Opinar
 miércoles | 12.08.2009  
En su alegato, reivindicó la Obediencia Debida

El represor Santiago Omar Riveros reivindicó hoy la ley de Obediencia Debida, al afirmar que durante la última dictadura militar las órdenes "no se discutían", a la vez que señaló que él se consideraba "un demócrata" y no "un nazi o un dictador".

Al formular sus últimas palabras ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín, que lo juzgó por el crimen del joven militante comunista Floreal "el Negrito" Avellaneda en 1976, Riveros reivindicó la Justicia Militar y sostuvo que sólo los altos mandos -en situación de guerra- pueden discutir órdenes.

El ex militar defendió los decretos dictados durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón en 1975, que establecían el "aniquilamiento del accionar subversivo", al indicar que ordenaban una "guerra revolucionaria contra el agresor marxista".

También cuestionó el rango constitucional que adquirieron los crímenes de lesa humanidad, principio jurídico al que calificó de "foráneo", y señaló al respecto que no fue invocado por los ex fiscales Julio César Strassera y Luis Moreno Ocampo durante el juicio a las juntas militares.

Asimismo, dijo que la derogación de las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final no debería tener carácter retroactivo, pues a su entender sólo se puede legislar hacia adelante.

Riveros, junto a otros cinco ex militares y un ex policía, fueron juzgados por el secuestro y asesinato del joven militante comunista, quien en 1976 tenía sólo 14 años.

El ex militar formuló un discurso orientado a cuestionar las leyes por las que fue juzgado y denunció haber permanecido detenido sin condena más de diez años, a la vez que expresó sus respetos hacia la familia de Floreal Avellaneda.

El cuerpo del menor apareció flotando con signos de tortura y empalamiento frente a las costas uruguayas, tras haber permanecido detenido junto a su madre en el centro clandestino que operó en el Comando de Instituto Militares de Campo de Mayo, cuyo titular era en ese entonces Riveros.

Con voz quebrada, al leer un texto previamente preparado, el ex alto jefe militar dijo que sus jueces naturales eran su familia y el disuelto Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, y también "los soldados de la independencia", en tanto se reivindicó como un "general de la Nación".

Mientras se aguardaba la lectura de la sentencia, Floreal Avellaneda padre, viejo dirigente comunista y sindicalista, advirtió que "la lucha va a continuar", y puntualizó que el de su hijo es un caso emblemático, ya que hay más de cinco mil causas contra el Comando de Instituto Militares, cuyo centro clandestino definió como "similar al que funcionó en la ESMA".

A su vez, Iris Pereyra, la madre del "negrito" Avellaneda, aseguró que no tenía sed de venganza hacia los militares, y que solo quiere "justicia para los 30 mil desaparecidos".

Por último , pidió la pena de reclusión perpetua para que los acusados "nunca puedan salir de la cárcel".

Riveros se defendió de quienes cuestionaban la asignación de defensores oficiales para los ex represores y en ese sentido señaló que si el Estado no le hubiera quitado el sueldo del retiro él se habría pagado abogados propios.



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