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domingo | 03.08.2008 Actualizado: 17:06
La Caballería de Scioli y los Granaderos de Cristina
Por ALEJANDRO CASTAÑEDA
La pelea con el campo al menos nos permitió recuperar fuego telúrico. Martín Fierro, la pampa húmeda, la Patria, el Federalismo, los gauchos bravos, todo tuvo su lugar en ese largo batallar entre banquinas y carpas.
La pelea no ha concluido. Se ha firmado una tregua y hasta ahí nomás. La exposición Rural, convertida en morada social del paisanaje, ha levantado un palco de renovación y demandas. No sólo Alfredito es inflable. Llambías, Miguens y Buzzi también se muestran anchos de júbilo al ver que sus presencias adornan un parque de diversiones que ofrece pastelitos, toros, tradicionalismo reivindicaciones y todo al precio de una salida de fin de semana.
Claro, semejante Exposición ha provocado también resquemores y cambios de estilo. El Gobierno no se ha cansado de mandar gestos de indiferencia y reproche desde su Fortín, pero al mismo tiempo, después del traspié en el Congreso, parece decidido a renovar sus escenificaciones, dejando por ejemplo que la Presidenta le dé un impulso a las bochas, para honrar así a un pasatiempo que se parece a los políticos manieros en eso de apostar al arrime, el bochazo y la carambola.
Nunca la Rural había abierto sus puertas con mejores augurios, pese a que desde el Gobierno nacional le han mezquinado hasta los Granaderos. Algo injusto, porque el glorioso Regimiento, el más amable y recoleto de todos, es un batallón sin escaparate ni escopetas. Y dejarlos sin esta salida es como si quisieran subrayar la menguante fama de un escuadrón que nació para el cuerpo a cuerpo y haciendo reverencias.
Regimiento forjado en el duro aprendizaje sanmartiniano, su nombre creció a la par de su Gran Capitán. Pero el silencio de su creador malogró su estirpe y, para conservar identidad y vidriera, no le quedó otra que acoplarse a un ceremonial gubernamental que los quiere tempranitos, tiesos y obedientes, avisándole al Presidente de turno que "no hay novedades", aunque en la Rosada siempre hay novedades. Pero los uniformados, que aprendieron allí a no mirar para los costados, tienen el buen gusto de no entrar en detalles, pese a que en esos despachos han visto batallas más encarnizadas que las de la Independencia.
Es cierto, ya no está Cabral para inmolarse y salvar a su General, y tampoco está Alberto Fernández para dejarle su caballo al gran jefe, pero el Regimiento conserva intacto su morrión y su efeméride, entre otras razones, porque jamás estuvo prendido en ningún cuartelazo, y eso que los hubo, y porque siguió la impronta del Libertador: saludar sin apretar, y no participar en intrigas internas, pese a que ochenta años en la Rosada le dieron experiencia y fogueo para detectar traidores y centinelas.
Cuando se supo que el Gobierno nacional les prohibía a los Granaderos ir a la Rural, el gobernador Scioli ofreció su caballería para sumarse a una Muestra que necesita esos galopes de coreografía para seducir con su ritual campero. Scioli está acortando camino con el arisco campesinado y esta semana su estrategia de abrir tranqueras se desplegó a pleno: mientras su ministra de Producción recibía a los ruralistas, él enviaba sus mejores jinetes para domar el potro de Palermo, que sigue corcoveando.
A los Granaderos no les cayó bien este reemplazo bonaerense. Tenían listos los brillos y los sables para concurrir como estrellas a una muestra que rinde culto a esa tierra que a lo largo de América los ha visto batallar y ganar. Desde San Lorenzo hasta Ayacucho, en trece años de lucha, nunca se habían rendido. Pero ahora tuvieron que capitular y quedarse sin paseo, porque para la Casa de Gobierno, el virrey De Angeli es peligroso y la Rural es otra Cancha Rayada.
Sin ómnibus, con subtes en paro, nafta faltante, tren bala en suspenso y aviones en crisis, Scioli sacó la caballería para agasajar a los paisanos y también para preparar un plan B. No vaya a ser que lo del transporte también se complique y haya que recurrir otra vez a los malacaras para salir de gira.
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