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domingo | 07.03.2010 Actualizado: 04:34
Inoperancia estatal frente a las múltiples fuentes de contaminación en la zona
A los ya numerosos y muy graves problemas de contaminación ambiental que padece nuestra zona, algunos de ellos ya casi endémicos puesto que hace décadas que no se hace nada para morigerar su incidencia, se suma ahora el que se presenta en gran parte de la periferia, ante la virtual imposibilidad de las empresas de camiones atmosféricos de desagotar sus cargas, que extraen de los pozos ciegos de las miles de viviendas instaladas en donde no existe la red cloacal.
Como se sabe, por disposición de Absa se impide a las empresas continuar con las descargas en el lugar que se encontraba asignado, ubicado sobre ruta 36 y avenida 520. Está claro que esa medida, más allá de sus fundamentos, conlleva la derivación de que los pozos ciegos de las casas no pueden ser descargados, de modo que en la práctica se ha trasladado una cuestión, que es de salud pública, a cada uno de los moradores de esas viviendas, que no saben cómo resolverlo ni tampoco encuentran otras alternativas.
Desde la Agencia Ambiental de la comuna local se consignó que, si bien el municipio no tiene incumbencia para actuar ya que la jurisdicción es provincial, se le está proponiendo a los vecinos que reemplacen los pozos ciegos por los llamados lechos de infiltración, un sistema que filtra las aguas servidas con distintas capas de tierra, arcilla, plantas y microorganismos. Sin embargo, los entendidos advierten que este método es técnicamente plausible en superficies amplias, pero no aconsejable para ser tendido en lotes de pequeñas dimensiones.
Lo concreto es que, mientras no se concrete la prometida apertura de una planta de tratamiento en Berisso, el problema seguirá irresuelto. Lo cual no resultará novedoso en un contexto ambiental caracterizado por la manifiesta inoperancia del Estado para defender la calidad de los principales recursos naturales de la región.
Altos niveles de contaminación aérea -sea por emisiones del polo industrial o por la descontrolada emisión de gases tóxicos por parte del parque automotor-; arroyos convertidos en cursos de agua fétida, desnaturalizados por toda clase de contaminantes orgánicos e inorgánicos; proliferación de canteras convertidas en inmensos basurales; canales sometidos a permanentes y clandestinos derrames de petróleo; poblaciones en riesgo ante la presencia de nubes de moscas generadas en establecimientos avícolas que utilizan técnicas de producción perimidas, entre otros muchos ejemplos que podrían darse, exponen con crudeza el pésimo nivel ecológico de nuestra zona.
Nuestra ciudad y el distrito nacieron como exponentes vanguardistas de concepciones que introducían la sanidad y la higiene, como valores básicos en la vida social. La Plata fue admirada en el mundo por la inicial extensión de sus redes de servicios y por la disposición de un arbolado público que, también, buscaba exaltar la preservación del medio ambiente.
De allí, también, debiera venir la necesidad de que las autoridades cobren conciencia de todo lo que puede perderse, si no se impulsan cuanto antes políticas y acciones concretas, que hoy siguen brillando por su ausencia.
Basta con salir a la calle y respirar el humo negro de tantos vehículos, el mal olor que despiden no pocas industrias o las pestilencias que emanan de no pocos cursos de agua, para tener la prueba de lo que aún falta por hacer. Afortunadamente, la población es la que está reclamando en forma insistente que el Estado aborde estos problemas, íntimamente relacionados a la salud y a la calidad de vida, cuyos niveles no son hoy, ni remotamente, los deseables.
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