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domingo | 30.08.2009 Actualizado: 02:20
Leonardo Madelón: esta vez hubo silencio stampa
Por WALTER EPÍSCOPO
El reloj en la calurosa tarde marcaba las 18.20 cuando los jugadores de Gimnasia en el medio de la cancha se juntaron y mirando el piso se retiraron juntos rumbo a la manga, mientras el estadio entero festejaba. Ya desde allí se veía que la tarea en vestuarios no iba a ser fácil, y las declaraciones no iban a abundar.
Los jugadores se fueron en silencio del campo de juego. Esos metros fueron interminables mientras llovían botellas y todo tipo de objetos contundentes que arrojaba la gente de Estudiantes, ninguno miró para los costados, solo Fito Rinaudo desvió la mirada hacia su derecha empapado de sudor y bronca, pero enseguida apareció la experiencia de Teté González, que lo abrazó y lo metió en la manga antes que hiciera algún gesto.
Y como se preveía, la espera fue larga fuera del vestuario mientras se escuchaba la pirotecnia que Estudiantes tenía preparada para su festejo.
El micro ya estaba listo en la zona del estacionamiento cubierto para cuando los futbolistas abandonaran los camarines, salir por la Avenida 532.
SILENCIO GENERAL
Los minutos corrían y en solo un rato no quedó absolutamente nadie en el estadio. Todo estaba centrado en las zonas de vestuarios.
Y exactamente a las 19.04, se abrió la puerta del vestuario visitante y empezaron a salir los jugadores albiazules. El primero en aparecer fue Rinaudo y detrás suyo se inició la fila, entre los primeros estuvo Sessa y en el medio Leonardo Madelón, quien solamente haciendo un gesto con su mano dejó en claro que nadie iba a hacer declaraciones, incluyendo el.
Fueron pasando uno a uno sin detener la marcha. Las caras lo decían todo. Si siempre se dice que este grupo siente mucho la camiseta y la mayoría son hinchas del Club, estaba claro que la derrota había pegado muy duro en todos y no había ganas de hablar, o tratar de explicar lo inexplicable. Incluso también se hicieron presentes los futbolistas que no integraron el banco, y que quisieron estar junto a sus compañeros.
Solo había pasado una hora de terminado el encuentro y ya con Vizcarra y Ereros a quienes les tocó cumplir con el control antidoping, el ómnibus salió el estadio. Tomó por Avenida 32 hasta llegar a calle 2, y de ahí le pegó derecho hasta 53 para dirigirse a la Sede Social, donde los futbolistas tenían sus autos particulares.
El viaje fue sin inconvenientes, y como había ocurrido minutos antes, tampoco hubo comentarios. El silencio valía más que mil palabras.
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