Publicado en Edición Impresa:  Deportes
 viernes | 03.07.2009  Actualizado: 02:00

¿COMO HACER PARA PEDIRLE MESURA A UNA HINCHADA ENLOQUECIDA?
La cuarta Libertadores es mucho más que una ilusión en aumento 
Autoridad y templanza, los rasgos distintivos de este León finalista harto de contratiempos

La primera reflexión sobre lo ocurrido en Montevideo (plaza competitiva extremadamente dulce para el "Pincha") brota con todos los tics acuñados por el lenguaje del cafetín: Con Verón en cancha era "robo".

Una vez más, fueron tantas las diferencias, especialmente técnicas, entre Estudiantes y Nacional que nadie se atrevió a discutir la justicia que acompañó al resultado final de la serie. Le ganó acá y allá. Fue muy superior. Demasiado como para permitir que la angustia y frío de la incertidumbre se colaran en el ánimo "pincharrata".

Ni los despampanantes mimos desplegados por su gente bastaron para convertir al "Tricolor" en un rival de mayor peligrosidad. Enorme templanza, autoridad en cada una de las líneas albirrojas, poder de gol y media docena de actuaciones individuales muy convincentes, aniquilaron la fogosa expectativa generada entre los fieles al "Bolso"; especialmente cuando tuvieron certeza absoluta sobre la ausencia de Juan Sebastián Verón. Es más, hasta recibieron un plus de hándicap con la baja, a último momento, del rendidor Cellay.

Ni así pudieron empardar la jerarquía de un huésped convencido de sus sólidos argumentos. Los muchachos del Señor Pelusso apenas ofrecieron la silueta de un conjunto de firmes voluntades ansiosas por gestionar milagros. Sólo eso tuvieron, generosa voluntad.

COMPACTO, SIN FISURAS

El primer finalista de la Copa Libertadores 2009 edificó su envidiable orgullo de un área hasta la otra. El repaso de lo ofrecido por los once titulares fue, de mínima, positivo para el bien común. Boselli, Desábato, Braña, Gastón Fernández, Enzo Pérez y Juan Manuel Díaz acumularon los principales méritos, pero sería injusto ignorar la eficaz administración del juego desplegada por el "Chino" Benítez, el respeto que impone Schiavi, la superación del "Colorado" Ré, el crecimiento de Matías Sánchez y el altísimo nivel de regularidad que, desde hace rato, ofrece Mariano Andújar.

Sólo Galván no se enganchó en la sinfonía afinada de sus compañeros. Si lo hubiera hecho, el contragolpe le podría haber deparado más satisfacciones a quien terminó ganando por mayor peso específico.

AHORA, LA GRIPE MALA

El "equipo de los contratiempos" volvió al país con el barbijo puesto. Todavía nadie sabe qué pasará con los partidos que determinarán al campeón de la 50º edición del torneo más importante del continente. La gripe porcina se metió de prepo en nuestra vida cotidiana y ya nadie se atreve a asegurar que la agenda se cumplirá como estaba prevista.

Otro problema. Sin dudas, el peor de los que han surgido. Con el sistema sanitario argentino en jaque, la incertidumbre se expande más rápido que el virus tan temido.

Mientras tanto, el plantel que ya se metió en la historia grande del club, se reencontrará esta tarde en el Country para seguir cocinando a fuego lento esa ilusión que, desde enero hasta hoy, creció a pasos agigantados.

La cuarta Copa Libertadores de América está allí; cerca, muy cerca. Los recuerdos vuelven nítidos. Don Osvaldo espía desde el cielo como este plantel, al que seguramente le hubiera gustado dirigir, se perfila para trepar el último peldaño. Sólo falta uno.

Es cíclico. Hasta parece pautado. Cada un puñado de almanaques, Estudiantes se empecina en tejer amoríos con la gloria. Por lo que se advirtió hasta aquí, su fama de seductor parece estar intacta.



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