Publicado en Edición Impresa:  Opinión
 martes | 08.07.2008  Actualizado: 05:23

ENFOQUE
Los jóvenes y la educación 

Por AUGUSTO M. MORELLO

Confluyen voces y preocupaciones en rededor de la educación. Miles de jóvenes no estudian ni trabajan; un menor es detenido cada media hora. No hay entusiasmo ni alegría en los niños ni en la mocedad. Deserción, anomia, rebeldías sin causas atendibles, grupos patoteriles, una sensación de vacío, de incomprensión, de fractura, en un contexto que les es hostil, que les ofrece nada más que exclusión sin formación, conocimientos especializados y menos cultura. Violencia y aislamiento, replicados por la prepotencia y el acoso. Ni el género de la mujer que brega por su instalación en ascenso y que busca el progreso y la superación.
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La mocedad no se integra a los partidos políticos ni profesa ideales de realización para el futuro. Arisco en el hogar y en la clase (los que todavía van a la escuela) se colorean en una permanente actitud "a la defensiva" (Ortega y Gaset). Son víctimas del sistema y de una desigual y excluyente cercenación de oportunidades. No hay diálogos ni reconocimientos y poca credibilidad acerca de lo que puede brindarle y proyectarse desde la democracia. que para ellos está en mínima. No son otras las notas sociales sensibles que no los ampara en la necesidad de abrirse el camino y ser responsables. Para qué si el bloqueo o la marginación los empuja hacia el enganche piqueteril. No son oídos en el sentido propio de la expresión y parece inútil optar por alternativas que no tienen porvenir. Se habla del ejemplo, de la formidable empresa vanguardista que plasmó Sarmiento. Pero ahora nada es parecido.

Sin embargo, esa amarga convicción, no todo lo que expresa la juventud es errado. Hay mucho de cierto y los mecanismos de la democracia parecen, ciertamente, carentes de estímulos, de aptitud para despertar vocaciones, ideales y esperanzas para lo inmediato y lo que sigue. Las causas de esa situación generacional que se tiñe de matices aunque en el fondo confronte con el espacio que le reserva la Constitución de nuestra provincia (art. 36 inciso 7) obligue a su análisis profundo en la búsqueda de una enérgica rectificación y respuesta adecuada.

Veamos lo que en diferente perspectiva, más en parecido nivel de gravedad, ocurre en España, al asomarse a las viejas y clásicas posiciones educativas, por maestros de aquellas legendarias formaciones: "Asegurábamos, por ejemplo, que el problema de nuestro país, a la cola de Europa, todavía en los setenta (del siglo anterior) sólo se solucionaría con una enseñanza de calidad, igualitaria y obligatoria, que considerábamos condición indispensable para el cambio social; de la educación hacíamos depender la renta per cápita. Quizás porque éramos profesores nos parecía tan fundamental como la sanidad, pues entendíamos por educación una formación integral del individuo, que le capacitara para el ejercicio de la libertad que otorga el conocimiento de deberes y derechos, además de convertirse en un buen catador de bienes culturales de esos que sirven para el disfrute anímico, pues creíamos a pies juntillas que no sólo de pan vive el hombre. A estas alturas, cualesquiera puede observar que nos equivocamos. Si la renta per cápita española ha mejorado ha sido por razones económicas que no han ido parejas a una mayor y mejor educación. Es cierto que el analfabetismo parece erradicado y que la enseñanza es obligatoria hasta los dieciséis años, pero no me refiero a la instrucción sino a la educación, a la formación integral de las personas y a su capacitación para desenvolverse como tales, algo que tiene que ver con unos conocimientos básicos aprendidos en ciencias, humanidades, ciertamente, pero también con el ejercicio de la responsabilidad que implica, por ejemplo, no conducir borracho, no asestar una puñalada a una parienta porque no acepta la superioridad masculina, o saber discernir entre un programa de telebasura y otro que no lo es y optar por este último".

"La sociedad del bienestar ha exacerbado el consumismo hasta límites insospechados y nos ha hecho cautivos de marcas, modas y tendencias. Una esclavitud que afecta mucho más que a nosotros, a nuestros hijos, a los que no hemos sabido o podido educar -la presión del medio es atroz- como soñábamos antes de tenerlos". (Carmen Rivera, catedrática de literatura y escritora española).

* * *

Tenemos que comprender a la juventud. No son sólo obligaciones, trabajo, formación profesional, diplomas. Sino comprensión, y tratarlos con amistad y amor, amadrigar sus esperanzas y, sobre todo, sus ideales. No se olvide que "la clase política ha hecho una tarea eficaz para desanimar a los jóvenes. Si asocian esa clase con esos discursos viejos que proponen políticas viejas que no tienen empatía con los jóvenes, es imposible que quieran estar en otro lado" (Norman Brisky).

Sepamos escuchar a la juventud que es una inversión de futuro, cuya generación de recambio también es distinta. El privilegio de la juventud, decía Ortega, no es saber lo que quiere, pero importa muchísimo averiguar lo que siente a veces en contradicción con sus palabras o conductas, recibidas casi siempre de otras generaciones. Mas ocurre que con los jóvenes es preciso entenderse siempre. No tienen razón en lo que niegan, pero siempre sí en lo que afirman. El hombre maduro conoce los diferentes modos de ser joven y por eso sabe que la juventud tiene derecho a creer (aunque estén equivocados) que ellos han resuelto todos los problemas de la vida que las generaciones anteriores no conseguimos dominar. Si no creyeran esto, ¿cómo podrían vivir? ¿cómo iban a sentir justificado el ser "la nueva generación"?.

Debemos pensar prioritariamente en ese desafío tan significativo para el ser nacional. Qué hacer en un sentido realista, razonable, incitante, que aguijonee lo establecido que parece no convocar a la adhesión ni al aliento superador. ¿Cómo mostrar un criterioso Pacto de Estado en materia educativa para formar a nuestra juventud en el trabajo, en el estudio, en su calidad moral y dignidad del esfuerzo?. Expresarle sin altanería, con humildad, y en miras de acercarlos a la Constitución Nacional, que todos estamos dispuestos a promover medidas de acción positiva para garantizar la igualdad real de oportunidades y de trato y el pleno goce y ejercicio de sus derechos (art. 75 inc. 23).

¿Cuándo cobrará efectividad la manda de la Constitución de la Provincia que se refiere a la juventud en estos términos: "Los jóvenes tienen derecho a desarrollar sus aptitudes y a la plena participación e inserción laboral, cultural y comunitaria"? (art. 36, inc. 3). De ello nos ocuparemos en la próxima colaboración.

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