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sábado | 19.12.2009 Actualizado: 06:25
Con la fuerza del amor, llegaron a donde querían
Por MARTÍN MENDINUETA E IGNACIO DILLON
DUBAI, Emiratos Arabes (enviado especial).- Manuel Fernández Irigoyen recurrió a los lazos familiares para poder alcanzar la meta de llegar a esta ciudad de rascacielos intimidantes. Reunió a sus familiares más cercanos y les explicó, con total crudeza, que si ellos no lo ayudaban, su viaje a Dubai iba a quedar archivado en el cajón de los sueños truncos. Evidentemente, lo deben querer mucho, ya que entre varios, especialmente un par de primos, pusieron a disposición del fanático “pincharrata” ¡cinco! tarjetas de crédito para hacerle frente a los primeros pagos en la agencia de turismo.
Manuel, empleado de una herrería de obra, habló con su jefe y a él también le explicó lo que tantas ganas tenía de hacer. El dueño del negocio lo entendió y, a partir de allí, todo se fue dando para cristalizar “por lejos, las vacaciones más lindas de mi vida. Sin dudas, lo que estoy viviendo no me lo quitará nada ni nadie. Estoy pasado de revoluciones, no soporto más la ansiedad, quiero que empiece ya mismo la final”.
Consultado sobre cómo hará para devolver el dinero que le han prestado, aseguró que “tendré más de veinte horas en el vuelo de regreso para pensar en eso; o no, porque si el resultado es el que todos los hinchas queremos, el retorno a Ezeiza será, otra vez, el punto más alto de festejo. Les quiero agradecer a todos los que me ayudaron para vivir esta experiencia que va estar entre las mejores de mi vida”.
LO SALVO EL HIJO
A Manuel Amigo, “Manolo” para todos los que están hospedados en el Hotel Oasis Beach en el barrio Marina de Dubai, todavía le genera algo de remordimiento haber dejado a su joven hijo, Juan Manuel, a cargo del acopio de verdura que tiene bajo su responsabilidad en Lisandro Olmos. “Si él no se hubiera quedado trabajando en contacto con los quinteros, armando todos los cargamentos de lechuga y las negociaciones con la gente del mercado, este gusto de traer a mi hija María Victoria hubiera quedado para otra oportunidad. Nuestro trabajo con el acopio de cajones de lechuga en los acoplados que salen para distintos puntos del país, nos obliga a un control constante y, para colmo, esa tarea se realiza en horas de la madrugada. Le pedí por favor que se quedara a cargo de todo y, por suerte, me ratificó que es un hijo de primera”.
Refiriéndose a lo que está disfrutando junto a su hija, contó que “mi nena -tiene 18 años- se hizo tan o más fanática que yo; además es una compañera ideal, es mi compinche y por eso estamos felices de atesorar esta vivencia espectacular. Probablemente, por estar hoy acá, tengamos que postergar las vacaciones, pero el reencuentro de Nochebuena con mi esposa (Analía Sotelo) y mi hijo será muy emotivo”.
UN HIJO EN CAMINO
Gabriel Kohan y Karina hacía 16 años que buscaban la gestación de un hijo, situación que felizmente se confirmó el mismo día en que él se despedía de ella para partir rumbo a la Península Arábiga. “Sólo aquellos que nos conocen mucho saben lo que hemos deseado este embarazo; pensábamos que no se nos iba a dar y, por un extraño capricho del destino, nos enteramos de la gran noticia cuando ya tenía el bolso preparado y faltaban dos horas para que me pasara a buscar el remise para llevarme al aeropuerto. Nos miramos y, de inmediato, nos largamos a llorar como dos nenes. Fue mágico”.
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