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sábado | 19.12.2009 Actualizado: 06:25
Sacrificios, esfuerzo y solidaridad detrás de los hinchas que cumplieron su sueño
Lorena y Claudio son dos ejemplos de fanáticos que se sacrificaron para hacer el viaje de su vida
Por FACUNDO BAÑEZ
Ni bien cuenta lo que siente por el club, a Lorena Fallace (29) los ojos celestes y achinados se le llenan de lágrimas. Tiene que dejar de hablar. La emoción la puede. “A Estudiantes lo llevo en la sangre -dice en un suspiro hondo, como si hiciera falta explicación-. Yo ganaba 350 pesos por mes como empleada en una fotocopiadora. Cada peso me cuesta horrores. Pero no importa. Tenía que estar acá y renuncié al laburo, dejé todo. Siempre estuve en cualquier cancha y la final del mundo no me la podía perder. Ahora sé que cuando llegue a La Plata me va a llevar mucho tiempo devolver toda la guita que me prestaron. Es un sacrificio enorme, tremendo, pero te juro que vale la pena. Todo el amor que siento por el pincha vale la pena”.
Lorena integra ese universo de hinchas pincharratas que, verdaderos leones de la tribuna, dejaron todo y se endeudaron de aquí a un largo tiempo para poder decir presente en el Bin Zayed Sport City donde hoy se jugará la final. Alumna en la facultad de Periodismo y en la Escuela de Oficiales del Servicio Penitenciario, Lorena, más conocida como “la china”, empezó a idear una y mil veces alguna forma para poder juntar el dinero que la trajera hasta aquí ni bien su equipo de toda la vida se consagró campeón en el Mineirao. Organizó rifas, empezó a dejar “monedas y billetes de dos pesos” en una alcancía, pidió plata prestada a su hermano y a los amigos y comenzó a sacar lo mínimo indispensable de su sueldo de empleada para poder vivir a puro ahorro hasta el último día en La Plata antes de subirse al avión.
“Saqué un viaje económico que para mi es un montonazo -dice ahora con una sonrisa de oreja a oreja, con la satisfacción propia de quien se sabe con el deber cumplido-. De Ezeiza fui a San Pablo. De ahí a Dakar, de Dakar a Estambul y de Turquía me tomé un avión directo para Dubai. Cuando vuelva para La Plata voy a tener que ponerme las pilas para devolver toda la que me dieron. Y para conseguir laburo, obvio, porque en la fotocopiadora me dijeron que si me iba perdía el trabajo. Como te imaginarás, eso tampoco fue un impedimento”.
No difiere mucho su historia a la que cuenta Claudio Prieto (42), empleado en una carnicería de 60 entre 8 y 9 y seguidor incansable de Estudiantes. Separado con dos hijos, Claudio sacó un préstamo de 4 mil pesos, agarró el aguinaldo y sumó a eso “unos ahorritos” que tenía guardados para ponerlo todo en una agencia de viajes que lo hiciera aterrizar en tierras árabes y lo llevara hasta el mismísimo lugar donde jugara su querido León.
Desde que llegaron a Dubai, Claudio y la “china” no se sacaron la camiseta rojiblanca ni una sola vez. La llevan a todos lados, como llevan también a todos lados sus banderas que los identifican con el equipo de sus amores. “Te juro que no me importa haberme endeudado por el pincha -asegura él-. Es un sacrificio que uno hace porque lo siente. Nadie te obliga. Para mi es como un sueño cumplido. Más vale que quiero ganar la copa, pero lo importante era estar acá. Hacer el aguante acá”.
Hicieron lo que querían hacer. Y aquí están, esperando el gran partido con el que soñaron toda su vida. Ansiosos. Satisfechos. Endeudados pero felices.
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