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Opinar
 domingo | 06.09.2009  Actualizado: 03:43

Computadoras recicladas contra las secuelas de la malnutrición 
En Ingeniería recuperan máquinas viejas para chicos con retraso madurativo producto del hambre
Por NICOLÁS MALDONADO

A una edad en que otros chicos comienzan a aventajar a los padres en el manejo de computadoras, Melany se sienta por primera vez frente a una de ellas. Hasta hace semanas material de desecho, la máquina que ocupa es ahora el centro de atención de un grupo ansioso por ponerle las manos encima. En el medio de ese grupo, Melany no se deja impacientar. Letra por letra rastrea su nombre en el teclado y sonríe victoriosa al verlo aparecer en la pantalla. Su entusiasmo, apenas comparable al de sus maestras, es en sí mismo toda una conquista; acaso la primera de una silenciosa apuesta por devolverle oportunidades a quienes el hambre alguna vez se las arrebató.
abre comillasNo resulta casual que la mayoría de los chicos con retrasos madurativos provengan de los barrios más pobres de la Ciudad cierra comillas


En la Escuela de Educación Especial 535 -a la que asiste Melany junto a otros 177 chicos- el entusiasmo y la curiosidad por aprender no son moneda corriente. Pese a que el 85% de los alumnos no sufre ninguna discapacidad de base, su paso por otras escuelas convencionales fue una experiencia frustrante. De hecho, la mayoría de ellos llegaron allí tras repetir varias veces de grado sin causas evidentes que justifiquen su bajo desarrollo madurativo, su falta de concentración, sus dificultades de aprendizaje.

Esas causas no constituyen sin embargo ningún misterio para cientos de docentes involucrados con la educación escolar hoy. En una u otra medida las ven a diario en las aulas. Son las secuelas de la malnutrición, el desamparo, la deprivación social, la falta de estímulos en hogares donde la prioridad casi excluyente es la supervivencia diaria. No resulta casual que casi la totalidad de los chicos con retrasos madurativos provengan de algunos de los barrios más pobres de la periferia de La Plata.

Es bien conocido lo que pueden hacer el hambre y las privaciones en una mente en desarrollo. Quienes los sufren durante sus primeros años de vida, rara vez alcanzan luego la capacidad intelectual de una persona de 11 años. A fuerza de fracasos escolares, muchos dejan la escuela y, llegada su adultez, deben enfrentar el mundo casi sin recursos para poder conseguir un empleo.

Pero si las consecuencias son conocidas por muchos, pocos imaginaban sin embargo lo que un puñado de computadoras viejas, en manos de maestras con vocación, podían llegar a despertar entre quienes fueron privados de casi toda oportunidad desde la cuna.

"REVOLUCIONADOS"

"Desde que llegaron las computadoras, están todos revolucionados", dice Patricia González, una de las maestras de la Escuela 535 de Los Hornos, al describir algo que se hace evidente apenas ingresar en cada una de las aulas. Reunidos en torno a las máquinas, chicos de entre 3 y 20 años esperan ansiosos su turno para probar que son capaces de escribir sus nombres, armar rompecabezas, identificar números y resolver problemas.

Casi objetos de adoración, cada una de esas máquinas era hasta hace unas semanas desecho electrónico. Si hoy sirven aprender es gracias a la iniciativa del personal de la Escuela y el apoyo que recibieron por parte de la UNITEC, una unidad de investigación de la facultad de Ingeniería de la UNLP.

"Teníamos tres computadoras que nos habían donado pero ninguna servía. A las fonoaudiólogas de la escuela se les ocurrió que tal vez podían utilizarse como un recurso didáctico y así fue cómo nos contactamos con la gente de la facultad para que nos diera una mano", cuenta Laura Puche, la directora.

En la Unitec no sólo aceptaron la propuesta sino que además la convirtieron en proyecto mucho mayor. A través de su Laboratorio de Asistencia Técnica, profesionales y estudiantes de la facultad reciclaron esas tres computadoras viejas y, utilizando los componentes de otras, le donaron a la Escuela 535 otras seis más la semana pasada.

"Ahora tenemos un listado de quince escuelas que esperan que las ayudemos con computadoras recicladas, pero para eso vamos a necesitar el apoyo de la comunidad", dice el ingeniero José Rapallini, uno de los integrantes de la UNITEC.

"Las computadoras resultaron ser un recurso didáctico muy motivador. Los chicos sienten que están jugando, pero están aprendiendo -explica Sara Cordero, la vicedirectora- Y eso no sólo facilita enseñarles lectoescritura y nociones de aritmética; también permite darles la oportunidad de que alguna vez pueden manejarse con cierta independencia en un mundo donde cualquier trabajo requiere hoy usar un teclado".

COMO AYUDAR

Para poder abastecer de computadoras recicladas a las escuelas, el Laboratorio de Asistencia Técnica para Establecimientos de Educación Especial -a cargo del ingeniero Flavio Ferrari-, requiere del apoyo de la comunidad. Las personas interesadas en donar máquinas en desuso pueden contactarse con la UNITEC escribiendo a la casilla uniteconline@gmail.com.

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En la Escuela Nº 535 de Los Hornos, viejas computadores recicladas son hoy un recurso didáctico que tiene a los chicos revolucionados (izq). Un alumno del Albert Thomas trabaja para recuperar máquinas en la UNITEC
En la Escuela Nº 535 de Los Hornos, viejas computadores recicladas son hoy un recurso didáctico que tiene a los chicos revolucionados (izq). Un alumno del Albert Thomas trabaja para recuperar máquinas en la UNITEC


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