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martes | 15.12.2009 Actualizado: 00:51
DIARIO DE VIAJE
Con el sueño cambiado
ABU DHABI, Emiratos Arabes (Enviado especial).- No es broma esto del cambio de horario tan brusco. Las siete horas de diferencia que arrastran nuestros cuerpos desde que despegamos del aeropuerto Internacional de Ezeiza nos pasa factura cada día y a cada rato. Tanto que la primera noche, a eso de las cuatro o cinco de la mañana, nuestros ojos parecían ventanas abiertas de par en par, mientras que pasadas las tres o cuatro de la tarde el sueño nos ataca como si fuera un malón y nos obliga a la resistencia, aunque algún que otro cabezazo es imposible evitar en los lugares menos cómodos para hacerlo.
Pero el sueño a contramano y los cabezazos tipo centrodelantero no son la única manera con que nos flagela el cambio de horario al que, ironía del destino o del programa de este Mundial de Clubes, nos terminaremos acostumbrando con el último pitazo de la gran final y cuando ya estemos preparados para poner un pie en el avión de regreso a la Argentina. Si fuera sólo aquello, sería cuestión de ponerle garra, aguantar y llevarla de la mejor manera posible. Pero hete aquí que nos encontramos a cada rato sin intuir qué hora es, si es de noche o de madrugada y con el lío de las comidas que también se ha vuelto una complicación. Es que no sabemos si cuando desayunamos tendríamos que estar cenando o si pasada la una de la tarde hay que pedir un plato de fideos o un café con leche y medialunas.
Y ojo que también es probable que nos hayamos olvidado de adaptar nuestro reloj de cuarzo a la hora del país que nos alberga por estos días y entonces ahí sí la impuntualidad nos puede hacer pasar un papelón de aquellos.
Pero siempre hay dos maneras de ver las cosas, por el costado positivo o por el negativo. Alguien nos recuerda que no hace mucho este tipo de competencia se hacía en Japón, que hace cantar a sus gallos cuando en la Argentina nos preparamos para tomar el te de las cinco de la tarde, pero además nos hubiera obligado a un vuelo de 24 horas de duración y a llevar un buen lápiz para dibujar aquellas partes del cuerpo que se podrían haber borrado por estar sentados durante tantas horas en el asiento de un avión.
Está claro que los argentinos somos así, siempre nos quejamos de algo. A propósito. ¿a qué hora tendremos que elevar nuestra protesta porque el mundo está dominado por distintos usos horarios? Qué papelón si llegamos tarde.
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