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domingo | 07.02.2010 Actualizado: 09:51
NOTA DE TAPA
La Mística al Aconcagua
Intimidades de una experiencia que combinó sacrificios y pasión rumbo al techo de América
Era el 8 de julio de 1983, cuando el actual campeón de América empataba a Gremio 3 a 3 con solo ocho jugadores por la Copa Libertadores, cuando Edgardo León Martín, de 42 años, soñó con ver la bandera del León ondeando en el techo de América.
Ese sueño lo mantuvo en secreto durante años, hasta que en octubre del 2008, luego de unos estudios, el médico le dijo: "Hay tres 3 hígados: el normal, el canceroso y el tuyo, Pelado". Según su propias palabras, "producto de su laburo de organizador de eventos y sus relaciones con la noche".
Empezó a entrenarse y decidió llevar adelante su sueño. En diciembre de ese mismo año se repitió los análisis después de dejar de tomar y comer (pero no de fumar).
El empujón que le faltaba fue cuando con su antigua agrupación, "Pincharatas mendocinos", hicieron un vino marca "Manchester 68". Luis Alvarez Gelvez, un viejo amigo de Edgardo, se enteró del vino y organizó un asado en el Country el día de la semifinal con Argentinos, durante la Supercopa.
"Me acuerdo de ese día y se me pone la piel de pollo", cuenta Edgardo. "Me esperaba en el Country de Estudiantes con Cacho Malbernat y la Bruja Padre. Nosotros llevamos en una Kangoo unas cajas de regalo. Íbamos el presidente, el vicepresidente de la agrupación, Nico (mi hijo mayor) y yo. Más tarde encontramos a mi hijo menor, Ezequiel, escondido entre las cajas de vino. Me acuerdo de verlo antes de irnos jugando a la pelota en la esquina de casa. De golpe, cuando ya estábamos camino a La Plata, apareció Eze, que sabía que iba a comer con el ídolo de su abuelo y se coló. Gabi, mi mujer, casi me mata cuando volvimos".
Habían contratado a un chofer porque el viaje sería rápido. Tenían que ir y volver en el mismo día porque todos tenían obligaciones en Mendoza. Cuando llegaron el Country, Cacho y la Bruja les improvisaronn una visita guiada. Edgardo nunca había estado en contacto con ninguno de los jugadores. No aguantó la tentación y le envió un mensaje de texto a su esposa: "Estoy recorriendo el country con la Bruja Verón". La respuesta lo emocionó: "Si te viera tu papá..."
"¿Sabés lo que significaba eso para mi? Mi viejo siempre decía que si la Bruja hubiese jugado en Boca, hubiese sido más grande que Maradona", exclama.
Para los hinchas mendocinos, el cielo nunca estuvo más cerca. Luego del asado fueron a la cancha y se volvieron para Mendoza, con el pincha finalista.
Fue durante la final que decidió ponerle fecha al proyecto del Aconcagua. Luego del partido, que vio con la agrupación, fue para su casa sin comentárselo a nadie y le dio forma frente a la PC. "Lo presenté en la agrupación y les comente mi idea. Armé una página web y convoqué a nivel nacional a más hinchas andinistas".
UN FANATICO DE LA MONTAÑA
Ricardo Manuel Perez se enteró de la convocatoria cuando el padre le avisó que la historia había sido publicada en el diario EL DIA, hace ya más de un año.
Ricky hace ya cinco años que pasa todos los veranos en el Parque Provincial Aconcagua, le falta una materia para recibirse de Guía de Turismo. En marzo del 2009 volvía de sus vacaciones cuando vio la convocatoria y lo convenció a Edgardo de que lo dejase participar con una foto suya con la camiseta del pincha en plaza de mulas.
Para entrenarse, Ricardo salía a correr todos los días y luego iba al gimnasio haciendo principalmente piernas y espalda. Sin embargo casi pierde la oportunidad de participar de la expedición: en diciembre del 2009 se tuvo que someter a una operación de neumotorax espontáneo. Le dieron de alta el 5 de ese mes, pero continuaba con puntos y la herida fresca. Para Navidad le sacaron los puntos y el médico le permitió volver a trabajar, pero no a realizar esfuerzos físicos.
Desobedeciendo al médico, empezó nuevamente a correr y andar en bicicleta. En teoría, el día que partió para la expedición el doctor le había dado el alta definitiva recién para poder comenzar a entrenar, pero ya estaba camino a la cumbre del Aconcagua. "El único que me dejaba seguir entrenando era mi viejo. Les había dicho en un principio que sólo iría al campamento de mulas, pero no me pude contener. Fui a ser miembro de la expedición, no a apoyarla", se acuerda.
"Subir el Aconcagua no es barato (se estima que demanda unos 3.500 dólares por persona)... para juntar la plata estuve ahorrando y laburando los fines de semana como repartidor en moto. Además tuve que pedir un préstamo. Teníamos la esperanza de que en algún momento saliera alguien a apoyarnos, pero no lo conseguimos y no nos quedó otra que seguir para adelante", cuenta.
Y Ricardo tiene también reconocimientos: "Mi novia me bancó en todo. Entrenaba y no salía para no gastar dinero, además iba a visitar a las agrupaciones por todo Buenos Aires. Siempre le decía que saldríamos otro día, y me bancó. Ahora, cuando vuelva, me va a ir a recibir al aeroparque con mis viejos".
UN QUILMEÑO EN LA EXPEDICION
Rodolfo Oscar Vilas, "Rolo", se enteró luego de que Edgardo le mandara unas remeras a los jugadores. Las remeras de "Picharratas al Aconcagua" se vieron por televisión y, a partir de allí, Rolo se puso en contacto con Edgardo y, al comentarle de la experiencia que tenía en la montaña, quedó definitivamente como el tercer miembro de la expedición.
Este integrante podría haber sido platense, aunque nació en Quilmes. Recuerda con mucha emoción cuando era chico y visitaba el Museo y el Zoológico de la Ciudad. Su primera novia fue de La Plata. Hasta hizo la colimba en el Batallón 601 de City Bell.
"Me hice hincha del pincha de muy chico. Estaban jugando la Libertadores y me arrodillaba como rezando frente a la radio. Los partidos todavía no los televisaban. Era la única manera de seguirlos. Me pasé mucho tiempo arrodillado frente a la radio, esperando escuchar siempre algo más de ese club que me había llamado la atención. Creo que estaba en sexto grado", recuerda Rolo.
"Después de hacer la colimba me casé y me fui a Misiones. Allí no llegó el cable hasta 1986. Pero fue allí, unos años después, que empecé montañismo, aunque sin ganas la primera vez. Fue mi mujer y un grupo de amigos misioneros quienes me convencieron de ir al Camino del Inca. Ellos venían del Himalaya y del Kilimanjaro, en África. Y fue allí cuando me di cuenta de que esto me gustaba".
Su vida deportiva casi se terminó hace dos años, cuando descubrió que tenía dos hernias de disco en la región lumbar. El médico que lo atendía le prohibió todo ejercicio físico, así que decidió cambiarlo, hasta encontrar uno que le aconsejara no dejar de realizar deportes. Durante esa época había parado de ejercitarse, pero a los 8 meses lo invitaron a una competencia. Participó y desde entonces no volvió a perder el ritmo.
Nunca más sufrió otro episodio, hasta el día que estaba armando la mochila para el viaje. Fue al médico enseguida para que lo infiltre, manejando su auto con hielo en la espalda.
"Me alivió, el día que me tenía que subir al avión, ver que podía volver a caminar...Y en el aeropuerto no sentía más dolor", cuenta y agrega entusiasmado: "Me acordaba de la Brujita, que juega infiltrado. Si los jugadores pueden hacerlo, ¿por qué yo no? Sentía que estaba yendo a la final del mundo como Estudiantes, con toda la pasión y la esperanza. Un pequeño dolor no me iba a detener".
Y habla también del motor de ese entusiasmo: "Me acuerdo de haber leído en eldia.com: 'El león de América en la cima de América' y supe que no podía faltar, sí o sí iba a integrar la expedición. Ese título me emociona, fue el mejor que leí porque es donde el pincha siempre tiene que estar. Siento que el pincha y la Libertadores son parientes y ahora nosotros estamos humildemente siguiendo el paso de ese gran equipo, buscando también la cima del Continente".
"No logramos la cima, pero no lo sentí como una derrota. Puse lo máximo de mí y la montaña no me permitió seguir. Fue emocionante desplegar la bandera en piedras blancas a los 6.100 metros. Le tengo que pedir perdón a Edgardo porque se le corrieron algunas firmas porque con la nieve se mojó la tela y la tinta se corrió.
UN GUIA PROFESIONAL
El cuarto miembro, Daniel Redmon, de 42, es un montañista amigo de Edgardo de toda la vida. Trabaja como guía en el Aconcagua. Para acompañar el esfuerzo de su amigo decidió que él los llevaría a la cumbre sin cobrarles. Su amor por la montaña fue tan grande que nunca le prestó atención al fútbol, hasta que vio el apoyo de toda la gente y pudo conocer al club y los jugadores. Desde entonces comenzó a estar atento a los resultados y al club. Aunque por los lugares que recorre casi nunca hay radio, teléfono o Internet.
"El bichito de la montaña te pica y deja el aguijón. De chico salía al monte, vivía cerca de la precordillera, y salíamos a buscar insectos para un insectario que teníamos. En esa época había conseguido una lona para usar de carpa. Recién estaba entrando en la adolescencia. Ya más grande, salía a caminar con mi perro, un bóxer llamado Timoteo", recuerda.
Daniel ha logrado conquistar la cumbre en 24 ocasiones. Esta iba a tener un significado especial ya que sería la numero 25 para él y la primera vez que lo hacía por el pincha.
Empezó trabajando como enólogo, pero nunca dejó de salir a la montaña. Al principio un amigo le prestaba el equipo, desde la mochila hasta la carpa.
Un día escuchó hablar de la Escuela Provincial de Guías y Trekking de Alta Montaña. No tardó mucho en recibirse, primero como guiá de trekking, y luego pudo perfeccionarse hasta ser guía de alta montaña. Dejo la enología para siempre.
Además del Aconcagua, lidera el "Proyecto Argentino al Himalaya", el que quiere que con el paso del tiempo se convierta en una expedición que comprenderán 14 cerros de más de 8.000 metros. Llevan ya 3 desde el 2004, pero la crisis, la falta de asistencia y la dificultad en conseguir sponsors hacen de este proyecto una lenta travesía que sueña alguna vez con cumplir.
Los cuatro protagonizaron una aventura motorizada por la pasión. Los cuatro combinaron energías, sacrificios, sueños y utopías para trepara el AConcagua. No llegaron a la cima. Pero eso es lo de menos. Como ellos, miles y miles de argentinos -y por supuesto también muchos platenses- desafían año a año el Aconcagua con suerte y motivaciones dispares. Esta es una historia entre tantas que, por su ligazón furbolera con La Plata, despertó en la Ciudad una especial atención.
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