un consorcio de casas de estudios que investigase la viabilidad y las características que tendría un hipotético proyecto de tal tipo, que luego se conoció con el nombre de Manhattan. Hace unos 125 años, cuando Japón decidió industrializarse (era mero productor primario hasta entonces), el Emperador colocó el desarrollo de la problemática en manos de la Universidad de Tokio. Se pueden mencionar numerosos ejemplos adicionales, por supuesto.
Hay un "secreto" de las naciones líderes que no ha trascendido demasiado por acá, a saber, no existen países importantes sin universidades importantes. Oxford y Cambridge eran muy famosas siglos antes de que Inglaterra se transformase en potencia mundial. Idem para Tuebingen o Heidelberg en Alemania, Bologna y Padova en Italia, etc. Las Universidades son el principal catalizador del crecimiento y el desarrollo económico de sus países. Y esto sucede desde hace ya muchísimo tiempo.
ARIZONA Y LA PLATA
Permítaseme aquí hacer mención de experiencias personales. He tenido la fortuna de visitar varias veces la Universidad de Arizona, teniendo el honor y el placer de trabajar conjuntamente con profesores tanto de su Departamento de Física como de su Centro de Investigaciones ópticas en varios proyectos de investigación científica. Es obvio que las instalaciones y los presupuestos son allá incomparablemente mayores que los disponibles en La Plata. Sin embargo, desde mi subjetividad, no "siento" que el nivel científico de la UNLP sea tanto menor que el de la UA, al menos en la misma proporción que la de las desigualdades financieras citadas. En muchas disciplinas científicas y técnicas, algo de lo que se hace en Arizona también se podría llevar a cabo en La Plata sin mayores inconvenientes, de contar con apoyo económico adecuado. Las consecuencias benéficas para nuestro país de poder encarar así aquí algún proyecto macro de desarrollo tecnológico serían incalculables.
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