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 domingo | 14.03.2010  
Salud enferma, políticos sanos
El sistema de salud pública de la provincia es paupérrimo y deficitario, con un único responsable: la clase política y dirigencia

Mucho se podría decir sobre las múltiples causas que ocacionan una crisis en la salud pública, pero todas tienen un origen en común, obedecen a la incapacidad y desinterés de la clase política y dirigencial. En la agenda de cualquier político el tema salud no ocupa un lugar prioritario, a pesar de ser una necesidad básica, ni siquiera en épocas proselitistas.
Recoconozco en los políticos una gran capacidad política, es decir, la cualidad de llegar y permanecer en lugares de privilegio; pero también reconozco en ellos una enorme incapacidad para gestionar. Esto último se debe a que para gestionar hacen falta capacitación, formación y conocimiento en áreas determinadas, además de vocación de servicio, y de todo esto es de lo que carecen la mayoría de los políticos y dirigentes. Es decir, ocupan cargos para los que no están calificados y la consecuencia inevitable es la mala gestión.
Los hechos denunciados en el hospital "Dr. Alejandro Korn" de Melchor Romero, y que se repiten en la mayoría de los hospitales públicos, es una muestra dolorosa y acabada de la falta de gestión por incapacidad y desinterés. Los responsables del área, o sea, gobernador, ministro de salud, secretarios y subsecretarios de salud, director provincial de hospitales, directores de hospitales, etc.; encargados de implementar y llevar a cabo políticas de salud, penosamente tienen otras prioridades.
Ya han logrado su principal cometido: obtener el cargo. El segundo objetivo es permanecer en el cargo el mayor tiempo posible, y en caso de no ser factible, mudarse a otra área sin importar cual, la meta sigue siendo permanecer. El tercer objetivo es no "incomodar" al superior con peticiones que puedan molestar a quien dispuso de su cargo, y correr el riesgo de ser removido. Logrados estos tres objetivos, el político se suele sentir satisfecho, ya que ha alcanzado un lugar de privilegio que le otorga a él y a su círculo, enormes ventajas (fundamentalmente económicas).
Con respecto a la gestión, hay que comprender que el político está muy ocupado y preocupado por obtener los tres objetivos antes mencionados, lo cual le resta tiempo para la gestión. Para colmo de males, si ocacionalmente intenta gestionar, choca contra ese requisito indispensable que es el conocimiento de la materia en cuestión, y el cual generalmente no posee. A partir de aquí puede transitar dos caminos: hace caso omiso de sus limitaciones o las reconoce, lamentablemente el resultado de ambos suele ser el mismo. Para el primer camino hace uso de su necedad y el resultado es fácil de predecir, se equivoca. El grado de equivocación mayor o menor, será siempre padecido por la población. Para el segundo camino, recurre a "asesores" que en realidad son personas que llegan a ocupar tal cargo, como él llegó a ocupar el cargo que ostenta, es decir, personas con capacidad política e incapacidad de gestión. El resultado de la asesoría es más de lo mismo, políticas equivocadas. Infrecuentemente puede existir algún asesor con conocimiento en la materia y, si logra sortear la incomprensión de los demás, podría obtenerse algún resultado positivo, pero lamentablemente esto es un hecho excepcional.
Llegado a este punto y para concluir, queda expresamente claro que urge la necesidad indispensable e impostergable, de elevar la calidad de políticos, dirigentes y funcionarios de turno; sólo por esa vía se podrá comenzar a mejorar las prestaciones en materia de salud pública.



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