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domingo | 03.08.2008 Actualizado: 01:39
OPINION
Falta un proyecto industrial
Por OSVALDO GRANADOS
Nada es como era. El paro del campo afectó a todos los sectores de la industria. La explicación oficial es que el largo conflicto y el paro de transportistas son los causantes de este momento económico. ¿Será esa la única explicación?.
De acuerdo con la medición de la consultora Ecolatina, el tipo de cambio real frente al dólar está en $1,39
Hasta ahora venían bien los sectores de la industria automotriz, la siderurgia y el aluminio. Lo peor estaba en las ramas alimenticias, textil, química y refinación de petróleo. Pero el sacudón ya les llegó a todos. El propio INDEC cuando se refiere al grupo más dinámico, que es el automotriz, reconoce que en junio hubo caídas del 8,3% en la producción y del 11,9% en las ventas totales al mercado interno. Son porcentajes de junio contra los de mayo.
Además las exportaciones cayeron un 1,2%. Por otra parte, la producción de cemento descendió un 8,7% en junio contra junio de 2007 y 15,2% con respecto a mayo.
En la UIA hubo una reunión privada donde se trataron varios temas. Primero se preguntaban que sería del acuerdo del Bicentenario. Después se explayaron sobre las quejas. Se dijo que la industria ya muestra signos de pérdida de competitividad bastante importantes.
Se habló del dólar y de dos tipos de cambio: el competitivo y el supercompetitivo. El segundo fue el de los primeros años de la salida de la convertibilidad. Las ganancias, en esa época, reconocen que fueron importantes. En algunos casos casi extraordinarias.
En una segunda etapa se duplicó y hasta se triplicó la producción. Esto permitió, señalaron, absorber los costos fijos. Las ganancias se reinvirtieron en utilidades porque el crédito siempre fue escaso.
Luego entramos en la tercera etapa, en la del dólar apenas competitivo, que es la actual, donde los costos industriales medidos en dólares son iguales a los que había durante el régimen de convertibilidad. Y en los últimos treinta días hasta son superiores a los de aquella época.
De acuerdo con la medición de la consultora Ecolatina, el tipo de cambio real frente al dólar está en $1,39, muy por debajo de casi los tres pesos a los que llegó en 2002, pero todavía casi un 40% por encima del final de la convertibilidad.
Hoy la mano de obra es más cara que la de la época de la convertibilidad, dicen en la UIA. Hay sectores que pueden ser desplazados por Brasil y China. Salvo por algunos créditos del Nación y del BICE, no se financia la industria.
En Brasil, en cambio, siempre, o en los últimos cincuenta años, se viene ayudando con crédito al sector industrial. Se recuerda que, ahora que viene Lula junto a un grupo importante de empresarios brasileños, el gobierno de nuestro principal socio en el Mercosur acaba de liberar un paquete de 1.950 millones de dólares en créditos a tasas regaladas y a diez años de plazo para empresas de rubros manufactureros que son las que exportan a la Argentina.
No es precisamente un detalle visto dentro de la política general del Mercosur. Hoy Brasil aspira a un asiento permanente en el grupo de los ocho. No inventaron nada, sólo siguieron la misma política industrial durante 50 años, sin importar el gobierno, con Cardoso o con Lula. Pasaron gobiernos militares y civiles en Brasil pero no modificaron la estrategia industrial.
El inicio de la pérdida de competitividad los industriales lo ubican en 2006. En 2008 los precios de los insumos nos superaron. El dólar competitivo fue, como durante la convertibilidad, el instrumento útil durante un tiempo. En 1991 fue para frenar la hiperinflación. Luego deberíamos haber salido en 1998 cuando devaluó con éxito Brasil, pero aquí nadie se animó. Se produjo en 2001 por explosión.
Con el dólar superalto pasó algo parecido. Los subsidios llegan a casi 30.000 millones de pesos al año. Es hora de salir de este esquema, señalan en la UIA, porque los planes económicos no son para siempre. Nadie se puede enamorar de un plan porque tarde o temprano llega el momento de cambiar.
La catarsis de la UIA llegó a una conclusión final: la clave es que nunca hubo un proyecto industrial en la Argentina. El único que se acercó a algo parecido fue Arturo Frondizi. De allí en adelante la industria jugó siempre a la ruleta rusa. Hoy te acostás rico y a la mañana te levantás pobre.
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