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domingo | 07.03.2010 Actualizado: 10:05
PREMIO TUSQUETS DE NOVELA
Sergio Olguín posa su mirada
El escritor Sergio Olguín eligió un escenario marcado por la fragmentación social para ambientar su última novela, "Oscura monótona sangre", cuyo personaje central -de origen humilde pero convertido en un próspero burgués- termina por desandar el camino de un destino tan buscado como ajeno.
La obra fue ganadora del V Premio Tusquets de Novela -dotada con 30.000 euros-, que se falló a fines del año pasado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
"Lo que remarca más esta historia son los límites sociales. Al detenerse esa movilidad social que hubo durante el peronismo, donde se podía ascender por más que hubiera tensiones o conflictos. Esa sensación de `yo puedo llegar` se ha perdido. Ahora todo esta más cercado, incluso por espacios físicos", describe Olguín en una entrevista con Télam.
"Para la novela -recién publicada por Tusquets- tomé al hijo de un obrero que llega a ser dueño de una fábrica, y que pasa del industrialismo, a la especulación y los mercados financieros", en una permanente mutación que le permite alcanzar una posición acomodada. "Es un personaje con un gran desprecio por la sociedad que lo rodea: siente el malestar de su origen", define.
La fábrica es muy importante para Andrada: "Le marca un lugar de pertenencia que aunque no lo manifiesta en la novela es con lo que se siente mas identificado".
Cada mañana camino a su fábrica en Lanús (donde nació) "àhacía el camino inverso a su ascenso social, una suerte de recordatorio que señalaba de dónde venía y adónde había llegado", escribe Olguín sobre una rutina que iba a modificarse sin aviso cuando va en busca de un adolescente (Daiana) de la villa 21 de Barracas.
"Hay una especie de indulto social para lo que hace Andrada. El puede especular económicamente que nadie le va a decir nada, el puede meterse con una prostituta menor que tampoco nadie le va a decir nada e incluso puede asesinar un chico villero sin que la sociedad tome ningún tipo de medida", subraya el autor de "Lanús", "Filo", "El equipo de los sueños", y "Springfield".
"Esa sociedad tiende a proteger a personajes como él, pero por ese malestar oscuro difícil de definir -que menciona el título de la novela- lleva esa protección al límite y hay un momento en que la sociedad le suelta la mano. Una cosa es ser un hijo de puta y otra manifestarlo de manera pública", sentencia.
Lo que la historia genera, reflexiona Olguín, "es una situación de conflicto, de enfrentamiento que a la hora de escribir yo no podía dejar de lado cuando tenía personajes tan distintos o cuando se producía este choque entre el mundo de la villa y el de un pequeño burgués".
"También, está la violencia contenida que hay entre la mirada del tipo que tiene un piso en barrio Norte y ve los cartoneros en la puerta de su casa y considera que eso disminuye el valor de su propiedad o le parece simplemente terrible", añade
De Daiana sabemos "solo lo que Andrada ve y su mirada es muy corta -apunta Olguín-. Ella trata de estar al lado de quien le da seguridad y cierto amor. En su vida la aparición del empresario es casi un paraíso. Tiene comida, dinero, ropa, aunque implique ser amante de este hombre".
"Ahora bien Daiana es también víctima de una sociedad que pretende que se mantenga donde está -remarca-. A ambos la sociedad les pedía otra cosa. En su momento que Andrada fuera un obrero y más adelante un tipo respetable. Y de Daiana que sea una prostituta que probablemente muera joven, víctima del paco, a los 16 o 17 y eso a nadie le preocupa".
Otros personajes también están atravesados por la mirada de Andrada. "La mirada sobre su hija es la de un padre. Sabemos muy poco de Florencia de la misma manera que los padres sabemos muy poco de nuestros hijos. Me encantaría saber más. Tengo ganas de retomarla en alguna otra novela", desliza Olguín, a punto de emprender una gira por España y México para presentar el libro.
"Gran parte de la paranoia del empresario pasa por pensar que su hija es mal vista, por los cartoneros, porque tiene malas amistades o porque habla con la prostituta que vive en el edificio. Y en relación a su mujer, no quería que fuera gris, ni mala, al contrario, que fuera como suelen ser las esposas. Ella lo podría haber salvado. Pero él no quiere", explica el escritor.
Olguín resalta que: "Busqué no establecer ningún juicio moral alrededor de la historia. No hacer algo políticamente correcto. Me parece que cuando uno trata de hacer una literatura que vaya más allá de lo panfletario, del mensaje, se entra en un terreno amoral, el juicio moral tiene que estar suspendido".
Para el escritor, "en la calle -el lugar en el que se cruzan estos personajes- las cosas se mezclan y todos están en igualdad de condiciones. Siempre me resultó atractivo ese territorio en el que transcurre la acción, la aventura, lo impredecible, lo que uno no puede controlar y eso me parece muy novelesco". (Télam).-
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