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domingo | 21.09.2008 Actualizado: 16:40
LITERARIAS
"Mi reino por un libro"
Javier Marías, el peor editor del mundo
Como una "absurda aventura" califica Javier Marías su reciente oficio de editor. El sello se llama "Reino de Redonda", y a la fecha ha editado dieciséis títulos con algo de pena y sin gloria. En un reciente artículo en "Babelia" habla así de su nuevo oficio. Algunos párrafos:
"Así como cae dentro de lo muy previsible que un editor acabe desesperándose al ver durante años cómo sus autores se llevan la mayor porción de gloria y de fama -que no de dinero-, y se lance a escribir, preferentemente memorias ensimismadas o viñetas de los escritores que lo hicieron rico, es mucho más raro que un novelista se meta a editor, y supongo que es por eso por lo que se me pide que hable aquí un poco de "Reino de Redonda", seguramente la editorial más pequeña y pausada del Reino de España, ya que publica tan sólo dos títulos al año, o a lo sumo tres. Además, no tiene sede más que nominal, ni plantilla, ni equipo, ni colaboradores externos, ni encargado de prensa ni nada por el estilo.
"La formamos dos personas, una en Madrid, que soy yo, y otra en Barcelona, Carmen López Mercader, que es la encargada de las ediciones, es decir, de que los libros existan. La distribuidora Itaca me hace el favor de colocar algunos ejemplares en las librerías, y mi agente literaria Mercedes Casanovas me echa una generosa mano en la contratación de derechos (cuando los hay). Y sin duda ha de ser la única editorial que no hace cuentas: sé que es deficitaria, porque sus volúmenes están cuidados, llevan muy buen papel y encuadernación, y a los ocasionales traductores les pago el máximo y, si lo desean, la mitad por adelantado, pues no en balde fui yo traductor en su día y habría deseado ese trato para mí. Aun así ponemos a los libros precios razonables, y aun así no se venden mucho.
"La única forma de no deprimirse en exceso y arrojar la toalla consiste en ignorar a cuánto ascienden las pérdidas anuales y generales (siempre he odiado saber cuánto gano y cuánto gasto). Me basta con comprobar que el Reino no se arruina por ello y sigo adelante, hasta que me canse, me aburra, o la excesiva indiferencia de los suplementos literarios me obligue a echar el cierre: si ni siquiera los lectores se enteran de la aparición de un título, qué sentido tiene. Da lo mismo que uno lance a las librerías rescates fundamentales de autores fundamentales o textos desconocidos (...)"
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