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lunes | 29.09.2008 Actualizado: 04:14
EL FUTURO DEL LOBO
Sufrió un golpe tremendo y volvió a descenso directo
No todo se puede resumir con un barajar y dar de nuevo. No corre eso en este Gimnasia cargado de urgencias porque el promedio, como se sabe, está en rojo.
Ahora la cuestión pasa por no caerse. Y restañar las heridas con urgencia es lo que se impone más allá que perder un clásico siempre deja huellas muy profundas, especialmente en lo anímico.
Gimnasia, que jugando con diez le empató a Estudiantes y le dio algún susto más, debe continuar persistiendo en esta sana intención de jugar en todos lados, de ser ordenado y de ir a buscar siempre el resultado, cualquiera sea el rival de turno.
Cuando se esperaba ayer un cimbronazo en los camarines visitantes luego del 1-3 ante el rival de siempre, la confirmación tácita de la continuidad del técnico Guillermo Sanguinetti, aunque por estas horas se redoblarán las críticas con respecto a su trabajo por parte de los hinchas, marca la firme intención de persistir en esta línea futbolística.
La obligación del equipo, en esto van unidos jugadores y cuerpo técnico, pasa por levantarse enseguida, sacar en limpio un balance del clásico e ir por la revancha, luego de potenciar las virtudes y corregir las falencias.
Está claro que debe desterrar con urgencias las actitudes como la que tuvo ayer el paraguayo Maldonado. Su expulsión, tras una jugada grosera y cerca del árbitro, tuvo un gran peso específico en el trámite del clásico.
Su salida condicionó a todo el equipo que, si bien jugando con diez alcanzó una igualdad transitoria, luego quedó sin chance de producir modificaciones en procura de ir por una recompensa más generosa.
Esto de estar en descenso directo, como ahora, o de meterse en la promoción, será una constante en Gimnasia, que ha demostrado manejar conceptos futbolísticos interesantes como para capear al temporal.
Si capitaliza las enseñanzas que le dejó el clásico, si encuentra un poco más de contundencia en su accionar y si sus jugadores no se desequilibran emocionalmente, por supuesto que no todo está perdido, más allá que durante toda esta semana cargará con la cruz más pesada por un resultado adverso y por los cuestionamientos que habrá hacia el cuerpo técnico, especialmente.
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Sebastián Romero se besa la camiseta en su festejo del empate parcial para Gimnasia
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