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miércoles | 03.06.2009 Actualizado: 03:04
Una figura inolvidable
Por HÉCTOR COLLIVADINO
Desde noviembre de 1965 el médico platense Marelli, de 35 años, recibido en la UNLP en el 59, se incorporó al grupo de apellidos emblemáticos de la historia grande de Estudiantes como los de Mangano, Zubeldía, Kistenmacher, Lachaise, Ignomiriello, Urriolabeitia, entre otros, y de un plantel de jugadores con auténtica fibra de campeones.
Y no dejó más su club hasta ayer, cuando se nos fue físicamente. Al hacerse cargo de su difícil tarea en el 65 habló de "un nuevo tipo de medicina" con el que iba a trabajar, que incluía tres partes fundamentales para el futbolista: física, preventiva y psicológica. E hizo hincapié en que la clave estaba en la última, el aspecto psicológico.
"Hay que formar la verdadera conciencia de deportista. Que la autocrítica sea práctica normal. Que cada triunfo o derrota lo sientan todos por igual, con verdadera amistad. Con respeto mutuo". A la era del balance, después de haber piloteado junto a los también médicos del plantel Bilardo y Madero una tarea de esfuerzos mancomunados tan intensa como efectiva durante el glorioso ciclo 1965-1970, retornó con Bilardo en el 75, como médico del subcampeón, y luego en el 82-83, atendiendo al bicampeón con la dupla Bilardo-Manera.
Luego siguió ligado permanentemente al Pincha y se dio el gusto de escribir un libro sobre el cuál hablamos mucho y me ofreció prolongar lo cual me pareció demasiada generosidad de parte suya. "Por qué y cómo Estudiantes fue campeón del Mundo", se llama la obra, imperdible para todo Pincha. Paradójicamente hoy, con el dolor por la pérdida, pero por el honor de su nombre, me toca hablar sobre Roberto; darle el sentido adiós.
Esta semblanza de Marelli necesariamente hay que acompañarla, permítaseme el término, con la "sensación térmica" de quienes disfrutamos de esa extraordinaria calidez que lo caracterizaba y que tan hondo calaba en la familia estudiantil. Era un tipazo. De los más queribles. Profesional, humanamente. Siempre con buena onda. Ayudando a unir al grupo. Aconsejando. A todos y a cada uno. Nunca dividiendo.
Y entre muchísimas imágenes de las vivencias con Marelli, recuerdo una fugaz y cálida pero inolvidable charla que él generó y compartimos con mutua admiración, con Joan Manuel Serrat en Perú. O cuando fuimos a Buga, una especie de Basílica de Luján colombiana durante el ciclo Manera, antes de un partido con América en Cali, junto con el querido DT y el profesor Timko. Intercambiamos estampitas y medallas distribuidas por supuesto por Roberto, en acción de fe.
Así era Marelli, figura que queda inolvidablemente instalada en el corazón de varias generaciones pinchas y en el fútbol platense y nacional, que puede tomarlo como un verdadero ejemplo de profesional y ser humano en todos los aspectos.
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