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miércoles | 23.07.2008
El protagonismo de De Vido y Jaime aceleró la renuncia
Alberto Fernández venía masticando desde hace tiempo la posibilidad de alejarse del Gobierno, pero las últimas movidas del matrimonio presidencial precipitaron su decisión, que a su vez causó mucho malestar a Cristina Kirchner porque la obligó a acelerar cambios.
Según pudo saber Noticias Argentinas de colaboradores cercanos al saliente jefe de ministros, Fernández tenía clara su intención de abandonar el cargo incluso antes del voto "no positivo" de Julio Cobos que obligó a la derogación de las retenciones móviles al agro, pero sus planes originales eran renunciar "más adelante", cuando se aquietaran las aguas en la escena política.
Sin embargo, la decisión del matrimonio presidencial de sostener políticas que Fernández rechaza desde hace tiempo precipitaron su salida, resuelta en la noche de este martes en su casa de Puerto Madero, donde permanece recluido bajo un fuerte cuadro gripal.
Dicen que la gota que derramó el vaso fueron las imágenes televisivas que mostraron el festivo acto de reestatización de Aerolíneas Argentinas protagonizada el lunes pasado por sus máximos enemigos internos: el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime.
Alberto Fernández, una de las piezas clave en la estructura de poder kirchnerista, venía reclamando desde hace tiempo al matrimonio presidencial que instrumente cambios en el INDEC y que tome distancia del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y del dirigente piquetero Luis D'Elía.
"Alberto no está de acuerdo con este folklore kirchnerista. Le molesta la protección de cierta gente que no tiene intenciones de entender la importancia del cambio", señalaron a NA fuentes cercanas a Fernández.
La comunicación con la Presidenta fue a las 10.30: el golpe de la noticia molestó a Cristina, quien en un principio intentó que Fernández demorase su decisión, pero luego terminó aceptando la renuncia para luego comunicarse de inmediato con Sergio Massa.
"En estas condiciones no puedo seguir", le habría dicho Fernández a Cristina, en una charla "dura", pero que concluyó en términos cordiales, en medio de insistentes consejos del funcionario para que su salida "sea una escalera para otras renovaciones y no una mera pérdida".
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